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Artículo correspondiente al número 200 (23 de mar al 05 de abr 2007)
Los apellidos Farkas y Klein tienen tradición en el norte. Están asociados desde antiguo a la minería del hierro. El precursor fue José Klein (hermano de la madre de Leonardo), quien estuvo exiliado en Argentina junto a Arturo Alessandri, el León de Tarapacá. Cuando Alessandri volvió, estuvo entre los primeros a quienes el León se trajo de vuelta.
Las minas de los Klein –judíos de origen húngaro– fueron Santa Bárbara y Santa Fe. A fines de los 50 exportaban nada menos que 10 millones de toneladas, el equivalente aproximado al 10% de las exportaciones del mundo. Hoy Chile representa una ínfima proporción de la exportación mundial.
Su padre, Daniel Farkas, ingresó al mundo de la minería por un camino más pedregoso:
-Mi padre llegó a los 15 años a Chile. Venía junto a su familia directamente desde Transilvania (región húngara), donde residía mi abuelo. Aquí fue vendedor puerta a puerta en la época de oro de las salitreras. Encontraba que Chile era un país amigable para los judíos y recordaba que en Estados Unidos había letreros que decían “no se aceptan judíos ni perros”.
Sin conocerse su padre y su madre llegaron a Chile en el mismo barco. Sus caminos siguieron por separado, hasta que un día de 1951 José Klein lo contactó para que le construyera una mina. El padre de Farkas en ese entonces se había hecho de un buen pasar con un negocio de transporte (llegó a tener una flota de 80 camionetas a los 18 años) y tenía fama de talentoso. Cuando Daniel Farkas llegó a las minas no solo se enamoró de la madre de Leonardo, sino además ayudó a su familia a optimizar sus recursos y finalmente terminó fundando sus propias empresas mineras llegando a tener más de nueve compañías.
Con ese antecedente en mente, Farkas apunta que “antes de radicarme nuevamente en Chile me dije a mí mismo que si mi familia llegó a construir seis minas, casi sin recursos y con cero tecnología, cómo no iba yo a ser capaz de levantar al menos una”.
Mientras tanto, el tema social le preocupa.
-Voy al norte y hasta donde puedo ver la gente sigue igual de pobre. Hay mucho abandono. Sabes, un día decidí operar a todas las perras de Caldera. A mi señora le encantan los perros y en un viaje me preguntó dónde estaban los amos, porque se veía mucho perro callejero. Le expliqué que acá no era como en Estados Unidos.