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Artículo correspondiente al número 274 (23 de abril a 7 de mayo de 2010)
Quería convertir a la Universidad San Sebastián en la mejor de Chile y, quizás acusando sus 20 años en el negocio aéreo, siempre hablaba de “dar el mejor servicio a bordo” en la casa de estudios. Tras su intempestiva muerte, su mujer Ana María Velasco, que continuará con su participación, y su padre, el general (R) Ernesto Videla Cifuentes, tomaron la posta. Por Catalina Allendes.
El lunes 1 de marzo de 2010, día del accidente aéreo que le costó la vida a Luis Ernesto Videla Berguecio y a otros cinco ejecutivos de la Universidad San Sebastián, el Chino, como le decían sus cercanos, hacía pocos días que había vuelto de vacaciones.
Había pasado febrero junto a su señora, Ana María Velasco, sus hijas Anita (4), María Jesús (3) y los dos hijos de aquélla, en la casa que ambos habían construido en Cantagua, un tranquilo condominio emplazado en los cerros que enmarcan la costa que une Maitencillo con Cachagua, en la V Región.
La casa de Cantagua –cuya arquitectura fue diseñada por Rafael, hermano de Luis Ernesto– se había convertido en el refugio familiar perfecto para recibir a “la manada”, como se refería él mismo a la tropa de hijos que aglutinó junto a Ana María. Sí, porque a los hijos de ambos y los de ella se sumaban los fines de semanas y en las vacaciones los tres hijos de su primer matrimonio, con María Luisa Andrade: José Ignacio (22), María Luisa (19) y Francisca (15).
A sus 49 años, Luis Ernesto Videla atravesaba una etapa que sus cercanos reconocen como especial. “Estaba haciendo lo que quería, donde quería y con quien quería”, admite una amiga que fue testigo de importantes fases de la vida de este ingeniero comercial de la Universidad Católica y ex alumno del colegio San Ignacio El Bosque. Un periodo que, en lo profesional, tomaba la forma de un sueño de universidad... el de la Universidad San Sebastián.
Huella universitaria
Fue precisamente su amigo, también ignaciano, Marcelo Ruiz, decano de Economía y Tecnología de la Universidad San Sebastián –fallecido junto a él en el accidente–, quien lo tentó desde el mundo de la educación. Tras dos décadas de trabajar en el mercado aéreo y ocupar los más altos cargos en Lan, tardó muy poco en encontrar semejanzas entre ambas actividades.
Se empoderó tan rápidamente que al momento de su muerte, con poco más de dos años en el proyecto, ya había impreso a esa casa de estudios su sello y una mirada estratégica hacia el año 2015.
Desde el primer día se fijó como meta “poner énfasis en la atención prioritaria a los alumnos”, recuerda el presidente de la junta directiva de la Universidad, Alejandro Pérez quien, como anécdota, relata que “tenía tan marcado su paso por la línea aérea, que en las primeras reuniones hablaba de dar un buen servicio a bordo”.
Y agrega: “tenía muy claro que toda universidad es una institución de servicio a la sociedad, y se empeñaba en que la nuestra lo fuera. En eso, no veía una gran diferencia con la responsabilidad que ejerció en Lan.
Un amigo cercano añade que estaba obsesionado con transformar el servicio universitario en un “proceso” que fuera cuantificable. Y eso es lo que más huella dejó en la Universidad San Sebastián. “Nos metió a todos en la cabeza que el alumno era el centro y que en los detalles haríamos la diferencia”, destaca un ejecutivo de la casa de estudios.
Por eso, ese lunes 1 de marzo, tras finalizar una videoconferencia con los responsables de la sede de la Universidad en Concepción, no dudó un minuto en hacer lo que tenía que hacer: abordar un avión para ir a conocer en terreno lo que había ocurrido con la casa de estudios, sus trabajadores y sus alumnos tras el devastador terremoto del 27 de febrero.
Estaba en su ADN. A Luis Ernesto Videla no le gustaba hablar de problemas, sino de buscar soluciones. “Una de las cosas que más le molestaban era que alguien llegara a su oficina para contarle un problema; no porque no quisiera saber de ello, sino porque le gustaba que hubiera soluciones. Sin tantas vueltas”, explica un ex Lan. Y en eso predicaba con el ejemplo: siempre era el primero en estar disponible para enfrentar los problemas.
Siempre en terreno
Luis Ernesto Videla estaba realmente “enamorado de la Universidad”, remarca Alejandro Pérez. La veía como un tremendo potencial para ayudar a estudiantes cuyos padres se sacrificaban para que sus hijos tuvieran una vida mejor.
Su norte era contribuir a formar jóvenes sanos, con valores sólidos y preocupados del prójimo. “No aceptaba la indolencia y exigía que alumnos y maestros dieran lo mejor de sí para lograr los resultados esperados. Quería una universidad con un marcado sello de calidad”, subraya Pérez.
Su objetivo era nada menos que convertirla en la mejor universidad de Chile. Para eso estaba trabajando.
Y aunque ocupaba el sillón de vicerrector de Asuntos Económicos, le gustaba estar en todo. Visitaba constantemente las sedes y lo primero que hacía era ir al baño de los alumnos: esas instalaciones tenían que estar impecables. Era parte de su chequeo de calidad, cuenta un ejecutivo de la casa de estudios.
Lo que no era muy distinto a lo que hacía en Lan, cuando se paseaba por todas las oficinas (“nos retaba si dejábamos la radio prendida y no estábamos”, relata la gerente de Asuntos Corporativos de la aerolínea, Cristina Pérez Iñigo) para ver cómo andaban las cosas. O llegaba a las 6.30 de la mañana del 1 de enero, o muy temprano el 25 de diciembre, para compartir con los trabajadores que estaban de turno. El ejemplo era clave en su forma de trabajar.
Como hijo de militar, el cumplimiento de las normas, reglamentos y formas preestablecidas le eran indispensable a la hora de relacionarse con sus pares y trabajadores. Claro que matizado con su educación ignaciana.

La sucesión se queda
Durante el encuentro anual del Consejo Superior Académico y de directores de la Universidad que se realizó en el Campus Las Tres Pascualas, precisamente en Concepción, a fines de enero pasado, fue él quien dio a conocer un detallado plan de inversiones para los próximos años, que consideraba mejoramientos en infraestructura y en capacitación, para responder al desafío de excelencia académica.
Estaba tan entusiasmado con este proyecto que en más de una ocasión comentó a sus cercanos lo feliz que se sentía por haber comenzado un desafío tan potente como el universitario. No por menos, la sucesión de Luis Ernesto Videla, integrada por su señora Ana María Velasco y sus hijos, será la de mantenerse en la sociedad que controla la Universidad –que integran además Alejandro Pérez, Andrés Navarro, los familiares de Marcelo Ruiz y Luis Cordero–. Será el padre del fallecido socio, Ernesto Videla Cifuentes, quien seguirá velando por los intereses de su nuera y nietos. El, en todo caso, ya formaba parte de la junta directiva de la San Sebastián.
Amigos y pasiones
El trabajo era su cara visible, pero su familia era su gran pasión. Este año Luis Ernesto Videla cumplía 50. Se sentía un afortunado con esta segunda etapa, como decía, que estaba viviendo. Estaba tranquilo, quería disfrutar como nadie con sus niñitas, confiesa un cercano.
Tenía calado en el alma el sentido del deber y era de los que tienen su trabajo y sus compromisos muy presentes. Pero su primera “prole” ya lo había visto trabajar demasiado. No quería repetir esa historia con su Anita y su Jesús.
Estaba dando muestras de aquello. El verano pasado fue un fiel reflejo. Le gustaba como a nadie su casa en Cantagua, aunque nunca le atrajo acercarse a la arena. Disfrutaba más leyendo un buen libro que en la playa. Pero este año fue distinto. El verano anterior se había operado de la columna y no pudo hacer demasiada vida familiar. Por eso, esta vez se esforzó todos los días por ir a la playa con sus hijas. Gozó viéndolas jugar en la arena y aunque, como comentó entre risas en más de una ocasión, leyó menos que otros años, ¡por Dios que lo disfrutó!
| Su presencia en el Transantiago |
| Pese a que la Universidad lo tenía 100% enfocado, en esta etapa de su vida Luis Ernesto Videla también estaba en otros proyectos. No sólo porque sus 20 años en el mercado del transporte lo hicieron ser un apasionado del mismo, sino porque las circunstancias lo llevaron a encontrarse con otro grupo de empresarios ligados a ese sector, que lo tenía fascinado. Se trata de Inversiones Alsacia S.A., la empresa de capitales colombianos que opera en Chile como una de las principales concesionarias del Transantiago. Fueron sus amigos Juan Antonio Guzmán y Ricardo Solari quienes le presentaron a Carlos Ríos, colombiano y principal accionista de la firma, y éste se “prendó” inmediatamente de Luis Ernesto Videla. “Yo lo invité como director de la compañía, pero para mí fue como una mezcla de gerente general y director. Tenía una gran visión empresarial y una conciencia enorme de todo tipo de detalles”, anota el propio Ríos al recordarle. Y hasta ese negocio llevó su esencia, su leit motiv: el cliente. “Cuando en los directorios nos poníamos abstractos, hablando del negocio duro, él nos aterrizaba y nos decía: a ver, a ver, ¿dónde cabe el usuario en esto? Nos traía de vuelta a la realidad”, reflexiona Ríos. Ambos tenían en carpeta negocios juntos. Y aunque Carlos Ríos prefiere no ahondar en el asunto, reconoce que “estábamos trabajando en un proyecto ligado al transporte, fuera del tema del Transantiago”. |
| Trabajadores de Lan crearon Facebook en su honor: "Yo trabajé, aprendí, y crecí con Luis Ernesto Videla" |
| Querido era este hombre. Al menos así lo reflejan los cientos de miembros que hicieron suya la página de Facebook creada por el vicepresidente para Norteamérica y el Caribe de Lan, Pablo Yunis, ignaciano y compañero de trabajo de Videla por años. Aquí recogemos algunos de ellos: Pablo Yunis: “amigo, motivador, sincero, inspirador, líder natural, gran futbolista, el mejor jefe, claro, perfeccionista, consecuente, alegre. Preocupado por su gente…”. Claudia Muñoz Cristi: “un gran hombre que el poder nunca lo hizo cambiar....siempre recuerdo esas reuniones donde nos presentaba los resultados y las metas... todos atentos a más no poder. Cómo olvidar cuando nos retaba como cabros chicos por la hora de llegada, él nos enseñó que aunque nos fuéramos tardísimo, igual debíamos llegar temprano”. Luisa Gómez Yáñez: “era la persona que siempre tenía la sonrisa y el trato amable para todos. Cómo olvidar las reuniones con su palm que a veces te ponía en aprietos recordándote lo que habías dicho hace meses...” Felipe Andrés Feres Serrano: “admiración... es lo que siempre voy a sentir por él. Un ejemplo de persona y líder a seguir... ¿Cómo lo hacía para acordarse el nombre de todos? ... Increíble”. Marco Núñez: “no era sorpresa que llegara a las 6 AM al turno de aeropuerto los 1 de enero o 25 diciembre. Siempre era el primero en llegar en contingencias. Cómo no recordar su capacidad de asociar cara con nombre, a pesar del tiempo”. Carole Johanna Pastorini Lacroix: “yo también trabajé, aprendí y crecí con Luis Ernesto Videla. Lo conocí en Lan y tuve el privilegio de seguirlo y compartir su sueño en la Universidad San Sebastián. Excelente líder, capaz de encantar a cualquiera con sus ideas, carismático, exigente, honesto, directo, preocupado de todas las personas que trabajaban donde estuviera. Para mí un verdadero Quijote, capaz de hacer posible lo inalcanzable”. Pilar Velasco Silva: “conocimos a Luis Ernesto cuando estaba en la universidad y pololeaba con la Anita, que tenía sólo 15 años. Ya en esa época era el más correcto y preocupado de todos los amigos que iban a nuestra casa. El Chino nos acarreaba en su mini café de una casa a otra, cargando con todos los hermanos Velasco. Lo recuperamos hace unos 7 u 8 años, él había crecido, como era de esperar, recto, comprometido, respetuoso, imbatible ante los problemas, y muy segurito. Fue un regalo tenerlo estos años en la familia... y para siempre... Nos dejó un montón de principios, su mirada optimista del mundo, su alegría y su famosa frase: ‘mira, yo te voy a decir una cosa...’”. |
| Palabras de Alejandro Pérez el día del funeral |
| “Fue un hombre exitoso, capaz de conseguir grandes logros Compartíamos valores, visiones y sueños. Y así, junto a un grupo de amigos comunes, nos comprometimos a unir nuestros esfuerzos para dar vida a un proyecto apasionante: transformar una universidad regional en una institución líder (…) Resultó una experiencia inolvidable. Conocí a un hombre lleno de atributos sobresalientes. Entusiasta, organizado, moderno, inteligente, líder y con una inagotable capacidad de trabajo. Son los atributos ideales de los ejecutivos que todo gran proyecto empresarial sueña tener. Por eso fue un hombre exitoso, capaz de conseguir grandes logros, y de pensar siempre en nuevos desafíos. En uno de sus famosos discursos, John Kennedy señaló que en el mundo hay muchos hombres que ven las cosas y al verlas se preguntan ¿por qué? Pero agregó que hay unos pocos que sueñan en cosas que no existen, y se preguntan ¿por qué no? Luis Ernesto fue claramente un hombre de este último grupo. Humanamente, conocí a una persona con una especial sensibilidad por los más débiles, por los más desamparados, por los más necesitados. Este fue un sello que caracterizó su gestión en la Universidad (…). Y en honor a nuestra amistad, los que seguimos en esta posta de la vida hemos comprometido nuestro esfuerzo en seguir adelante con el mismo entusiasmo para transformar ese sueño que tuvimos hace algunos años en una realidad (…)” |
| El plan para la USS |
| Cuando en 2007 Alejandro Pérez, Andrés Navarro, Marcelo Ruiz y Luis Ernesto Videla se hicieron cargo de la Universidad San Sebastián, proyectaron, con miras al 2015, un plan estratégico que apuntara a profundizar “una cultura de calidad en lo académico y administrativo”, como detalla un conocedor del plan quinquenal. De esa fecha hasta ahora, han comprometido, e ido concretando, inversiones por más de 100 millones de dólares, considerando el moderno edificio que construyeron en los ex terrenos del Liceo Alemán en el barrio Bellavista, en Santiago, además de las mejoras programadas para las sedes de Concepción y Osorno, las que se verán algo retrasadas a raíz del terremoto. La USS nació en Concepción y hoy tiene sedes en Santiago, Concepción, Valdivia, Osorno y Puerto Montt. Para este año la proyección de alumnos se empina a 20 mil. En carpeta tienen proyectada una nueva sede en Santiago, en los terrenos del colegio Santiago College, en pleno barrio Providencia de la capital, los que les serán entregados una vez que el establecimiento educacional concrete su partida a La Dehesa. También tienen considerado seguir ahondando en la alianza deportiva que acordaron con Iván Zamorano para el uso de su club deportivo en Santiago y trasladar la experiencia, de la mano del ex futbolista, a regiones. |