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Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas Luis Cordero.“La obsesión por el tamaño hirió el alma de la UDI” |
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Artículo correspondiente al número 230 (13 al 26 de junio de 2008)
-¿Esta presunción de honorabilidad se debe extender a todos sus cercanos?
-Conociendo su rigurosidad moral, si Lavín dice que pone las manos al fuego por su yerno eso debería bastar y lo digo yo, que no estoy en el círculo de sus incondicionales. Creo que le hace mal a la política que se mire para el lado y que nadie se atreva a dar testimonio. Y pensaría lo mismo si se tratara de René Cortázar, porque creo que el país necesita gente como ellos. Yo te puedo asegurar que si en vez de Cortázar hubiera otra persona a cargo del Transantiago, toda la gente que sufre día a día con el transporte ya se hubiera sublevado en masa. No tengo la menor duda de que la gente humilde tiene especial sensibilidad para reconocer la calidad moral de las personas. Habla mal del mundo político cuando no se defiende a las personas honradas.
-¿No le parece que el gobierno y muchos políticos de la Concertación le han hecho bastante cariño a Lavín y al propio Longueira en el último tiempo?
-El gobierno, astutamente, siempre trata de dividir. El nivel de corrupción al que se ha llegado bajo los gobiernos de la Concertación es intolerable, y no sólo pierde la democracia, sino que siempre los más perjudicados son los pobres. Si corrupción y política terminan siendo sinónimos, la gente decente y los jóvenes la van a descartar o abandonar y el país va a quedar en manos de los peores.
-A Hernán Larraín –se dice– siendo íntimo de Guzmán, le costó mucho ser “aceptado” en el núcleo dirigente, ya que durante mucho tiempo se dedicó primero a la universidad y a la enseñanza y tuvo que hacer méritos partidarios por más de una década. Luego, cuando llega a la presidencia del partido, terminan haciéndole la vida imposible. ¿Qué indica esto?
-Veo a Hernán muy solo, abrumado y superado por todo lo que le ha tocado vivir; no conozco las razones que llevaron a instalarlo como presidente, pero una cosa muy digna de rescatar de su gestión es su noble contribución a la causa emprendida por Carlos Larraín para construir una Alianza fuerte, sólida y convincente como fuerza de apoyo para el próximo gobierno de Sebastián Piñera. Además, desde el punto de vista de nuestro sector, es providencial que este momento de debilidad de la UDI coincida con el buen momento de RN y con la presidencia de Carlos Larraín, porque su gestión ha sido brillante.
-¿Qué tan compartidas son sus críticas al interior de la UDI?
-Yo creo que es muy fuerte la sensación de que se ha perdido el rumbo, pero creo que al final el partido va a fortalecerse con esta elección interna, y estoy seguro de que el candidato que gane va a ser el que levante con mayor entusiasmo la vuelta al proyecto original.
-¿Coloma o Kast?
-No conozco sus discursos, pero creo que son candidatos de lujo.
-¿No da la razón entonces a que es bueno que haya elecciones en los partidos?
-Está claro que en este momento sí: precisamente, para decantar las fuerzas. En la UDI no todos van para el mismo lado y estas elecciones van a clarificar el proyecto y transparentar a aquellos que apartan al partido de su camino. Tengo la convicción absoluta que va a ganar la presidencia de la UDI el que sea más genuinamente guzmanista, el que sea más fiel al discurso y las posturas fundacionales.
-¿Cabría esperar una UDI que involuciona y que se vuelve más reaccionaria?
-No hay nada más de avanzada que enfrentar a los poderosos para exigirles que cumplan su rol social y el compromiso con los pobres.
-¿Cree que la figura de Guzmán, con toda la carga de identificación con el gobierno militar, siempre suma?
-Siempre, así como a la DC siempre le suma Frei Montalva.
-¿Qué reparos ha recogido de parte de la juventud para entrar en política, comparando los 70 bajo Pinochet, los 80 y los 90?
-A fines del gobierno militar el problema de los derechos humanos jugó muy en contra de que la gente joven se entusiasmara con nuestro sector, y el equivalente actual es el tema de la corrupción. Pero ahora nos juega a favor, porque la gente está cansada de las injusticias y de los abusos, y de ver que el país está más rico que nunca y que la educación, la salud y el transporte siguen igual de malos.
-No se ve que la derecha capitalice ese descontento, y las demandas de los jóvenes no reflejan precisamente el proyecto de la Alianza…
-La centroderecha no capitaliza el descontento porque, en general, está dedicada a hacerle el juego a la politiquería del gobierno y de la Concertación, y no levanta su proyecto verdadero. Yo puedo asegurar que un partido que diera un testimonio resuelto y convincente en contra de la corrupción tendría un apoyo impresionante, pero no es la prioridad.
-¿Por qué entonces la política del desalojo, como se le ha llamado, pierde en las encuestas frente a la de los acuerdos?
-Allamand está muy cerca del discurso que necesita nuestro sector, pero lo vendió mal cuando acuñó el nombre de desalojo, porque la forma se comió al fondo. Basta con dar testimonio con convicción y actuar sostenidamente conforme a eso, pero hay en la política de hoy un vértigo por el marketing y eso daña conceptos valiosos, porque no tengo ninguna duda de que Allamand dio en el clavo y la reacción del gobierno así lo confirma.
-¿Cree que el futuro es auspicioso para la Alianza, aun cuando sus propios dirigentes se muestran muy recelosos de lograr un buen resultado en las elecciones municipales?
-Creo que el futuro es muy auspicioso para nuestro sector. Renovación Nacional se ha estabilizado en un nivel de madurez espléndido e infunde confianza a un sector importante del electorado y la UDI va a volver a ser una contribución enorme. Yo tengo el privilegio de estar cerca de los jóvenes y muy pocas veces me he equivocado en un pronóstico político. Estoy convencido de que nuestro sector va a llegar a la presidencia porque, a diferencia de anteriores elecciones, la sensación de que la Concertación no da para más no tiene vuelta. Además, Piñera es un gran candidato y no tengo la más mínima duda de que la UDI se va a cuadrar con él. La gente nuestra nunca le atina para dónde van las cosas, de manera que si ahora se sienten perdedores, lo más seguro es que al final ganemos.![]()
| Experiencia de pobreza |
Lucho Cordero proviene de una familia de clase media y cuando dice que lo absorbe mucho su trabajo explica que a él le cuesta más porque no tiene profesión. Su padre y abuelo eran mueblistas y ambos murieron muy jóvenes. Luis se hizo cargo del taller de su padre cuando se encontraba estudiando en segundo año de Derecho y, siendo el mayor de los siete hermanos Cordero Barrera, tuvo que abandonar la carrera para hacerse cargo de la familia. Por el lado materno se emparentaba con los Valenzuela Llanos, dueños en algún momento de tierras en Colchagua, pero ya a la altura de la generación de su madre no quedaba nada. Al salir del colegio, entró a estudiar Historia al Pedagógico. Siempre quiso ser profesor, pero los acontecimientos darían un giro inesperado cuando, en pleno 1970, tuvo la mala idea, dice, de reconocer frente a algunos compañeros que apoyaba la candidaturade Jorge Alessandri. Al día siguiente empezó a ver en los muros lecturas como “Cordero fascista” e inocentemente pensaba en la mala suerte de llevar el mismo apellido que el fascista ese... Sin embargo, el rumor de que había un alessandrista estudiando en el pedagógico, toda una rareza, llegó a oídos de Jaime Guzmán, quien al captar de quién se trataba, inmediatamente lo instó a cambiarse a estudiar Derecho en la Universidad Católica. En 1983 Cordero se convirtió en uno de los fundadores de la UDI, donde formó, junto a Maximiano Errázuriz y Alfredo Galdames, el Departamento Poblacional. Pero un año después estaban absolutamente desbordados por el éxito de la iniciativa y fue ahí cuando se le encomendó la tarea a Pablo Longueira. En 1989, Cordero fue candidato a diputado por Conchalí, con el compromiso de que si perdía no iba a seguir dedicado tiempo completo a la política. Casi veinte años después, Cordero dice que empezó a despegar económica y profesionalmente el día en que perdió. “Tuve la extraordinaria suerte de que un grupo excelente de ingenieros, como Marcelo Ruiz, Ignacio Fernández y luego Andrés Navarro, Alejandro Pérez y otros se hayan compadecido de mí y aceptado en su núcleo. He tenido una vida laboral llena de satisfacciones”. |