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Artículo correspondiente al número 218 (30 de nov al 13 de dic 2007)
Uno de los años más críticos para el suministro energético local está llegando a su fin. Pero entre los generadores no respiran tranquilos. Saben que 2008 sigue complejo y que se mantiene el riesgo de restricciones y problemas financieros. La primera prueba de fuego ya se acerca: las altas temperaturas del verano en Buenos Aires. Por Sandra Burgos.
Dicen que las malas noticias y las desgracias nunca vienen solas. El sector energético chileno este año pudo dar fe de ello. No sólo Argentina cortó en varias ocasiones el gas, sino que de paso vivimos el tercer año más seco de las últimas cuatro décadas, lo que dejó al sistema eléctrico al límite.

Sin gas para uso industrial, las centrales generadoras tuvieron que operar con diesel, elevando la demanda por el combustible en forma extraordinaria, al punto que creció en 60% en agosto, el mes más crítico. Esta alza llegó a poner en jaque la logística asociada a la distribución del diesel, que en momentos afectó incluso a las estaciones de servicios del sur.
Como si fuera poco, el terremoto en el norte –corazón de la zona minera– trajo problemas en los transformadores de dos de las cuatro turbinas (780 MW) de Gas- Atacama, las cuales volvieron a operar la semana pasada. El transporte del diesel también se transformó en un problema para el norte, debido a las interrupciones de caminos.
Todo este escenario hizo que reapareciera en la jerga de las empresas y sus ejecutivos el temido racionamiento. Las mineras ya lo sintieron con el terremoto, cuando se vieron obligadas a reducir sus consumos (en un 2% del total de capacidad eléctrica) para no afectar la seguridad del sistema en general. Y si no se recupera la logística del diesel en las próximas semanas –que hoy permite a las generadoras de la zona una autonomía de 5 días-, podrían enfrentar nuevos cortes.
“Eso se solucionará en 2008, cuando entre a operar en enero la primera etapa de la nueva planta de almacenamiento de Mejillones, con una capacidad de 40 mil metros cúbicos, y en febrero con la segunda etapa con capacidad de 20 mil metros cúbicos. Eso eleva la autonomía de 5 a 18 días”, explican en Copec. La empresa presentó además un estudio de impacto ambiental para la construcción de un oleoducto desde la planta a las centrales de Edelnor y GasAtacama.
Pero el problema de fondo del Sistema Interconectado del Norte Grande (SING) no tiene solución a corto plazo. La única garantía de seguridad sería contar con gas natural argentino, pero de ello ni hablar. Las generadoras ya no lo consideran en sus cálculos. Más bien trabajan con expectativa de cero gas, con excepción de la semana del terremoto, cuando Argentina inyectó algo más del combustible para paliar la crisis.
Las cosas tampoco son muy optimistas para el Sistema Interconectado Central (SIC), que atiende la demanda del resto del país. Es que, después de todo, 2007 fue para el sector energético un año que puso a prueba nuestra capacidad de reacción y de enfrentar las crisis. El resultado, a la fecha, puede considerarse positivo: los peores augurios no se cumplieron, no hubo racionamientos ni tampoco se interrumpió el suministro de gas residencial.
Pero los costos a los clientes (empresas y personales) subieron de forma histórica, mientras que los insumos como el petróleo y el carbón mantienen niveles de precio récord.
¿Qué sucederá en 2008? Apuestas hay muchas. No puede ser peor que 2007, estiman algunos, pero los riesgos son inminentes con un crudo bordeando los 100 dólares el barril y el reconocimiento público por parte de autoridades argentina y bolivianas de sus dificultades para cumplir con sus respectivos abastecimientos internos (dato no menor, porque Bolivia suministra gas a Argentina y eso permite el envío de excedentes a Chile). Argentina en las cuerdas Aunque buena parte de la población siente que es en invierno cuando el sistema energético local vive sus momentos más críticos, la historia reciente demuestra que las crisis comienzan en pleno verano.
¿La razón? Las altas temperaturas que caracterizan a Buenos Aires, elevando la demanda eléctrica por el uso de aire acondicionado. Las estadísticas apuntan a la segunda quincena de diciembre como el momento más complicado.
“La disponibilidad de gas de Argentina, en parte por razones políticas, ha bajado y es probable que el año 2008 sea aún menor que 2007. Este año no partió muy mal pero como está terminando con poco gas, se podría esperar que el próximo sea en general de poco gas, sólo residencial, pero también con episodios de cortes más prolongados que los que hemos tenido”, señala el ejecutivo de una generadora.
El peligro está latente, al punto que el nuevo alcalde de Buenos Aires, Mauricio Macri, advirtió hace unas semanas sobre los efectos de la crisis energética en la capital federal. “Nos vamos a tener que hamacar”, dijo en declaraciones radiales sobre la exigencia energética que representará el fuerte aumento de las ventas de equipos de aire acondicionado –que crecieron en 43% en relación a 2006– y que en muchos casos son de tecnología antigua y, por ende, de mayor consumo. Parece mentira, pero ese dato es una bomba de tiempo, porque Argentina está pasando por una crisis energética de proporciones, con un incremento en la demanda eléctrica que en los primeros ocho meses de este año se elevó 9% en Buenos Aires, un récord histórico. Y como telón de fondo, un sistema que no ha aumentado su capacidad de generación por la falta de inversión. La última obra de privados en la materia fue materializada por AES en 2001. Todo el aumento del parque que se está haciendo hoy –y que es insuficiente– es financiado por el gobierno y con “aporte” de algunos privados dentro de los que se encuentran Endesa y AES Gener, que invierten en la construcción de dos complejos de generación a solicitud del gobierno.
“Tal como ha estado Argentina en el último tiempo, definitivamente no esperamos más gas independiente de que haya o no haya. Ahora que es primavera, que es el mejor momento del año porque no hace frío para el consumo de calefacción, ni calor para el consumo eléctrico, no está enviando suficiente gas para la generación. Si el verano sigue tal como está ahora, los envíos de gas serán peor que el año pasado”, explica un ejecutivo de una empresa generadora.
En caso de agravarse, el problema volvería a concentrarse en las distribuidoras de gas natural residencial y comercial, que tendrán que echar mano a las plantas de respaldo de propano aire.
El tema es que si Argentina decide de un día para otro –aunque la autoridad chilena lo ve inviable– cortar el suministro de gas a Chile por un par de días más que lo habitual (el máximo corte ha sido por 48 horas), el país tendría que poner en marcha un plan de contingencia para garantizar gas sólo para uso básico, es decir, cocina y baño.
La situación será más compleja si Metrogas no consigue poner en marcha su planta de respaldo en Peñalolén. Fuentes de la compañía aseguran que la planta irá y se niegan a creer que Argentina no cumplirá con el compromiso de mandarnos al menos gas para uso residencial. Sin embargo, en el último mes el país trasandino ha dado señales de que su intención no es que los envíos a Chile repunten. Desde el 26 de octubre mantiene reducidos a un promedio de 512 mil metros cúbicos diarios sus envíos de gas natural a la Región Metropolitana. Jamás habían mantenido esos niveles tan bajos por tiempo tan prolongado. Para que tenga una idea: Chile requiere 26,9 millones de metros cúbicos diarios de gas, de los cuales 1,7 millón son para abastecer la demanda residencial y comercial.