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Artículo correspondiente al número 275 (07 al 21 de mayo de 2010)
Se llama Cristian Warner y, aunque casi nadie lo mencionó, durante la reciente campaña presidencial asumió ni más ni menos que la coordinación general de la candidatura de Marco Enríquez Ominami. Periodista de profesión, sigue los pasos del ex diputado desde hace varios años y continúa ahora en la tarea de formar el nuevo movimiento político. Hombre entusiasmado: “formaremos el partido más grande de Chile”, asegura. Por Patricia Arancibia Clavel; foto, Gabriel Pérez.
Tiene 35 años, es viñamarino y estudió en los Padres Franceses. Su primera decisión política la tomó en 1988, cuando, mientras cursaba primero medio y a semanas del plebiscito, tuvo que optar en qué vereda de la calle Valparaíso se pararía. Eligió la izquierda, no sin costos. La mayoría de sus compañeros de colegio y amigos estaban en la de en frente, pero también implicaba un guiño a su familia: un importante referente político en ella era su tío, Fernando Villagrán, hermano de su madre, quien junto a Felipe Agüero y muchos otros estuvo detenido en el Estadio Nacional cuando vino el golpe. “Sí –me dice– sin duda hubo influencia familiar en mi parada frente a la política... y es que uno tiene que tener un domicilio conocido desde donde mirar el mundo, y ese domicilio fue, en mi caso, el de la izquierda”.
-¿Cuál izquierda?, le pregunto mientras nos tomamos un rico café en el Tavelli de Providencia. El no duda al contestar:
-La izquierda libertaria, aquella que busca un país más justo, más solidario, más inclusivo, pero sobre todo más tolerante, menos centrado en el pasado y más abierto hacia el futuro.
No hay dogmatismo en sus palabras. Cristián Warner es un joven lleno de pasión y entusiasmo que desde hace más de 10 años viene trabajando con Marco Enríquez-Ominami. Fue él quien estuvo detrás de la inmensa tarea de producción que significó levantar las 70.000 firmas que MEO reunió para competir con tres grandes y avezados políticos en la elección presidencial que terminó con el triunfo de Piñera, y hoy es también quien está detrás de la conformación de un nuevo partido político, cuyo nombre, me señala orgulloso, saldrá de la votación libre y democrática que harán quienes se han entusiasmado con esta nueva forma de hacer política.
Warner (casado, un hijo) tomó su segunda decisión importante de vida cuando abandonó su ciudad natal y se vino a estudiar a Santiago. Le costó encontrar su rumbo profesional. Quería estudiar Ingeniería Comercial, pero terminó optando por el periodismo. Entró a la Universidad Andrés Bello, recibiéndose el año 2000. Salió de allí un tanto desilusionado, sin demasiada motivación para trabajar en los medios, por lo que, con 23 años y un sinfín de sueños en su mochila, se atrevió a seguir más al sur, a Pucón donde, con un par de amigos y un poco de capital, llevó a cabo su primer emprendimiento: una sandwichería. Corría el año 98 y, bueno, los astros no lo acompañaron. “Nunca había llovido tanto en Pucón. Todo se fue a la cresta y tuvimos que volvernos a Santiago”.
Pero el bichito de la política –que había estado dormido durante los 90– renació cuando, a través de una amiga, se unió a la campaña a senador de Carlos Ominami. Allí conoció a Marco, con quien hubo feeling inmediato. “El fue una especie de jefe de campaña en esa elección de 2001. Trabajé en su equipo que producía las actividades en toda la circunscripción que era enorme: desde Quilpué a Cabildo, Los Andes, un sinfín de pueblos que yo conocía por ser de la región”.
-Quedaste enganchado ahí, pero, ¿porqué no entraste a militar al Partido Socialista?
-Mira, si bien siempre he creído en la política, nunca entré a un partido porque militar es un acto de fe y fraternidad con un grupo de personas que tienen un objetivo común. No sentí que existía ese espacio o, simplemente no lo vi.
-¿Qué rol jugaste en la campaña de Marco a diputado?
-En ese tiempo yo estaba vinculado a él por el tema de su productora de cine y, por otra parte, trabajaba en mi propia pyme: una empresa de comunicaciones. Pero obviamente participé y le di todo el apoyo que pude.
-¿Cuándo te pusiste, entonces, a trabajar con él en política?
-Fue en abril del año pasado, cuando Marco decidió entrar a la carrera presidencial y necesitó formar equipos. Me planteó si quería sumarme y yo no lo pensé dos veces: “compadre, démosle”, le contesté. Y es que lo vi absolutamente convencido. Me di cuenta de que ahora sí valía la pena jugársela. Arreglé mis asuntos personales y me metí de lleno en la campaña, tomando la coordinación general.
-Era una apuesta riesgosa.
-Sí, pero llena de posibilidades. Si antes yo pensaba que ser de izquierda era –como alguien dijo– cuestionar el dominio de los poderosos, hoy, en un mundo en que tantas certezas se han derrumbado, creo que ser de izquierda signifi ca cuestionarlo todo, incluidas las propias convicciones de ayer, las propias obsesiones, las propias tribalidades. Ese espíritu, abierto, comprometido con el presente y el futuro es lo que me atrajo de Marco y su propuesta de cambio.