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Artículo correspondiente al número 304 (15 al 28 de julio de 2011)
No hay nadie en el mundo político que no comente que el ex ministro de Hacienda está con ganas de ir por La Moneda. El, silenciosamente, deja que el rumor se expanda y coquetea firme con la idea: está armando una nueva red al estilo Expansiva, escribe un libro sobre políticas públicas e intensifica sus contactos en el mundo partidario. Eso, mientras viaja por el mundo asesorando desde Irlanda a Kazajstán. Por María José O’Shea C.
El doctor le ha dicho infinitas veces que debe dejar el trote. Que tiene las rodillas hechas pedazos. Pero, quienes lo conocen comentan que es superior a él. Correr se la gana. Sale todos los días. Antes de almuerzo en invierno y por las mañanas, en verano. Casi una hora dedicada a aplanar calles.
El ex ministro tiene su circuito bastante claro. Sabe por cuál vereda es bueno andar y cuál es mejor evitar. Conoce los atajos, vericuetos y obstáculos de su pista. Porque los corredores de fondo no dejan nada al azar. Es estudio, preparación, concentración y, obviamente, ganas de llegar a la meta.
Metodología silenciosa, pero segura. Pero, ¿cuál es el próximo desafío de Andrés Velasco? La pregunta ronda en el ambiente político y suma intención a medida que se complejiza el cuadro presidencial en la Concertación. El no ha dicho una palabra. Pero los hechos son elocuentes. Quizás, estratégicamente elocuentes.
De que está metiendo ruido, qué duda cabe. Columnas, cartas, seminarios. Posiciones controvertidas, para lado y lado. Matrimonio gay para unos y rechazo al descuento del 7% de los jubilados, para otros. Todas, señales para que sepan que él está ahí, expectante. Y activo.
Descansó un buen tiempo antes de iniciar el entrenamiento para esta, quizás, su más importante –y difícil– maratón. Recién a fines del año pasado retomó sus lazos académicos por el mundo, montó su consultora –SCL Partners– con varios de sus boys –Eric Parrado, Luis Felipe Céspedes y Alberto Etchegaray– y por estos días empieza a desplegar su lado político.
Nunca ha confesado que quiere ser candidato presidencial, pero es un secreto a voces en la Concertación que Velasco tiene ganas. Primero que todo, de influir. De abrir debates. De romper el mito del académico-tecnócrata que entró al mundo político por accidente y que se sentía tan incómodo. La realidad para él, cuentan, es diferente: creció con abuelo diputado, papá presidente del Partido Radical y en su casa se hablaba de política más que de cualquier otra cosa. Velasco no sólo era el mateo y buenmozo del curso. También era el presidente de la clase. Desde octavo básico.
Está mirando atento. Porque es de los que sostienen que si Michelle Bachelet no vuelve, en la Concertación hay mucho paño que cortar para el 2013. Y estaría disponible, cuentan. Incluso para participar en una primaria en la oposición, apostando también a la masa joven que va a sacudir el padrón electoral cuando la inscripción automática entre en marcha.
La red (o el Expansiva 2.0)
Para su arremetida pública, Velasco ya estaría elaborando dos ideas claves. La primera, formar una nueva red de pensamiento, o think tank virtual, que genere contenidos, que diseñe políticas públicas y que sirva para rebatir las propuestas de las demás fuerzas políticas proponen. Quienes han conversado el tema con Velasco dicen que no se trata de un nuevo Expansiva. Sin embargo, tiene bastante de parecido: una red que agrupe a profesionales de entre 25 y 45 años que sientan que quieren aportar a la discusión pública, pero hoy no encuentran lugar para hacerlo.
Eso sí, la idea que se baraja tiene algunas diferencias que revelan cierto aprendizaje de los errores. La nueva red, cuyo nombre se guarda en total hermetismo, apunta a un público mucho más amplio y variado que la elite que participaba en la gloria de Expansiva. Revela un cercano que “quiere reunir a los hijos del Chile moderno: liberales en lo valórico, pragmáticos en lo económico, que dejaron atrás los prejuicios y van a la vanguardia. Quiere acercar a esa cantidad de gente que está muy desencantada de la política”.
Por otra parte, afirman que unas de las claves de este nuevo movimiento es que se estructurará de tal manera que no pierda fuerza si sus cabezas dejan de estar ahí… o se van al gobierno. Que no sea vista como la plataforma política del ex jefe de las finanzas del país. Esa es la idea.
Quienes han conversado sobre este proyecto con Velasco cuentan que el ex ministro está convencido de que los diversos sistemas e instituciones políticas necesitan estudios que los llenen de ideas y que tomen posturas que pueden ser políticamente incorrectas, las cuales los representantes de poder político, por lo mismo, no pueden defender.
¿Y para qué está en Cieplan? “Es algo complementario”, acotan. Si bien el propio Velasco participa activamente en el tradicional centro de estudios ligado a la Concertación –de hecho, se reúne todos los viernes con figuras como Francisco Javier Díaz, Alejandro Micco, Eric Parrado, José Pablo Arellano y René Cortázar– hoy quiere dar un paso más. No quedarse en la asesoría legislativa y política, sino que armar una máquina de producción de contenidos.
El manifiesto
Pero ese no es el único golpe que prepara Velasco. El economista lleva un buen tiempo escribiendo un libro junto a Cristóbal Huneeus –otro expansivo– sobre la relación entre empleo (o falta de) y desigualdad en Chile. La tesis central del estudio –del cual varias piezas han sido expuestas en distintos lugares del mundo, como en París, ante el Banco Mundial, es que no se puede hablar de desigualdad sin hablar de empleo. Y plantea que en Chile nadie quiere hablar de empleo porque eso tiene un costo político demasiado alto. Así, señalan los autores, no hay una sola fórmula mágica para resolver el problema, sino que es una combinación de múltiples factores que llevan a abordar el asunto desde una mirada más global. Con cientos de cifras y cruces, el documento de Velasco y Huneeus arrojaría realidades dramáticas, como que en los hogares del decil más pobre del país hay 0,15 trabajos por cada integrante, mientras que en los deciles más ricos la cifra sube a 0,6 trabajos por cada miembro del hogar. Cuatro veces más.
En fin. El punto es que la idea del ex ministro es lanzar esta obra no para que la estudien en las aulas de las universidades gringas. No. Quiere hacer de ésta un punto político sobre políticas públicas. Una invitación a discutir aquí. En Chile.
Los lazos
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| Escalona: "debe formar un movimiento y ser alcalde de Santiago" |
| Lo puso Camilo Escalona sobre la mesa hace algunas semanas. Dijo que si bien él es ante todo bacheletista, Andrés Velasco podría competir en la primaria de la Concertación. Luego fue Francisco Javier Díaz, PS cercano al ex ministro. “Lagos Weber o Andrés Velasco”, dijo a La Segunda. Para otros próceres del PS, una eventual candidatura de Velasco es “un delirio”. Pero que el nombre está, no cabe duda. Y Escalona da un paso más: “tiene todo el derecho a competir, para lo cual debe constituir primero un movimiento político que exprese sus ideas. Quizás no un partido, pero tiene que haber algo de lucha política primero”, dice. Pero no sólo eso le pide: “el primer paso que tiene que dar Velasco es ser elegido alcalde de Santiago. Así se legitimaría como político y después quizás puede llegar al sillón donde tanto se sufre”. ¿Qué tal? |
| Por qué en Iguales |
| El primer asomo de este posicionamiento público de Andrés Velasco se dio a propósito de su integración al consejo de la Fundación Iguales, la organización que creó el escritor Pablo Simonetti para luchar por la igualdad de derechos entre homosexuales y heterosexuales. Si bien es cierto que la institución –que organizó la masiva marcha en Santiago- puso una buena vitrina al ex ministro, la inquietud de Velasco porque estos temas se resuelvan viene de mucho antes. En mayo de 2004, cuando vivía en Boston, escribió en Capital –a raíz de la aprobación de que el matrimonio igualitario en Massachussets- que “los gringos han descubierto lo que debió ser obvio: que los gays se casan por las mismas razones que los straights. Y en esa ecuación, tener alguien con quien ir al cine o salir de vacaciones, compartir la cuenta de la Isapre o los gastos de la casa es factor fundamental. El matrimonio gay, en vez de revolucionario, resulta ser un acto profunda y esencialmente conservador. Acaso Joaquín Lavín lo proponga en Chile antes de las elecciones del 2005”. Para que vea. |