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Monseñor Cristían Precht. "Tenemos que chasconear a la Iglesia"

Artículo correspondiente al número 256 (10 al 23 de julio de 2009)




-Pareciera también que hay muy poca gente joven ingresando al sacerdocio.

-Depende dónde. Hay países como México, como Colombia, incluso Bolivia, que siempre han sido de muchas vocaciones. Chile nunca ha sido de tantas vocaciones. Pero evidentemente que nos preocupa, porque la propuesta de una vida sacerdotal es lo más interesante y atrayente que hay. Entonces, uno se pregunta qué pasa con nuestra manera de vivir de cura que no atrae a los jóvenes. Por otra parte, vivimos en un mundo que se han abierto tantas posibilidades de vivir… Cuando uno piensa que en Chile las primeras escuelas de sicología, sociología, son del año 57, 58... Hace cincuenta años mucha gente entraba al sacerdocio pensando hacer un servicio social en primer lugar, obviamente movido por la fe. Hoy te das cuenta que también puedes hacer eso de otras muchas maneras que antes no había.


-¿Habría que reformular el celibato sacerdotal?

-El celibato no es parte de la esencia de ser cura. En Occidente ser cura es ser célibe, pero en la Iglesia Católica oriental no necesariamente. Creo que sería muy bueno que hubiera clero célibe y clero casado. En Chile tenemos el diaconado permanente, que son hombres ordenados para el diaconado una vez casados. Hay 300 en Santiago. Muestran con claridad que puedes tener una vida muy verdadera y entregada al Señor, casado y con hijos. No le veo problemas a la revisión del celibato.

 

 


Una meta: superar las barreras sociales

 

-¿La idea es chasconear la Iglesia?

-Sí, claro, es una expresión que usamos, tenemos que chasconear la Iglesia. Tenemos una Iglesia en Chile que ha caminado muy bien en al área social, en el área de la educación, en el área territorial, pero con falencias. De repente, como que cada uno anda por su camino y por su riel. Entonces, es bueno que nos reencontremos y si hemos caminado siempre por líneas continuas, hagamos líneas discontinuas. Parte de nuestra tarea hoy es hacer muchos más encuentros entre comunidades de distintos sectores, sobre todo en una ciudad tan segmentada como esta. Aquí uno puede decir con un lápiz dónde vivimos los ricos, dónde vivimos los pobres. Esos límites imaginarios o reales tenemos que sobrepasarlos. Hoy, con las carreteras, una persona que vive en La Dehesa puede llegar al aeropuerto en 25 minutos y no ver a ningún pobre en el camino. ¿Dónde nos encontramos, dónde aprendemos uno del otro? ¿Dónde nos desprejuiciamos?


-Usted fue vicario en La Legua, ¿cuán fuerte es la discriminación hacia esos sectores?

-Por las noticias, parece que en La Legua todos fueran asaltantes y no es verdad... Yo conozco La Legua, y hay una capacidad enorme y creativa. Del mismo modo pareciera que en La Dehesa sólo viven momios explotadores, y no es verdad. Vive gente. Es muy importante encontrarnos.


-¿La idea es también abrirse a ciertos aspectos muy debatidos en la sociedad, como la píldora del día después o las uniones homosexuales?

-Esos temas algunos los llaman valóricos, pero a mí no me gusta que los llamen así, porque valórico también es la justicia social, decir la verdad, y también es la vida. En todos esos temas la Iglesia tiene una doctrina clara, no solamente por doctrina sino que por análisis racional. En esos temas la gente sabe lo que pensamos como Iglesia y lo importante es abrir mesas para debatir. Lo que en general no nos gusta es cuando estos temas acaparan la opinión pública sin una reflexión profunda, porque en ellos está en juego la vida, que es sagrada; está en juego el concepto de familia, que es fundamental. Y entonces, de repente, se producen corrientes de opinión pública en un sentido u otro, que son más bien superficiales o llevadas por situaciones límites, y eso es lo que empieza a mandar las comunicaciones y se pasa por encima de valores muy serios. Entonces, pensamos que bueno, discutamos, pero discutamos de verdad. Sentémonos, démonos tiempo, el mundo no se va a acabar si se aprueba hoy día o en un mes más la píldora. Pero se está aprobando cuando hay razones muy serias para sostener que son abortivas. Queremos hacerlo desde nuestra posición, con sencillez, con claridad. No quiero imponerle a nadie lo que yo pienso al respecto, pero sí proponerlo para que el otro pueda considerar y yo me dejaré interpelar por los demás. Eso nos cuesta a los chilenos, somos muy encantadores hasta que discutimos, y ahí nos descalificamos… nos salen la sangre española y la sangre indígena, nos ponemos muy cabeza dura, con todo respeto.


-¿En el debate político los temas se tratan con liviandad? Se ha criticado la falta de altura en la discusión entre los candidatos.

-En este momento falta altura. Lo que más deseamos es poder conocer los proyectos, y los proyectos son una totalidad. En estos momentos se está dando muy parcelada la discusión, según qué es lo que está en el termómetro de la opinión pública: a veces lo pone algún hecho que sucede, a veces los periodistas. Falta un diálogo más profundo, hoy están en la etapa de querer conquistar lugares, posiciones. Hace poco hubo un diálogo interesante sobre seguridad ciudadana. Fue una exposición de uno a uno, faltaron la discusión, la conversación.


-¿Es un momento difícil para la Iglesia? ¿Es difícil ser católico estos días?

-Es lo más entretenido que hay. Mientras más grande el desafío, más entretenido. Por eso este período nuevo los obispos lo bautizaron como Misión Continental. Estamos en eso desde México al Cabo de Hornos, tratando de buscar un camino actual de cómo encontrar a Jesucristo, la fe. Encontrarla con alegría y gozo de ser cristiano. Cada época ha tenido sus grandezas y dificultades. En los años del régimen militar en Chile tuvimos que desplegar una presencia muy grande para la defensa y promoción de los DDHH y de la solidaridad; hubo mucha gente que no lo entendió, que nos catalogó de curas rojos. Hoy es otro mundo, otro problema.


-La Iglesia ha tenido golpes importantes a su prestigio; por ejemplo, en Estados Unidos con los escándalos de abusos a niños por parte de sacerdotes.

-Más que la Iglesia ha sido el clero, porque la Iglesia somos todos. Ha habido golpes importantes, golpes objetivos y también magnificación de algunas cosas malas. Las cosas malas hay que reconocerlas y decir que son malas. Cuando no se hace, se pierde credibilidad. Sin esquivar el bulto a estos temas que son delicados, complejos y que duelen, también hay que decir a la vez que hemos puesto en estos mismos años en el candelero a personajes encantadores y atrayentes como el Padre Hurtado, Teresa de los Andes, Juan Pablo II, que son personajes inmensos. En la Iglesia Santa conviven lo bueno y lo malo. Es un tiempo desafiante, de gracia, de regalo de Dios, precisamente porque hay tanta inquietud, hay tantas preguntas. Puede que no le agrade a uno en algún momento, pero significa que hay interés. Lo peor es que te dé lo mismo. Y hoy no da lo mismo. Estamos en una sociedad que busca, que quiere respuestas, que nos pone en aprietos a unos y otros.


-En Chile, ha sido fuerte el problema de los Legionarios de Cristo...

-Está el tema del padre Maciel, que obviamente es un hombre que tuvo una vida harto problemática, y por eso el Santo Padre ha nombrado a cinco obispos muy prestigiosos para que hagan una visita canónica, pastoral, a los Legionarios del mundo y puedan investigar de verdad qué ha pasado allí. Porque junto con el mal testimonio del padre Maciel también ha habido una obra muy meritoria, de educación, de colegios... entonces, hay que hacer este discernimiento para ver en qué manera ha influido la persona del padre Maciel en toda esta parte negativa y cómo se puede proyectar de ahora para adelante la comunidad de Legionarios. Ellos están remecidos, y es lógico, y por eso estos visitadores de cinco países hablarán con cada uno de ellos, visitarán el movimiento, los seminarios, los colegios, para poder rescatar todo lo positivo que haya y corregir lo que haya que corregir.


-Se suele decir que Chile siempre ha sido un país muy católico. ¿Qué tan cierta es esa imagen?

-Ha habido momentos complejos en la historia. Por ejemplo cuando la masonería entró muy fuerte, fue muy anticlerical, con todo el culto de la razón, y desde hace algunos años el mundo evangélico pentecostal ha tomado mucha posición. Y es otro dato cierto. Pero creo que tenemos una Iglesia más consistente que hace 50 ó 60 años, porque hay más gente que participa activamente. Se habla de los que se van, de los que están descontentos, pero no se mira este núcleo duro, potente, que participa activamente en las parroquias, en los movimientos, que es algo muy nuevo, en eso hay una calidad de catolicismo mayor. En el mundo evangélico, y lo digo con mucho respeto, crecieron mucho en un momento, pero llegaron a una meseta en que están los hijos y nietos de los primeros evangélicos, y no siempre tienen la misma adhesión que el padre o la abuela.

 

 



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