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Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas Manuel Ariztía: "Chile está a punto de largarse a correr" |
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Artículo correspondiente al número 284 (10 al 23 de septiembre de 2010)
Descendiente directo de Francisco Antonio Pinto, presidente de Chile en la primera mitad del siglo XIX, sabe de historia y le gusta contar historias. A sus 79 años, Manuel Ariztia, el patriarca de la familia y de la firma que lleva su nombre, habla de los desafíos del país y repasa su vida empresarial, la que está próxima a dejar. Eso, no sin antes ordenar la casa para iniciar una nueva etapa de crecimiento, que por primera vez verá sólo como espectador. Por Paula Vargas; Fotos, Verónica Ortiz.
Su alejamiento ha sido cuidadosamente planificado. Por algo contrataron a los hermanos Larraguibel y su equipo de Virtus Partners para que le den “un vistacito” a la empresa antes de su retiro, y de paso, apoyen en dar forma a la nueva estructura del holding.
Hoy, con la casa ordenada, don Manuel –el presidente y dueño de Empresas Ariztía– está tranquilo y asegura que va a “jubilar ligerito”. Sin embargo, no tiene claro si será este año o a comienzos del próximo... Es que a sus casi ocho décadas, el bichito emprendedor no lo abandona: sigue monitoreando la empresa y además está pendiente de cada uno de los proyectos personales de sus hijos, cuyos negocios siempre han estado relacionados con la tierra. Cómo no, si hasta él mismo recuerda que “una gota de sangre tira más que una yunta de bueyes”.
Orgulloso de su pasado y encantado con su descendencia, las fotos familiares y una especie de árbol genealógico es lo primero que muestra en el recorrido que nos hace por la casona de su campo en Melipilla, donde están las oficinas y salas de reuniones. Hincha número uno sus ocho hijos y 54 nietos, cuenta que su cariño llega también a sus sobrinos. De hecho, hace un par de años logró reunir a todo el clan y llegaron… ¡390 Ariztía!
La carga genética y el ritalín
-Tantos Ariztía juntos, ¿qué tienen en común?
-Que a ninguno nos dieron Ritalín (lanza una carcajada). Mire, a mi padre y a sus hermanos los deportaron de España, mi padre se vino a Chile y mis tíos, a México. El caso es que, como eran tremendamente inquietos, cada uno dio la pelea en el lugar en que se instaló y hasta el día de hoy todos tenemos ese sello.
-Si heredó ese patrón, ¿por qué nunca antes había sentido inquietud por entrar a otros rubros?
-Antes de dedicarnos 100% a la industria avícola, mi familia tenía una viña y también fruticultura, pero cada una de estas empresas tenía su complejidad, y junto con mi hermano Ricardo nos dimos cuenta de que los esfuerzos se diluían si nos dedicábamos a una multitud de cosas. De hecho, ya la industria en que estamos nos generaba una preocupación enorme.
-¿En qué momento se concentran en el tema avícola y dejan de lado los demás negocios?
-Mi padre, en el año 1913, recibió una empresa que hacía vino, luego en el año 35 le puso gallinas, y en los 60, le pusimos pollos broilers (de engorda). Nuestro verdadero desarrollo partió cuando decidimos dedicarnos exclusivamente a este sistema de producción. Por eso vendimos la viña. Luego, llegó la hora de separar aguas con mi hermano. Lo decidimos en esa misma década, pero nos demoramos 13 años en el proceso. Todo amistosamente, como debe de ser.
-Hoy se ha demorado bastante menos en ordenar la compañía para adecuarla a las nuevas generaciones.
-Es que las circunstancias son distintas y los tiempos, también. Hoy nuestro desafío es ser equivalente a las mejores compañías agroindustriales del mundo. No hay excusas. Y esa labor depende de nosotros y de los que vengan.
-¿Por eso contrataron a Virtus Partners?
-Claro. Aquí hay gente que lleva decenas de año con mi familia, pero de vez en cuando hay que revisar quiénes lo están haciendo bien y a quiénes hay que acomodar. Por eso los contratamos, para que vinieran a echar un vistacito a nuestra estructura y sus procesos, con la finalidad de exigir una mayor eficiencia al negocio y así elevar nuestra competitividad a nivel mundial.
-¿Será que ya es hora de la diversificación de Empresas Ariztía?
-Efectivamente, junto a mis hijos estamos retomando el tema de la diversificación con empresas satélites a nuestra industria principal. Estamos metidos en el tema de los quesos, la agricultura y recientemente, instalamos una planta de champiñones en el sur. Esto último es un tema tremendamente especializado, y nos ha demandado mucho estudio. Lo que estamos armando es un holding de empresas para que ellos (sus hijos) puedan dedicarse a otras cosas y sean sólo directores de la firma principal. Esto lo hacemos para que también tomen experiencia y formen a sus hijos… Es que el abuelo no va a estar siempre ahí.
-Usted dice que se va a retirar, pero lo vemos lleno de planes…
-Nooo, si yo voy a jubilar ligerito. Hoy sólo estoy dedicado a estudiar, a leer y a buscar la forma de ser cada día más competitivos.
-¿Y qué está leyendo ahora?
-Me preocupo de mantenerme al día. Y sobre todo en las publicaciones tecnológicas. Leo más de 100 revistas de innovación al mes y mantengo contacto permanente con un centro tecnológico en Francia, que estoy apoyando, y que me cuenta sobre el desarrollo agroindustrial.
- Usted ha sido mecenas de la innovación. ¿Qué tema lo obsesiona ahora?
- Hoy son los antibióticos y las alternativas que se desarrollan para encontrar vías más naturales para combatir ciertas enfermedades en pollos y pavos.
Apechugar, no más
-Usted ha pasado por varias crisis: ¿qué lecciones ha sacado en limpio?
-Chile es un país de terremotos, maremotos y también de crisis. Si algo he aprendido, es que acá no hay que estar con medias tintas, aquí uno siempre se juega el todo o nada.
-Eso quedó clarísimo cuando tuvo que enfrentar la gripe aviar y sacrificar su producción.
-Me tocó tomar la decisión de matar al 80% de los reproductores. En su momento podíamos haber alegado que es labor del Estado mantener la sanidad, que en ningún caso era culpa nuestra que se haya metido el virus. A nosotros sólo se nos dijo que era un problema país y que teníamos que actuar… bueno, y con eso tuvimos que salir adelante, porque resulta que si me ponía a discutir, podían parar la fruta y todo lo demás. Así lo hicimos. Cuando se trata de apechugar, hay que hacerlo, no más.
-Imagino que ese fue el episodio más complicado también a nivel personal.
-No, hubo otro más difícil: cuando me fui junto a mi familia a Argentina. En los setenta, obtuve la beca presidente (Salvador) Allende, y no me quedó otra que pescar a mi señora y mis siete hijos y partir. Ahí de nuevo tuve que elegir o todo o nada, o entre el te quedas o te vas. Y me fui.
-¿De dónde viene tanta determinación?
-De mi padre. Recuerdo que él era un hombre muy echador para adelante. Cuando dijo: voy a poner un negocio de gallinas, una tía le dijo: ¡estás loco hombre!… ¡Cómo no! si en ese tiempo la persona que pensaba un poco más allá no tenía por dónde despegar, no sólo porque la sociedad no era muy emprendedora, sino porque por esos años –en la década del 30–, la situación del país y del mundo era muy delicada. La crisis fue muy profunda y la pobreza, enorme. Aunque era un niño, no puedo borrar esas imágenes de gente llegando de las salitreras pidiendo fruta o un pedazo de pan. No eran uno o dos, eran veinte personas las que tocaban la puerta diariamente… Fue algo tremendo, el PIB per cápita bajó un 45%, y como estas cosas no son parejas, mucha gente dejó de comer.
-Muy distinto a la crisis que acabamos de dejar.
-Por supuesto. El empresariado de los años 30 era como alguien que recién acababa de chocar y no tenía idea de si estaba vivo o muerto. Hoy la crisis la hemos enfrentado mil veces mejor, y aunque la pobreza sigue siendo un lastre, no tiene punto de comparación con lo vivido en aquella época, cuando simplemente no había escapatoria. Hoy sí la hay.