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Reportajes y Entrevistas
Mónica Jiménez. "El gran tema está en el aula"

Artículo correspondiente al número 231 (27 de junio al 10 de julio de 2008)


Su pasado la condena y la redime. Educadora por años, Mónica Jiménez sabe que sólo esforzándose al máximo en el metro cuadrado de la sala de clases es posible elevar la calidad de la enseñanza y que, para ello, una prioridad es formar mejores profesores. Sus estrategias de corazón van por ahí, más allá de que en los últimos días sus energías hayan sido focalizadas por el debate de la Ley General de Educación. Por Elena Martínez; fotos, Verónica Ortíz.




monica jimenez Hablamos con ella en horas agitadas, cuando los profesores llegaban al Parlamento y los estudiantes marchaban hasta el ministerio de Educación, en protesta por la Ley General de Educación, LGE. Un par de universidades había sido desalojado por Carabineros tras semanas de “toma”. Y como añadidura, la Concertación se dividía ante el acuerdo del gobierno con la Alianza para conseguir los votos que el proyecto necesitaba.

Días tensos para cualquiera. También para ella seguramente, aunque su rostro sereno –si bien algo cansado– parecía decir lo contrario. Tal vez una demostración de que la experiencia acumulada en tareas arriesgadas, como impulsar en plenos años 80 proyectos de participación cívica para el plebiscito y trabajar en casos de derechos humanos en las comisiones Paz y Justicia y luego en Verdad y Reconciliación, no fue en vano. “Esos eran días más difíciles que éstos, ¿no?”, comenta de partida, sonriente, al recibirnos en su oficina del ministerio de Educación, luego de una maratónica reunión con la presidenta Bachelet. A escasos metros de su gabinete la aguardaban impacientes los dirigentes de la Confederación de Estudiantes de Chile.

Asistente social de profesión y educadora de vocación, Mónica Jiménez de la Jara no parece temerle al tremendo desafío que le cayó de golpe cuando reemplazó a la destituída Yasna Provoste. Parece estar más allá del duro entorno que la rodea, con profesores y estudiantes en virtual “pie de guerra”.

Está claro que liderar el Mineduc en las actuales circunstancias no resulta grato ni fácil. Los desafíos son tantos, que alcanzar metas puede parecer una tarea titánica. Alumnos desmotivados, profesores que se niegan por años a ser evaluados y califiados por su desempeño, ranking internacionales en que la educación chilena sale muy mal parada y pruebas que demuestran año a año que las brechas entre colegios públicos y particulares continúan siendo abismales, con niños que no entienden lo que leen, forman parte de este escenario.

Puede ser un panorama demoledor para cualquiera, pero la titular de Educación confía en su experiencia y en su intuición profesional. Sabe de logros concretos, aunque en menor escala. Ex rectora de la Universidad Católica de Temuco, también ha encabezado entidades privadas como la Corporación Educacional Aprender, que maneja dos colegios en poblaciones populares, y la Fundación Araucanía Aprende, que intenta mejorar la calidad de los establecimientos de extrema pobreza en la IX Región.

Un caso es el de la escuela San Francisco de Cunco Chico, la peor evaluada en la prueba Simce, con el más bajo puntaje en lenguaje y matemáticas. Está siendo supervisada desde el año pasado por la Fundación, logrando aumentar notablemente sus resultados tras aplicar una serie de medidas focalizadas en gestión, director, profesores y alumnos. Los magros 152 y 128 puntos en lenguaje y matemáticas aumentaron 50 y 57 puntos, respectivamente, en la prueba siguiente. Un salto notable, si bien falta para llegar al promedio nacional.

Iniciamos la conversación justamente con este caso que, en su opinión, resulta sintomático de que las falencias educacionales se pueden superar con un correcto plan de mejoramiento. “Ellos no creían que podían, pero en la medida en que vieron que había personas que se preocupaban en forma muy dedicada, empezaron a elevar sus expectativas y a pensar que eran capaces de abordar los resultados de la prueba Simce”, dice.

Es lo que llama “la cultura de las altas expectativas”, que aspira a instalar en todos los colegios públicos.

En Cunco Chico se sumaron esfuerzos en infraestructura, y entonces surgieron otros procesos importantes, como el de los profesores: “empezaron a pensar que podían ser competentes y a aceptar que los ayudaran a actualizar sus conocimientos; también, a ser evaluados. Entendieron que la evaluación no era algo que iba contra ellos, sino que los podía beneficiar (...) y comenzaron a sentirse orgullosos de ser profesores”.

Los resultados que se puedan alcanzar en un colegio dependen de lo que califica como “tres círculos virtuosos”: el primero, la autopercepción, es decir, la confianza de que se pueden alcanzar los logros fijados; el segundo, elevar el desempeño de los profesores, lo que redunda en una mejor gestión en el aula. Y el tercero, ampliar la gestión del director más allá de lo administrativo y pasar a la supervisión directa de lo que pasa en la sala de clases y con los estudiantes.



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