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Reportajes y Entrevistas
Monseñor Cristían Precht. "Tenemos que chasconear a la Iglesia"

Artículo correspondiente al número 256 (10 al 23 de julio de 2009)

 

Monseñor Cristian Precht –coordinador de la Misión Continental en Chile- repasa los desafíos que la Iglesia Católica debe asumir para ponerse a tono con los tiempos. Y sostiene que la base es el dialogo y no la imposición de códigos. “¿Que pasa con el corazón de un chiquillo que es gótico o pelolais, que usa Twitter?”, se pregunta. Por Marcelo Soto; Fotos, Verónica Ortiz.


Antes de empezar la entrevista, monseñor Cristián Precht –68 años, 41 de ellos como sacerdote– saca un iPhone de última generación de su bolsillo y lo apaga. Estamos en una vieja casona del barrio poniente de Santiago, y el contraste entre la austeridad del lugar y el moderno aparato es evidente.

Precht, relajado y cercano, dando muestras de buen humor hasta cuando tocas temas espinudos, ejemplifica el nuevo modo de la Iglesia Católica de conectarse con los tiempos. Y para demostrar lo tan al tanto que está de las recientes tribus urbanas, bromea: “los góticos usan vestimentas que uno podría pensar que son curas. A veces me he confundido”.

Vicario general de Pastoral de Santiago, Precht piensa que la globalización genera un desafío para el clero. “Nos damos cuenta de que somos interlocutores, no personas que llegan a imponer algo. Necesitamos preguntar, conversar con el otro. ¿Qué pasa con el corazón de un chiquillo que es gótico o pelolais, que usa Twitter? Hoy, si no estás en Skype parece que no estuvieras. Ese es el mundo real. La próxima generación va a tener el dedo gordo más largo, porque viven con maquinitas chateando con los dedos. La Iglesia no puede pretender anunciar a Jesús y al Evangelio si no utiliza todo este mundo digital, que es fantástico. Como toda cosa, también tendrá aspectos buenos y malos, todo es así. Pero lo nuestro está en aprovechar estas capacidades enormes de comunicación”.

 


-¿El clero está usando Facebook?

-Sí, por supuesto.


-¿Usted lo usa?

-En este momento me paré por un tiempo porque tenía demasiadas visitas y me quitaba mucho tiempo en el día. Y skypeo con amigos en Europa, es más barato. Es una maravilla poder hacerlo. No he entrado a Twitter, pero lo voy a explorar de todos modos.


-Parece que es una persona bastante tecnológica, con iPhone en mano.

-No le voy a hacer propaganda, pero soy de Apple total. Esa marca es como una religión (se ríe), los usuarios tienen la idea de que esto es lo mejor que hay.

 

 


Un diagnóstico: oportunidad en la crisis

 

En tiempos marcados por el materialismo, el declive en el número de sacerdotes, los escándalos de abusos a menores que han afectados a algunos y cuando las encuestas dicen que en varios temas la población toma distancia de las posturas eclesiásticas, pareciera que ser católico se hace más difícil. Pero para Precht esto aumenta el desafío. Y por eso se entusiasma cuando habla de la Misión Continental, la nueva estrategia de la Iglesia Católica para conectarse con los tiempos, de la que es coordinador en Chile y que plantea la necesidad de estar en “misión permanente”, saliendo al encuentro de la sociedad y no encerrándose en sí misma.
“Cada diez años ha habido encuentros que han marcado la pastoral de la Iglesia”, explica. “El Concilio Vaticano II, después Medellín, después Puebla, Santo Domingo, etc. Hace dos años fue en Aparecida, en Brasil, donde se juntaron representantes de todos los obispados, con participación de laicos, sacerdotes, religiosos. Y juntos trabajaron todo el tiempo, pero no hubo ningún documento tapado; porque lo que hicieron en 21 días fue escribir un documento muy interesante, el documento de Aparecida”.



-Este documento nace de un diagnóstico en el que la Iglesia parece estar quedando atrás respecto de la sociedad civil en muchos temas...

-Hoy el diagnóstico obvio es que estamos en un cambio de época muy potente, un cambio cultural de proporciones, lo vemos todos los días. Nuestra manera de hacer iglesia de repente no responde a los requerimientos de la gente. El dato es que en los últimos años se han producido un éxodo de la Iglesia, un enfriamiento o lejanía, y varias cosas más. Ante eso, lo peor que podemos hacer es replegarnos. Tenemos que enfrentar los problemas entregando propuestas y, para eso, debemos usar simplemente el método que usa Jesús, quien siempre pregunta, en todos los Evangelios. Y cuando la gente le dice lo que busca, lo que desea, responde no con una definición ni un código moral, sino con una experiencia vital, personal.


-¿La idea es recuperar el contacto con la gente?

-Sentimos que la Iglesia –todos los católicos, no sólo los curas– tiene que volver a esta simplicidad de ser muy humildes para preguntar, y no dar por entendido que sabemos lo que la gente piensa y quiere. Y en eso hay una autocrítica fuerte. Cuando la sociedad era más cristiana en general, era más fácil saber lo que la gente buscaba, quería y pedía. Hoy tenemos una sociedad fragmentada. Hace 30 años uno podía hablar de los jóvenes y las jóvenes. Hoy hay que hablar de los góticos, los pelolais... tenemos muchos fragmentos, y una buena pastoral tiene que dialogar con esos fragmentos. Hay que partir por constatar que tenemos pensamientos distintos sobre ser familia, tenemos realidades familiares diferentes. Nos interesa responder a la diversidad. Ese es el fundamento.


-En 1991 se habló de la crisis moral, con una visión más negativa, más pesimista, más de combate. ¿Hay un cambio respecto a esa estrategia?

-Hace unos 20 años, hubo textos en esa línea precisamente, porque el cambio cultural se manifestaba en temas éticos. Creo que hoy la Iglesia, los pastores, buscamos ser más propositivos y fijarnos antes que nada en la experiencia cristiana. Se trata de reencontrarnos profundamente con el Señor y de ahí vendrán, por supuesto, normas, pero por razones de amor y no de un código. Eso responde a que hoy para la gente, especialmente los jóvenes, se rescata mucho la experiencia. El criterio de verdad para muchos es la experiencia. Nosotros también tenemos una experiencia fundacional que es el encuentro con el Señor Jesús y eso queremos demostrarlo de manera positiva.


-¿La idea de denunciar y atacar la crisis moral fue equivocada?

-No, fue lo que se dio en el momento, tuvo que ver en Chile con el momento en que cambiamos el régimen militar por la democracia. Se empezaron a conversar otros temas, salieron otros modelos de vida, fue como muy repentino. Hoy no es que esos temas no estén, pero también nos damos cuenta de que si nosotros hablamos más bien de la ética y la moral, sin el sustrato de la experiencia cristiana, termina siendo una ley que no te interpela. Una manera de vivir se explica por un amor fundamental. Si tú no tienes ese amor fundamental, entonces, ¿en qué se sujetan tus normas, tus leyes? Son lo más débiles que hay.


-Usted menciona la palabra diversidad. ¿Diversidad de familia, de pareja?

-La diversidad de la sociedad que tenemos hoy día, en primer lugar. Yo creo que la diversidad más potente se da en el fútbol (se ríe). Hoy día, con en el acceso que tenemos al mundo, encontramos diversidad de maneras de pensar muy fuerte, tenemos diversidad de presencia religiosa. Hace 40 años, uno no habría soñado con tener una mezquita en Chile-España. Tenemos diversas formas religiosas, tenemos presencia del budismo, que no es una religión, sino que es otra manera de vivir. Y eso está metido en la sociedad. No son, con todo respeto, curiosidades que uno mire a través de la pantalla, son presencias reales. Después tenemos el hecho evidente de que hay diversas situaciones familiares; hoy día el concepto de separación es bastante más común. Hay, desgraciadamente, familias monoparentales, y digo desgraciadamente porque, normalmente, son mujeres que quedan con una carga familiar muy fuerte. Son situaciones existentes, a cada uno de ellos nosotros podemos y debemos acogerlos, caminar con ellos y ofrecerles esta experiencia del Señor Jesús, que en su vida también se encuentra con la samaritana, que era una mujer que tenía como cinco maridos; se encuentra con Zaqueo, que era un cobrador de impuestos y bien estafador el gordito, que se convierte y vive y descubre que es un personaje muy generoso.

 



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