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Artículo correspondiente al número 232 (11 al 24 de julio de 2008)
Los nuevos socios de Marbella se pusieron las pilas. A poco más de seis meses de adquirir los principales activos del resort, ya tienen en marcha un plan que involucra 250 millones de dólares en 15 años. Lo primero es modernizar la infraestructura y dar énfasis a la recreación. Lo segundo es impulsar un nuevo desarrollo inmobiliario, con la venta de sitios urbanizados, la construcción de casas del tipo townhouse y edificios de hasta tres pisos. Por Cristián Rivas N. Fotos: Verónica Ortíz.
Marbella está lista para iniciar su segundo tiempo. Tras poco más de seis meses de análisis y vueltas de tuerca, el grupo de empresarios inmobiliarios que, a fines del año pasado, adquirió los principales activos de este complejo turístico al Banco de Chile ya tiene en carpeta el plan de negocios que buscará desarrollar en los próximos 15 años, y que involucra la cifra no menor de 250 millones de dólares. La idea detrás de los pasos que vienen es dar un nuevo impulso al reconocido resort de la V Región y retomar la posición de liderazgo que ostentó desde su creación, en 1980. Todo un desafío.
Aunque están conscientes de que la meta podría ser difícil con la boyante oferta inmobiliaria que ha surgido en la zona en los últimos años, el grupo de directores y suplentes asegura al unísono que está preparado para competir y que su olfato le dice que hay demanda para hacer crecer el proyecto. Dicen que mucha gente estaba interesada en conocer lo que finalmente sucedería con el resort –tras las dificultades económicas enfrentadas por su dueño anterior– antes de decidirse a adquirir una propiedad allí.

Fue hace menos de un año cuando comenzaron a gestarse los cambios. Tras varios meses de negociación, la propiedad del resort quedó a fines del año pasado en manos de la sociedad Marbella Chile S.A., que cuenta entre sus socios a los hermanos Jaime y Oscar Lería, y dueños del 36%; Alfonso Swett y Víctor Moller, que tienen otro 36% y donde están también Patricio Valenzuela, Guillermo Carey y Francisco Condon; Gerardo y Paulo Larraín (P&G Larraín), que poseen el 18%, junto a Jorge Carey y Raúl Sánchez; y el mexicano Javier Creixel, antiguo propietario de Marbella que aportó algunos activos a la sociedad y le hicieron dueño del 10% del capital accionario. El monto de la operación de compra, que era desconocido hasta ahora, se cerró en 300.000 Unidades de Fomento, unos 6.000 millones de pesos.
La llegada de estos nuevos inversionistas puso paños fríos a la preocupación que tenían los copropietarios y los interesados en hacerse de una propiedad allí. Sobre todo, porque cada uno de los hombres que ingresó le da mayor peso a la operación, pues todos tienen experiencia en el rubro inmobiliario. Los Lería, por ejemplo, han encabezado proyectos en Chile y el extranjero, con emprendimientos como Las Tacas, Cantagua y el Fundo Zapallar, además de ser gestores y parte de la propiedad de la cadena Balthus. Alfonso Swett es dueño de la inmobiliaria Costanera, mientras que los hermanos Larraín cuentan con más de 25 años de gestión en el rubro a través de P&G.
“Compramos Marbella porque su casco y estructura están muy bien desarrollados, con inversiones cuantiosas en la cancha y Club House. Creemos que lo que necesita es hacer determinadas inversiones, una buena administración y devolverle el alma. Daremos mayor valor a los activos, pero sin olvidar su esencia familiar y de entretención”. Tal es la base principal de lo que quieren hacer con Marbella, describe Jaime Lería.
Lo que estos socios compraron en Marbella fue el 100% de la empresa de agua potable (Sesamar), el 74% de las acciones de Marbella Country Club –que opera la cancha de golf y el Club House– y 80 hectáreas de terrenos que aún permanecen sin desarrollo inmobiliario, de un total de 297 que componen el suelo del complejo turístico.
El interés por Marbella se comenzó a gestar en mayo de 2006, tras varios llamados telefónicos entre algunos de los actuales socios. Todos coinciden en que el gestor de la iniciativa fue Alfonso Swett, porque él fue quien lo conversó con Víctor Moller y éste, a su vez, comenzó a moverse con el resto. De hecho, recuerdan que una de las gestiones resultó bastante anecdótica, ya que cuando llamaron por larga distancia a Gerardo Larraín (que estaba entonces en Europa), resultó que viajaba junto a Jorge Carey, quien finalmente se sumó al grupo de P&G, dueño del 18%.

Tras la compra, los socios designaron como directores a Jaime Lería, que además ejerce como presidente; su hermano Oscar, Víctor Moller, Alfonso Swett y Gerardo Larraín. Como suplentes designaron a Patricio Valenzuela, Víctor Uribe y Patricio Rojas, y como gerente general, a Marcelo Bachelet. La característica específica de este grupo de directores es que cada vez que se reúnen lo hacen todos, a diferencia de otras juntas directivas en las que no es común que los suplentes asistan a los encuentros.
Tras el último directorio, que realizaron hace unos días en Marbella, pudimos hablar con los socios, quienes nos explicaron en detalle por qué decidieron invertir en este proyecto.
Jaime Lería dice que lo hizo porque le pareció un desafío importante y distinto de los que ha enfrentado hasta ahora, ya que nunca antes se había hecho cargo de una iniciativa con obras ejecutadas como en este caso, donde existen unos 470 socios de la corporación, 20 comunidades de copropietarios y unas 700 viviendas, entre casas y departamentos. Junto a su hermano, son los únicos del nuevo equipo que no poseen propiedades en Marbella. Cuando lo menciona, le sonríe al resto de los directores al señalar que espera comprar algo dentro de los próximos cinco años.