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Artículo correspondiente al número 260 (4 al 16 de septiembre de 2009)
Los avances, claves y desafíos pendientes para convertir a Chile en un centro financiero internacional formaron parte de los temas abordados en el II Foro Capital-BCI del año. ¿Conclusiones? Falta bastante camino por recorrer, pero el país mantiene incólumes sus ventajas para avanzar en la materia. Por Cristian Rivas N.
Chile, país de servicios. Chile, país plataforma. Chile, centro de negocios financieros... Los eslóganes sobran, lo que falta son hechos concretos. Recién comenzaba la década del 90 cuando el entonces alcalde de Santiago, Jaime Ravinet, lanzaba la propuesta de convertir a la capital en un centro financiero internacional, de la mano de los dirigentes de la Bolsa de Comercio y de la Asociación de Bancos, Pablo Yrarrázabal y Hernán Somerville, respectivamente.
![]() Guillermo Larraín |
![]() Leonidas Montes
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El rayado de cancha
Por esa vía avanza el superintendente de Valores y Seguros, Guillermo Larraín, quien asegura que el punto inicial en el que está hoy el país para enfrentar el desafío de ser un referente financiero es mucho mejor respecto al que había hace una década. Dice que Chile ha mostrado avances, con un ministerio de Hacienda convencido de caminar en esa dirección. Desde luego, advierte que en este objetivo no corremos solos, ya que otros países de la región, como Perú, Colombia o México, han seguido la misma senda... y de ahí la importancia de acelerar el paso.
Como la base de un buen centro financiero es un mercado bursátil vigoroso, innovador y flexible, Larraín explica que la meta que se ha autoimpuesto el organismo regulador abarca cinco áreas de trabajo para avanzar en mejorar la plaza.
Lo primero ha sido fortalecer la seguridad del sistema: más allá de la confianza que existe entre clientes y corredoras, es útil la instauración de herramientas como la protección de custodias, cuestión que se aceleró a partir de los últimos casos de irregularidades conocidas al interior del mercado bursátil.
También habla de propiciar la desmutualización de las bolsas o de buscar un sistema alternativo que, básicamente, sería una estructura que permita que los corredores de una determinada bolsa no tengan relación necesariamente con el patrimonio de esa entidad. Otro elemento importante que menciona es la mejora de sus gobiernos corporativos, con el fin de que se profesionalicen sus funciones, como asimismo profundizar la autorregulación, entregando más potestad en las decisiones.
Como último elemento, figura la necesidad de conectar las tres bolsas que operan en Chile –Santiago, Valparaíso y Electrónica– e incluso se refiere a la opción de unificarlas, como ha sido la tendencia en otros países. En esa línea, otros expertos, como el ex superintendente Alejandro Ferreiro, han sostenido argumentos incluso más críticos en el último tiempo, como que la existencia de tres bolsas para un mercado como el chileno no ayuda a imponer exigencias más altas.
El decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez y miembro del Comité de Autorregulación de la Bolsa, Leonidas Montes, anota que un avance reciente en esa línea es la creación del nuevo sistema de liquidación y compensación de instrumentos financieros, cuya ley ya fue aprobada y está en etapa de reglamentación en la SVS.
Este sistema, muy necesario para adecuarse a los estándares de seguridad propios de mercados avanzados, supone la existencia de una entidad central que procesa las operaciones y asume el riesgo de contraparte en las operaciones bursátiles. Por eso, quien compre o venda tendrá la certeza de recibir los instrumentos o el precio, aun cuando la contraparte efectiva incumpla su obligación.
Siempre teniendo a la vista que una sobrerregulación puede restar dinamismo al mercado, Montes entiende que avances como el sistema de liquidación apoyan el atractivo financiero que hoy tiene el país: “nos damos cuenta de que muchos son cambios lentos, graduales si se quiere, pero vamos avanzando en la dirección correcta”.
Cambios en el club
Pero no sólo se requieren cambios normativos o estructurales. Detrás subyacen también otros, más relacionados con aspectos sociológicos. Larraín los describe con una situación que enfrentó en el Chile Day, el evento organizado hace pocas semanas en Nueva York.
Cuenta que tras hablar sobre las herramientas que se están promoviendo en Chile para defender los intereses de los accionistas minoritarios, vino la inquietud de un inversionista norteamericano, que preguntó: “visto desde el extranjero, Chile parece un club. ¿Qué hacen ustedes para defender a los que no somos miembros de ese club?”
Esta, a juicio de Larraín, es una de las áreas que presupone un trabajo firme e intenso y donde no hay políticas públicas que puedan corregir el problema. “Podemos hacer campañas de imagen país, podemos corregir distorsiones tributarias o normativas, pero hay cosas que son más sociológicas y creo, honestamente, que debemos preguntarnos qué tipo de barreras sociales tenemos hoy día que impiden que una persona que viene de fuera se sienta que es parte de esto”. Buena interrogante.