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Reportajes y Entrevistas
Los Undurraga. Nueva vida y nueva viña

Artículo correspondiente al número 225 (4 al 17 de abr 2008)

 

Hace dos años vendieron la viña que lleva su apellido: una decisión difícil si se considera que con ese acto cortaban con 120 años de historia familiar. Pero el amor por la tierra y el vino pudo más. Hoy, Alfonso Undurraga Mackenna y sus hijos Alfonso, Cristóbal, Max y Rebeca están de vuelta en las vendimias, con una nueva viña más pequeña pero con la cual esperan pellizcar la uva a muchos competidores. Por Sandra Burgos; fotos, Gabriel Pérez.



Hace dos años la familia liderada por Alfonso Undurraga Mackenna (69) tomó una de las decisiones más dolorosas de su vida: salirse de la viña que habían fundado sus antepasados, cinco generaciones antes, hace 120 años.

No fue una determinación fácil, porque ceder los dejaba como perdedores en uno de los mano a mano empresariales más comentados por esas fechas. Los Undurraga habían decidido no soltar prenda, entre otras cosas, porque estaba en juego su apellido. Incluso, cuando los problemas de convivencia se hicieron menos llevaderos, se acercaron a la familia liderada por el colombiano Rafael Picciotto –sus socios por cerca de 20 años–, y les ofrecieron comprar el 46% que tenían en la compañía… Pero las cosas se dieron vuelta y los Picciotto aparecieron con José Yuraszeck, quien terminó adquiriendo el 43,6% de los Undurraga.

 

Hoy, cuando ya han pasado dos años desde aquel trago amargo, conversamos con los Undurraga, quienes nos contaron lo que significó para la familia desprenderse de la viña, de qué forma dieron vuelta la hoja y cómo por estos días se están reinventando en un nuevo proyecto vitivinícola, que verá sus frutos a fines de este año.

 

Un corte doloroso

 

Hace 40 años, Alfonso Undurraga Mackenna tomó la administración de Viña Undurraga. El noveno de doce hermanos, heredaba así una tradición familiar de cuatro generaciones, que comenzó en 1885 y que más tarde consolidó su padre, Pedro Undurraga Fernández, quien había ido comprando a primos y hermanos sus participaciones, hasta quedarse con el control de la viña.

 

No fue una tarea fácil para este Undurraga. En las cuatro décadas que estuvo en la viña la vio crecer y luego desmoronarse, producto de la crisis de los 80, que la dejó al borde de la quiebra. Como comentan hoy sus hijos Alfonso y Cristóbal Undurraga Marimón, el patriarca “aperró” y logró salir de la crisis… aunque no sin pagar un costo que años más tarde le terminaría por pasar la cuenta. Fue en ese salvataje cuando Undurraga conoció a Rafael Picciotto, un empresario colombiano con intereses en el área de la distribución de licores, a quien le pareció buena idea ingresar a una viña con tradición y nombre. La figura era simple: se firmaba un pacto por el que los Undurraga, a pesar de no tener la mayoría accionaria, mantenían el derecho a administrar y a visar cualquier aumento de participación de los Picciotto.

 

La alianza parecía perfecta, la compañía siguió creciendo y aumentando sus volúmenes hasta alcanzar exportaciones por un millón de cajas en 2005 y, lo más importante, consiguiendo cifras azules.



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