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Artículo correspondiente al número 266 (27 de noviembre al 10 de diciembre 2009)
Gerentes de primera línea, empresarios y abogados de estudios top son parte de una emergente elite que de a poco esta ganando espacios en el rubro gastronómico. Quien les metió el bichito y como llegaron a ser parte de este sabroso mundo. Por Paula Vargas y Camila Miranda. Fotos, Verónica Ortiz.
Trabajo noble
Somerville & Compañia (Terra Noble)
Si bien la idea nació de Pamela Somerville y su compañero de estudios Juan Pablo Valdivia, pronto se sumaron a este atractivo emprendimiento su padre y su hermano; ambos, ligados al mundo de los negocios y las finanzas, pero unidos por el seductor mundo gourmet.
Los Somerville sumaron ganas y capital al negocio e incorporaron como socio del hoy reputado restaurante Terra Noble al también empresario, y amigo de toda la vida, Juan Enrique Riveros. Así fue como dieron vida en 2007 a un restaurante de 550 metros cuadrados, con una capacidad de 180 personas y una inmejorable carta de carnes y pescados premium. Se preocuparon hasta del más mínimo detalle. La decoración, los materiales y la forma de cada rincón del lugar hablan por sí mismos: roble, encina y raulí son el complemento ideal a la hora de ofrecer un ambiente más acogedor. A estas alturas no hay connotado personaje público o empresarial, e incluso del mundo del espectáculo, que no haya pasado por sus mesas.
Aunque aún no han definido si habrá o no una pronta expansión, la inquietud y el espíritu emprendedor de los Somerville puede, más temprano que tarde, darnos más de una sorpresa.
Pura innovación
Mario Mazzarelli, gerente general y socio de Moletto (Puerto Fuy)
La cercanía de este ejecutivo con el mundo gastronómico es evidente. Primo hermano de Giancarlo Mazzarelli, uno de los chef más reconocidos y premiados del país, hacía tiempo que quería incursionar en nuevos negocios.
Y como la sangre tira, tras levantar emprendimientos de todo tipo este ejecutivo tradicionalmente ligado al rubro textil (como socio y ahora gerente general de Moletto) y como inversionista en empresas de tecnologías de la información, desde comienzos del año pasado tiene parte de la propiedad del premiado restaurante Puerto Fuy, compartida con Giancarlo y el empresario Patricio Kreutzberger.
“Siempre vi en Giancarlo una inquietud tremenda por el tema de la comida y también por los negocios. Me acuerdo de que a los seis años hacía chocolates y los vendía entre toda la familia. Con el tiempo se fue especializando y pintaba cajitas de bauer en las que metía los chocolates, un boom para el Día de la Secretaria”, revela Mario.
Con esos antecedentes, era evidente que Giancarlo seguiría por ese camino, cosa que hizo tras realizar estudios y luego, un recorrido culinario por Centroamérica, Londres y Lyon. Como Mario ya conocía el tremendo potencial de su primo, no dudó en ofrecerle ayuda en materia financiera. En 2005 se dio esa oportunidad, cuando salieron varios socios de Puerto Fuy; entre ellos, Daniel Avayú, Juan Walker y Cristián Pérez. Ahí entraron Mario y más tarde Kreutzberger, quien también es socio de Giancarlo en la tienda de delicatessen WD.
El chef nos reconoce que fue muy importante el ingreso de su primo a Puerto Fuy, porque le permitió seguir desarrollándose en lo que mejor sabe hacer: innovar. “De ahí en adelante incorporamos una serie de novedades, como cartas de aguas, sal, azúcar, aceites de oliva, destilados para el café y postres. En fin, de todo”, resume.
A estas alturas, los socios de Puerto Fuy están más que contentos con la inversión. Mario, de hecho, está apoyando un nuevo proyecto: la venta de comida gourmet envasada para supermercados y retail. Algo de experiencia tiene el chef en este rubro, ya que provee de este tipo de productos a otros restaurantes y connotados hoteles, los que prefiere mantener en reserva para que “no pierda la magia”.
La próxima etapa es pasar de una venta de 30 mil platos mensuales a más de 100 mil, lo cual conseguirían una vez que firmen contrato con la cadena de supermercados con la que hoy están conversando. En términos de negocio, la idea es que entre el restaurante WD y el negocio de comida envasada dupliquen la venta actual, que es de 3 millones de dólares al año.