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Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas Matetic.“La única forma de salir de la pobreza es emprendimiento" |
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Artículo correspondiente al número 241 (14 al 27 de noviembre de 2008)
“Se puede ayudar asistencialmente a una persona, pero mientras no le des la oportunidad de acceder a un trabajo estable, no la sacas de su condición de pobreza”, dice el presidente de la Unión Social de Empresarios Cristianos. Y ahí es, precisamente, donde se juega el rol social de la actividad emprendedora. Por Patricia Arancibia Clavel; fotos, Enrique Stindt.
Lleno de vitalidad y entusiasmo, Jorge Matetic Riestra recibe a Capital en su casa de infancia, situada en pleno corazón de Providencia, la misma que hace 10 años convirtió en centro de operaciones para sus diversas empresas.
Actual presidente de la Unión Social de Empresarios Cristianos –la USEC, entidad que está cumpliendo 60 años de vida– y galardonado con el Premio Icare al mejor empresario 2008, este ingeniero agrónomo, educado en el Saint George y en la Universidad Católica, está convencido de que la empresa no sólo debe ser económicamente eficaz, sino que socialmente constructiva y, por sobre todo, éticamente correcta. “Además de sus fines propios –nos dice– que incluyen contribuir al desarrollo integral de sus trabajadores y a su sostenibilidad económica, la empresa contemporánea no puede ser ajena a la búsqueda del bien común, que es tarea de todos, en una comunidad de hombres libres como es Chile”. En esa cruzada está en la USEC, junto a un directorio de lujo que incluye a Rolando Medeiros y Erwin Hahn, como vicepresidentes.
-Nada mejor que hablar de ética y desarrollo empresarial a partir de la propia experiencia. En tu caso, ¿a qué atribuyes el éxito en los negocios?
-Fui formado bajo el concepto de la ética del trabajo. Quizás por descender de inmigrantes que no lo estaban pasando bien en Europa –mi abuelo llegó a Punta Arenas cuando Croacia formaba parte del Imperio Austro-Húngaro y mi madre, de Asturias– yo crecí en un ambiente donde se valoraban el esfuerzo y el deseo de emprender. El sólo hecho de subirse a un barco para atravesar el Atlántico y llegar a una tierra desconocida implicaba valor y fuerza, un paso valiente que implicaba jugarse por entero para sobrevivir.
-¿Y a qué se dedicó tu abuelo?
-Mi abuelo fue empresario; mejor dicho, él se hizo empresario. Cuando llegó no tenía más recursos que su habilidad para hacer cosas. Partió con una fábrica de colchones y después se dedicó al comercio, levantando lo que hoy sería una pequeña “multitienda”, con de todo un poco, que llegó a tener importancia en Punta Arenas. ¿Cuál fue su secreto de éxito? Muy simple. Cuando desembarcó en el sur no tenía un peso, pero había recibido una estupenda educación en Europa. Me parece que este es el punto que hace la diferencia. Los inmigrantes venían de una Europa convulsionada por todo tipo de problemas, pero tenían un capital insustituible: la educación.
-Que pudo traspasarla a sus descendientes...
-A mi papá también le fue bien en la vida porque tuvo una muy buena preparación. Se educó en los Salesianos, una congregación orientada a la educación y que hizo una inmensa obra civilizadora no sólo en la zona austral de Chile, sino también en la Patagonia argentina. Fueron ellos los que le transmitieron la ética del trabajo bien hecho, del amor demostrado en el cariño puesto en los detalles, del sentido de servicio que tiene el trabajo cuando se realiza de cara a Dios. Cuando terminó el colegio, se vino a Santiago, a la Universidad Católica, donde se matriculó en lo que hoy es la Facultad de Economía. Ahí conoció a mi mamá. Ella, asturiana, había llegado de cinco años a Chile, educándose en el Liceo Nº 1 de Niñas, que por entonces era uno de los buenos colegios de Santiago. Como simple anécdota te cuento que a mí me bautizó don Carlos Casanueva, que era el rector de la UC y había casado a mis papás.
-¿Católico desde siempre?
-Sí, desde siempre. Yo diría que más por el lado del papá que de la mamá, porque él apreció toda la vida su formación salesiana. Yo fui al Saint George, que también era un colegio marcador que entregaba un temple distinto, traspasándonos una fuerte vocación social y una manera de ver la vida muy práctica y muy ejecutiva.
-Después de recibir el premio al mejor alumno de tu promoción, entraste a la Católica.
-Sí, entré a estudiar Ingeniería. Era la carrera que me habían metido en la cabeza que debía seguir, pero a mí siempre me había gustado el campo. Mi papá tenía uno en la costa y eso me tiraba… El caso es que estuve un par de años en Ingeniería y después decidí incorporarme de frentón a Agronomía.
-Tú estás, entre otras empresas, vinculado a las área vitivinícola y agropecuaria. ¿Qué valor le das a la reforma agraria implementada en los gobiernos de Frei Montalva y Allende?
-La verdad objetiva es que el 11 de septiembre de 1973 en Chile quedaba comida para cinco días. Si a esa política agraria se le puede llamar exitosa, quiere decir que los responsables de ese éxito fueron esos dos gobiernos. Hoy nadie se acuerda, pero la situación era tan grave que no había semillas para sembrar. Chile hubiera tenido que vivir de la caridad ajena de no ser por un cambio político importante. La reforma agraria no es un ejemplo de cómo deben hacerse las cosas, pero bueno, fue un momento distinto, una época distinta…
Espíritu de empresario
-Como presidente de la Unión Social de Empresarios Cristianos, ¿cuál es el espíritu que los debe caracterizar?
-Intentamos orientar y motivar a empresarios y ejecutivos para que, guiados por la doctrina social de la Iglesia, se comprometan a practicar, más que a predicar, que el trabajo es una herramienta para el desarrollo integral del ser humano, compartiendo y entregando lo mejor de cada uno –en capacidad y experiencia– para enriquecer el medio laboral en el que estamos insertos. A pesar de que compartimos muchos valores con personas de otros credos, o incluso agnósticos, y que el hecho de ser cristianos no nos hace ni mejores ni peores que otros, sí pienso que intentamos ser más conscientes y comprometidos con la realidad social, con nuestro entorno.