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Artículo correspondiente al número 220 (28 de dic del 2007 al 24 de ene 2008)




Y no sólo eso. En Chile ya comienzan a generarse redes de trata y tráfico de personas, especialmente en ciudades como Calama, Santiago, Concepción y Puerto Montt, donde una de las manifestaciones es la prostitución.

También se están armando “redes de coyotaje”, como se denomina la contratación de mano de obra de migrantes irregulares. Diego Carrasco explica que hay redes de tráfico especialmente en la zona norte, “hemos denunciado esto y entregado los datos a la relatoría de derechos humanos de los migrantes de Naciones Unidas. Yo lo he podido presenciar en el Terminal de Buses de Arica, donde llegan camionetas y camiones a buscar a inmigrantes, los recogen como si fueran ganado y les quitan los pasaportes o documentos de identidad para que no se fuguen”

La organización que dirige Carrasco ha detectado siete fronteras de riesgo de coyotaje en América latina, donde existe la presencia de estas redes: Estados Unidos- México, Guatemala-México, fronteras de Colombia, fronteras de Ecuador, Paraguay- Bolivia, Bolivia-Argentina, Haití- República Dominicana y la trifrontera Chile-Perú-Bolivia.

Los temidos ghettos y xenofobia Pero no sólo redes de tráfico comienzan a aparecer en el país, también se teme que si no se regulariza la situación de inmigrantes y no se establecen leyes de integración que permitan acceso a la salud, vivienda y educación, se comenzarán a formar verdaderos ghettos, lo cual puede ser caldo de cultivo para la creación de mafias y bandas delictivas.

Para Felipe Harboe, en nuestro país se están comenzando a visualizar ghettos. “En general cuando se unen tres condiciones básicas: coincidencia de nacionalidad, marginalidad e irregularidad, las personas se juntan para solventar sus necesidades básicas. Tenemos casos en Recoleta y Estación Central, donde hay grupos de inmigrantes peruanos que cohabitan en cités, en situaciones muy complejas, por eso hemos iniciado el proceso de regularización para que esas personas salgan de la situación de pobreza y puedan desarrollarse”.

Un dato no menor, en la comuna de Independencia, el 16% de sus habitantes ya son inmigrantes, mientras que en un sector de la capital, donde está el conocido “Mall Chino”, se está produciendo la agrupación de migrantes de ese país.

“Estamos trabajando muy fuertemente en abordar los temas de protección social. Cómo se enfrentan por ejemplo las becas en materia de educación o la capacidad de los liceos públicos para acoger a estos hijos de inmigrantes o las salas cunas. Hay una comisión formada por Trabajo, Salud y Vivienda, para adoptar políticas públicas sectoriales en función de los requerimientos. Estamos trabajando en mejorar el sistema en su conjunto para que aquellas personas que vengan no se sientan marginados y no vaya a constituirse un verdadero ghetto extranjero en nuestro país”, explica Harboe.

Carolina Stefoni enfatiza que es importante que la sociedad chilena se haga cargo de los derechos de esas personas, que tengan las mismas oportunidades que el resto, porque de lo contrario se empiezan a formar los ghettos, “con una ciudadanía de segunda clase, que es lo que le ha pasado a los argelinos en Francia o a los latinos en España. Tienes un grupo que empieza a ser excluido de la sociedad, entonces todos los temas de racismo y xenofobia prenden súper fácil”.

Ejemplos de ello hay muchos. El 7 de octubre pasado todo el mundo vio horrorizado cómo un joven catalán golpeaba en el metro de Barcelona a una inmigrante ecuatoriana. El hecho salió en primera plana en varios periódicos del mundo y en Chile causó gran estupor, encendiendo una señal de alarma respecto a signos de xenofobia y racismo en países europeos. Aunque nos sorprenda, situaciones similares no están ajenas a Chile. Tras el partido entre Chile y Perú por las eliminatorias 2010, tres ciudadanos peruanos fueron objeto de hostigamiento y persecución que terminó con una golpiza en el Metro de Santiago. Estos atisbos de xenofobia, también se han extendido a ciudadanos ecuatorianos, colombianos e incluso argentinos, según confidencia Diego Carrasco.

 

 

 

Las lecciones de Francia

 

 

Para los expertos, el tema de la migración debe constituirse en alta prioridad en Chile, tal como lo está siendo en otras partes del mundo, donde se han dado cuenta que una exclusión de los extranjeros en sus sociedades puede generar problemas de violencia e inestabilidad económica en el mediano plazo.

Cuando en diciembre de 2005 surgieron las protestas en Francia de los hijos de migrantes turcos, saharianos y sub saharianos, que quemaron más de 5 mil vehículos en París, el país se dio cuenta de la deuda histórica que tenía con las ex colonias, ya que todos los jóvenes que protestaron eran ciudadanos franceses, hijos de inmigrantes. Ahí se develó que una sociedad como la francesa que por años se había jactado de ser altamente tolerante y progresista, no había podido integrar culturalmente a sus migrantes.

Precisamente ese punto es el que más preocupa a quienes trabajan en el tema hoy en Chile, porque consideran que el país debe sensibilizar a su población. “De lo contrario va a colapsar el sistema de aquí a cinco años. Va a ser tal la demanda de los servicios públicos que van a verse saturados y probablemente emerjan protestas sociales de grupos migrantes y si esto lo ponemos en el contexto de que en América latina se está formando el poder migrante o transnacional, creemos que estas movilizaciones se van a incrementar generando explosiones sociales”, advierte Diego Carrasco.

Por su parte, Susana Rodera pone énfasis en un tema no menor y que es la desigualdad en el país. “El otro día hablaba la presidenta Bachelet que el PIB per cápita en Chile había aumentado mucho, pero eso no refleja la realidad. Lamentablemente la ciudadanía tiene muchas diferencias de clase y salariales. Si ya tienen ese problema de desigualdad dentro de la propia sociedad, a ver cómo podrán abordar un fenómeno creciente, que más encima no tiene un marco legal para regularlo. Si Chile no asume primero esta diferencia y no ofrece seguridad social y los servicios necesarios a toda la población que está en condiciones mínimas, tendrá un gran problema”, alerta.

La socióloga Carolina Stefoni estima que en Chile se está empezando a formar una exclusión, “por eso creo que es importante enfrentar el problema ahora, porque está recién empezando, no se pueden hacer programas específicos y desarticulados para los migrantes, tiene que haber una institucionalidad mucho mayor que sea el soporte de todos estos programas, si no se hace eso vamos a ir creando un nuevo tipo de exclusión y que se desarrolla en un par de años”, aclara.

 

Una gran tarea pendiente como país.

 

 

 

Los refugiados palestinos

A fines de los 90, Chile dio un triste espectáculo. Sin mediar investigación ni preparación de por medio, abrió las fronteras a un grupo de refugiados bosnios que arrancaban de la guerra en la ex Yugoslavia, ofreciéndoles una tierra prometida a la cual nunca llegaron.

No entendían el idioma ni el trato de la gente, muy pocos consiguieron trabajo, viéndose en la obligación de salir a las calles a pedir limosna o a montar espectáculos artísticos, donde niños pequeños mostraban su especial don para la música. Fue tal el caos, que muchos prefirieron volver a su país y enfrentar la guerra antes que seguir en Chile.

Hoy estamos en medio de un proceso de aceptación de cien refugiados provenientes de Palestina, lo que constituye el grupo más grande de refugiados que ha arribado al país en los últimos años.

Esta vez las cosas se han hecho en forma diferente. Felipe Harboe explica que lo que se ha hecho ahora para acoger a este grupo es decirles lo que es Chile, no el de las postales, el Chile de verdad. “Le hemos dicho que si vienen tendrán que luchar contra la barrera idiomática, no queremos que se generen ghettos, queremos incorporarlos y, por tanto, hemos hecho un trabajo muy meticuloso para que la oferta pública que les hemos hecho sea de acuerdo a la demanda”.

Lo primero que se hizo fue determinar qué tipo de familias venía, cuál es su experiencia laboral, edades, enfermedades, situación familiar; “para que en función de esas necesidades les hagamos una oferta pública que sea coherente, en eso estamos hoy trabajando con la Vicaría de la Pastoral Social, con la ONU, algunos alcaldes y algunos empresarios de la comunidad, para que estas personas se inserten en nuestro país y puedan reconstruir sus vidas, pero en la sociedad chilena, no que constituyan una sociedad palestina dentro de Chile”

 

 



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