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Artículo correspondiente al número 213 (21 de sept al 04 de oct 2007)
Mezclando proximidad y distancia, la diputada reconoce las dificultades de las últimas semanas en la Alianza y respalda la decisión de la UDI de postergar la definición presidencial para 2009. Trabajar por “el desalojo” de la Concertación, cree, debe ser razón más que suficiente para garantizar la unidad.Por Cony Stipicic H.; fotos: Enrique Stindt
La UDI es el mayor partido político chileno y no tiene candidato presidencial. Era el más disciplinado, pero en las últimas semanas invirtió papeles con Renovación Nacional y ha estado al borde de la balcanización. Tenía un perfil popular claramente definido y hoy está como buscando su destino. Después de años de administrar sus diferencias puertas adentro y de pedir disciplina a sus socios porque el titular presidencial era de sus filas, el gremialismo ha hecho realidad en las últimas semanas sus peores temores.
Internamente dividida entre quienes creen que es irreal levantar de la nada un candidato presidencial y aquellos que quieren llevarlo a toda costa, aunque no haya ni luces de un posible nombre competitivo, la UDI dio un paso clave el pasado 10 de septiembre, al decidir postergar la nominación presidencial para abril de 2009. Eso da tiempo para encontrar a alguien o darse un segundo aire antes de sumarse a la opción de Sebastián Piñera, sin desgastarse en el intento.
Testigo directo de las desavenencias, recriminaciones y debates internos del último mes ha sido la diputada Marcela Cubillos. Miembro de la generación de recambio de la UDI, tiene un diagnóstico realista y desapasionado de la crisis en que su partido parece estar sumido. Y también un sentido de misión claro, el que comparte estrechamente con su pareja, el senador Andrés Allamand, a quien ayudó a escribir el polémico libro El desalojo y a quien acompañó en el reciente altercado público que sostuvo con Pablo Longueira, luego que se supiera que preparaban juntos un proyecto de reforma laboral.
No tiene inconvenientes en reconocer que muchos de los males que se le han diagnosticado a la UDI son ciertos. Otros, cree, son asuntos que se han manejado mal “y no son tan graves como han aparecido”. Y algunos, definitivamente, los atribuye a interpretaciones de los medios que, al final, “no son reales”.
“Hay un poco de todos los ingredientes. Negar que haya habido errores también sería absurdo. Nos hemos hecho autogoles, pero todavía tenemos un capital grande. La UDI tiene un proyecto definido dentro de la Alianza. La pelea en la que estamos embarcados hoy –derrotar a la Concertación– es tan grande que ha ido aunando nuestros proyectos y eso se nota en el trabajo parlamentario. Yo no gastaría tantos esfuerzos en tratar permanentemente de decir que somos dos proyectos distintos”, reflexiona la parlamentaria.
-¿Y los autogoles, por qué?
-Es evidente que la UDI hoy día no tiene un candidato presidencial. ¿Me encantaría que lo hubiera? Claro, nos gustaría a todos. Pero no lo tiene y no creo que sea un drama. Lo sería si viviésemos pendientes del tema. Si al final fuera nuestra única discusión interna o si la labor política se tradujera exclusivamente a debatir si “tenemos o no tenemos”, si “apoyamos o no”. Así nos paralizamos. Dejemos al itinerario político seguir su curso. Lo que yo quiero es ver a la UDI en un análisis súper realista. Y si por hacer un trabajo bien hecho surgen liderazgos o cambian los escenarios, adoptaremos la decisión en su minuto.
-¿Hay algún hito que haya “desencajado” a la UDI?
-Como todos los partidos en Chile, hemos cometido errores y hemos tenido aciertos, pero no me compro la tesis de un partido desencajado, y mucho menos sin norte. Lo que a mí me gustaría ver corregido es que nuestras discrepancias no se ventilen por la prensa. Ese era un activo que tenía la UDI y la gente nos envidiaba por eso. Pero ha cambiado y nos ha costado mucho corregirlo, porque son cosas que no se pueden imponer por una declaración, por una decisión de la directiva o por un mandato del jefe de bancada. En eso tenemos todos que dar el ejemplo, directiva y parlamentarios, y también la Alianza en su conjunto. Habría que hacer una cultura política, y eso nos cuesta.
-¿No cree que el problema está en que la UDI, y la Alianza en general, no tienen vocación de poder?
-Con el objetivo de derrotar a una coalición agotada, con poco más que ofrecerle al país, me llama mucho la atención que podamos farrearnos la oportunidad por divisiones de las que muchos ni siquiera fuimos parte. Cuesta entender que no estemos ciento por ciento volcados a ese objetivo.
Esa frágil unidad
-¿Quién la interpreta más: el estilo de Jovino Novoa o el de Hernán Larraín?
-Más que estilos distintos lo que ha habido son posiciones diferentes.
-¿Pero cuál la identifica más a usted?
-Es que depende del tema. Por ejemplo, en la polémica reunión de Piñera con los alcaldes de la UDI, creo que Hernán lo abordó mejor. Pero, obviamente, con Jovino tengo sintonía en la mayoría de los temas políticos y en muchas de sus formas de actuar.
-Novoa es un personaje gravitante en la UDI: ¿cuánto pesa su enemistad manifiesta con Piñera?
-Es que ahí se cruzan cosas dolorosas. En la UDI todos entendemos a Jovino y se le respeta en ese tema. Obviamente que hay cruces que a mí no me corresponde valorar.