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Reportajes y Entrevistas
Madonna ¿Verdad o consecuencia?

Artículo correspondiente al número 229 (30 de mayo al 12 de junio de 2008)



El fenómeno Madonna emerge como un ejemplo prodigioso de liderazgo en una industria repleta de tiburones y rémoras. Por Andrés Valdivia.



Hincarle el diente a Madonna es riesgoso por donde se le mire. Salir trasquilado es fácil: sumergirse en la zalamería ramplona es tentador, ponerse la sotana y pontificar, trivial; y quedarse sólo en su música, una torpeza. No hay vetas seguras por donde aproximarse, y mucho menos conclusiones simples a las que llegar. Es interesante, eso sí, observar cómo los personajes más inasibles son los que más y mejor material generan para los festines de la cultura pop. Independiente de todo lo anterior, hay un hecho claro que hace imposible hacerle el quite al huracán Ciccone en estos días: Madonna cumple 50 años en agosto y en este preciso instante está reventando los rankings con su nuevo disco Hard Candy. Una vez más, el fenómeno Madonna encumbrado en el mainstream, imponiendo casi una relación causal entre su nombre y el éxito.

Pero ni la lógica de la música ni el azar del mundo de las celebridades explican todo lo que ha hecho Madonna desde que en 1983 esta norteamericana apareciera en la escena pop mundial. Es más, a estas alturas ni siquiera la estridencia de la mirada ligada al género hace mucho sentido para comprender el fenómeno. Mujeres estrellas ha habido siempre. En lo que sí claramente Madonna pareciera ser la pionera es en el nivel de control y autonomía que ha logrado sobre su imagen y su carrera, un asunto que la pone muy por sobre la gran mayoría de sus colegas, sean hombres, mujeres, híbridos o lo que sea. Incluso es muy probable que a la cantante haya que mirarla a través del prisma de sus intenciones imperiales –propias del CEO de una gran trasnacional o de una monarca expansionista más que de su condición de cantante o icono pop para encontrar claves novedosas que den cuenta de su impactante proeza. La suya ha sido probablemente la carrera mejor construida de los últimos 30 años en el entertainment, un asunto que no se logra sólo con destreza en las lides del pentagrama.

La creación del Imperio Madonna es un caso que debería estudiarse detenidamente en las escuelas de negocios como
ejemplo de una serie de atributos que ya se quisiera cualquier serio aspirante a presidir una gran compañía. La suya es una historia de visión, de equipos aceitados y competentes y de reinvención a toda prueba: una trinidad escasa tanto en la industria del entretenimiento como casi en todas las industrias. Pero vamos por partes, que el Planeta Madonna da para mucho.

La Ciccone es un ejemplo viviente de esa clase de liderazgos cuya visión de “lo que vendrá” es tan precisa que muchas veces resulta complejo distinguir si sus malabares con las tendencias son un asunto de pitonisa de lo cool o de simple trend-setting. Imposible saber si lo que hace es predecir o si el mundo se dirige directamente hacia donde ella apunta el timón. Poco importa, en realidad; el resultado es el mismo y el valor de la habilidad, infinito.



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