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Artículo correspondiente al número 269 (29 de enero al 25 de febrero)
Estuvimos en Curicó, donde hace un par de semanas aterrizo el hijo del mítico bodeguero español para hacerse cargo de la filial chilena. su misión es incrementar las exportaciones y lanzar al mercado nuevos productos, entre los que destaca un vino de Empedrado, una zona del Maule que describe como “uno de los viñedos mas caros de Chile”. Por Cristian Rivas y Marcelo Soto. Fotos, Gabriel Perez.
Corre la década de los 80 y un pequeño camina de mala gana entre los viñedos próximos a su casa en Penedés, Cataluña. Su padre, el cotizado viñatero español Miguel Torres, le había prometido ir de excursión al campo junto a sus hermanas mayores, Ana y Mireya, pero el paseo se había transformado en lo de siempre: la visita a alguna de sus viñas en la zona, donde aprovecharía para contar otra particularidad del arte de hacer vino.
Recordando esa escena, que se repitió muchas veces a lo largo de su infancia, Miguel Torres Maczassek (35) reconoce que la mayor parte de esas visitas le parecían aburridas y hubiera preferido hacer algo más entretenido, como ir de pesca. Pero eso casi nunca ocurrió.
Con el paso del tiempo, eso sí, su memoria ha ido añadiendo matices positivos a aquellos recuerdos. Ahora reconoce que lo aprendido a regañadientes en los años de infancia ha sido de vital importancia para su historia profesional. Sobre todo a partir de esta década, cuando pasó a formar parte de la viña familiar en España, donde estuvo a cargo del área de marketing y detrás de varias decisiones que llevaron a la firma a expandirse fuera de Cataluña. Es así como en los últimos 4 años han invertido en algunas de las zonas más reputadas de la península, como La Rioja, Ribera del Duero y Toro, alcanzando las cuatro millones de cajas de producción anuales.
Miguel Torres III
–como lo bautizamos por ser el tercero en heredar el nombre– forma parte de la quinta generación familiar desde que fuera creada formalmente la empresa en 1870, cuando ya arrastraba una historia de tradiciones vitivinícolas de varios siglos. Entre los siete primos que lo acompañan en esta generación, es uno de los que más se han sumergido en el rubro, junto a su hermana Mireya, que es actualmente la enóloga jefe del grupo.
“Hace quince días he llegado de Europa y puedo decir que tengo la percepción de que aquí no apreciamos todo lo que tenemos, porque veo que en Chile los vinos son de muy alta calidad”, dice, evidenciando la fe que tiene en el producto local. “Aparte de eso, los costos no son demasiado altos y, como la economía es liberal, no hay que pagar derechos de plantación. Uno puede manejarse bastante bien para adaptarse a la demanda. En Europa es mucho más complicado, porque el sector está muy regulado”.
La empresa Miguel Torres factura en España más de 150 millones de euros, mientras en Chile llega a casi 11 millones. Nada mal para una viña que fue la primera empresa extranjera en invertir en el país, en 1979, llegando a revolucionar la industria local al producir los primeros vinos nacionales de corte moderno, en cubas de acero inoxidable.
A fines de diciembre pasado, Miguel pasó a ser presidente ejecutivo de la firma chilena –cargo que hasta ahora no existía–, instalándose directamente en Curicó junto a su esposa, la periodista estadounidense Sarah Andrews, y su pequeña hija. Es la primera vez que un miembro de la familia se queda a vivir en el país desde la instalación de la viña, hace 30 años. Y una señal de la apuesta que el conglomerado está haciendo con la bodega de la séptima región.
De piedras e injertos
En un ameno almuerzo en el restaurante de la viña curicana, Miguel Torres Maczassek contó a Capital un poco más de este nuevo desafío y parte de la historia que, a ojos de muchos, lo catapulta como heredero natural del negocio familiar. Con un hablar pausado e ideas claras –que incluso lo hacen parecer un poco mayor– nos dice que tiene metas ambiciosas, sobre todo en eso de ampliar la producción y, en específico las exportaciones. Para este año, por ejemplo, aspira a llevar las ventas a unas 350 mil cajas, desde las poco más de 295 mil que comercializaron en 2009, gracias al aumento esperado en los envíos al exterior, donde ya debiera reflejarse una recuperación de los mercados tras la crisis.
“
Ha habido mucha competencia, y además se ha juntado toda esta recesión a nivel internacional, que ha hecho bajar las ventas en los mercados de exportación. En Europa eso se ha sufrido mucho, pero creo que el bajón está empezando a pasar y la situación puede mejorar en 2010”, subraya.
Una idea fuerza también en sus planes es complementar este crecimiento con la puesta en marcha de nuevas producciones, enfocadas principalmente al segmento de vinos premium. Algo muy parecido a lo que ya hicieron en España, al ampliar el territorio en el que habían estado presentes durante siglos.
La apuesta en este caso viene de la mano de vinos que saldrían de la zona de Empedrado y Huerta de Maule, ambos en la Séptima Región. Es en esa zona donde la firma ya es dueña de 889 hectáreas, de las cuales sólo un tercio está plantada actualmente, por lo cual tienen bastante espacio para crecer en el mediano plazo.
Empedrado es de donde podrían venir las mayores sorpresas. En este proyecto –cercano a Constitución, en una zona con muchas piedras laja muy parecidas a las que se encuentran en Priorato, una de los sectores más cotizados de España– ya han invertido varios años en la exploración de calidades, aunque aún no han dado con el producto final que desean; principalmente, por la juventud de las viñas. La aspiración de Torres es lanzar algún vino en un plazo máximo de tres años: “creo que Empedrado deber ser uno de los viñedos, como propiedad, más caros de Chile, porque producir uvas allí es muy costoso. Es muy difícil, todo es manual y hay un tremendo esfuerzo de personas subiendo y bajando montañas. Es algo realmente exclusivo. La clave entonces es enfocar este proyecto hacia un producto de calidad, que sea para consumidores que estén dispuestos a pagar un mayor valor por un vino que será único”, sostiene.
En Huerta Maule lo que están haciendo es injertar carménère en viejas parras de país (la primera variedad traída a Chile por los españoles), con lo que pretenden incrementar el portafolio de marcas ya existentes. Sobre espumantes, aparte de su afamado Brut, elaborado con pinot noir de Curicó, han hecho algunos experimentos a partir también de la variedad país, pero todavía se están analizando. Asimismo, otro de sus desafíos es elevar las importaciones de marcas de licores que la empresa distribuye, como el vodka polaco Graduate o el tequila Sierra (ver recuadro).