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Artículo correspondiente al número 205 (01 al 14 de jun 2007)
Partieron justo el año en que se pinchó la burbuja de Internet. Pero no les importó y sacaron adelante Iconstruye, un portal de compras por el que pasa, cada año, el 25% de todas las transacciones en el sector de la construcción. Ahora se preparan para replicar el modelo en Colombia y, por qué no, llegar en el futuro a más países en la región.
Por Soledad Pérez R. Foto, Enrique Stindt.

Nicolás Errázuriz, Juan Eduardo Correa y Germán Bartel engrosan la estadística de los que cayeron de rodillas ante las promesas de la Nueva Economía. Solo que ellos sobrevivieron para contar su historia, una historia tan singular como la empresa que crearon, Iconstruye, un mercado electrónico por el que pasa, no se pierda, el 25% de todas las compras de insumos y servicios de la industria de la construcción, algo así como 1.000 millones de dólares en un año. ¿Qué tal?
Tan bien les ha ido que ahora están planeando su aterrizaje en Colombia, donde están a punto de hacer un copypaste de su experiencia en Chile. No es lo único. Después de casi siete años de emprendimiento tienen como meta diversificar la compañía y triplicar su tamaño en poco más de tres años. Y eso pasa, entre otras cosas, por crecer con un portal de Internet dedicado al mercado inmobiliario, al que se unirán dos proyectos editoriales, un boletín semanal y un catálogo mensual con toda la oferta de proyectos de casas y departamentos en Santiago, todo ello a cargo de Alvaro Cruzat, el ex gerente general de Blanco & Negro.
-No pretendemos ser actores solo del mundo de la construcción. Nuestro negocio ya está consolidado, estamos al alza y queremos ser grandes -dice Errázuriz, gerente general de Iconstruye. Hace diez años, sin embargo, ni soñaban con esto. A lo mucho tenían en mente hacer algo por cuenta propia, aunque no sabían bien qué. Los tres estudiaban ingeniería civil en la Universidad Católica, eran amigos y se llevaban bien. En esos años, además, comenzó a asomarse el boom de Internet y aunque ya se decía que la Nueva Economía cambiaría el mundo, ellos siguieron la ruta tradicional, se titularon y empezaron sus respectivas carreras en el mundo laboral: Correa en el departamento de estudios de Enersis y luego en la gerencia de control de gestión de Quiñenco, Bartel en el Departamento de Investigación y Centro Tecnológico de la UC, y Errázuriz en SQM, como gerente de finanzas de la filial en México.
A su vuelta a Chile, el 99, Errázuriz empezó a armar un negocio de importación por cuenta propia, pero en sus conversaciones con Correa el tema de independizarse juntos aparecía cada vez con más frecuencia. A esas alturas los dos estaban hechizados por la revolución puntocom. “Y cuando hablábamos, con el tema de moda, decíamos hagamos un Patagon… ¡Ibamos a ser Wenceslao Casares!”, cuenta riendo.
Con todo, partieron con la sospecha de que tanta abundancia no podía ser real. “Mirábamos con escepticismo todo este boom tan irracional, de pasadas apoteósicas, salidas a América latina y aperturas a las bolsas. Creíamos en el mundo de la tecnología, pero queríamos inventar una empresa a la que realmente le fuera bien”.
Para entonces el mercado estaba inundado de todo tipo de emprendimientos del mundo virtual. Correa y Errázuriz lo sabían, pero igual se lanzaron. Comenzaron por juntarse todas las noches en las casas y por depositar cada mes, el 30% de su renta en un fondo común. Como muchos otros, salieron al mercado a buscar mecenas. Tocaron la puerta de Juan Claro y del banco estadounidense JPMorgan, con un proyecto para montar en Chile un supermercado virtual. A la familia Eguiguren le propusieron echar a andar un portal de distribución de cosméticos que se llamaría bellas.com y que tendría a la modelo Angélica Castro como figura. Con quien sí resultó fue con Rodrigo Restrepo, socio de Prisa, iniciativa que dio origen a escolar.cl, un sitio donde se podían comprar las listas de útiles de más de 400 colegios dentro de Santiago. Así fueron sumando otras cosas: la página web de Mundo Tour –firma ligada a Luis Hernán Paúl– y algunos trabajos para la galería de arte de Tomás Andreu.
Con un nombre más o menos hecho, los clientes empezaron a llegar. Bellsouth, que en ese tiempo tenía un plan de Internet junto a la Fundación Hacer Familia, fue uno de ellos. Le preocupaba la exposición de los niños a la pornografía o la violencia a través de Internet y por eso les pidió trabajar en una solución confiable. A diferencia de los filtros que ya operaban, que identificaban las páginas peligrosas a través de palabras clave e incluso colores, prefirieron armar un sistema partiendo de la base de lo permitido y no de lo prohibido. “Hicimos una especie de Yahoo!, con cerca de 25 mil sitios”, dice Errázuriz.
Todo habría marchado a las mil maravillas de no ser porque Bellsouth, en Estados Unidos, cambió de foco y salió del negocio de Internet para apostarlo todo en la telefonía móvil. Eso ocurrió apenas un mes después de lanzada la página. Después de eso vinieron un par de acuerdos parecidos aunque no muy buenos con Manquehue Net, y los números nunca dieron. De 20 mil clientes que tenían pronosticados, apenas superaron los 2.000.
Pero ni a Errázuriz ni a Correa se les pasó por la mente abandonar el barco. Y así, en una junta de amigos con Germán Bartel, actual gerente comercial de Iconstruye, nació la idea de emprender en el negocio de la construcción. El proyecto que no fue.