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Artículo correspondiente al número 225 (4 al 17 de abr 2008)
Pero pese a esa experiencia casi mística, un buen día lo llamó el mítico Aurelio Montes para invitarlo a participar como enólogo en un proyecto en Argentina, la Viña Kaikén, que en ese minuto ni siquiera tenía nombre. “Me dijo: te invito a hacer la vendimia, haces los vinos, trabajas seis meses y ahí vemos. Acepté con la intención de conocer otro terroir, otra filosofía de vida”. Partió a Mendoza y lo que era un proyecto de seis meses se transformó en una tarea de cinco años. Su hermano Alfonso comenta que se repetía la historia, ya que cuando Montes salió de la universidad, su padre lo convidó a la Viña Undurraga, donde trabajó por cerca de 12 años.
Desde Mendoza, Cristóbal fue testigo del doloroso trance que vivía su familia en Santiago con Viña Undurraga. Dice que no estaba en sus planes volverse a Chile, pero que los acontecimientos se fueron dando de tal forma que sintió que debía estar acá junto a su padre y hermanos para lo que pudiera venir… Así comenzaba a tomar forma la nueva aventura vitivinícola de los Undurraga.
Cuando vendieron su participación en la viña, vino para esta familia un proceso de transición que significó la salida gradual de los Undurraga de la empresa. Tomaron la decisión de vender a fines de febrero de 2006 e inmediatamente salió Alfonso hijo, quien ocupaba la gerencia comercial. Su padre siguió en ella hasta que recibió el pago por sus acciones, mientras que su hermano Max, que era el gerente de administración y finanzas, fue el último en entregar las llaves.
Una vez fuera, vinieron las interrogantes sobre qué hacer. Alfonso hijo comenta que una de las opciones era comprar una bodega más grande. “En algún momento se analizó y vimos hartas, incluso estuvimos en conversaciones muy serias con un par, pero al final siempre topábamos, ya que empezamos a ver que los precios que estábamos dispuestos a pagar se alejaban mucho de lo que la gente quería recibir”.
Ante eso, Alfonso Undurraga Mackenna reunió a toda su familia (siete hijos) para deliberar y, juntos, decidieron iniciar un nuevo proyecto familiar, pero a menor escala y más exclusivo. “Dijimos no perdamos más el tiempo y lancémonos con un proyecto solos”. Así fue como nació Bodegas y Viñedos Alfonso Undurraga Mackenna.
La familia venía hace un tiempo viendo un terroir en Chile. Cristóbal explica que tanto él como su hermano Alfonso y su padre –incluso cuando estaba en Undurraga–, tenían en la cabeza hacer un proyecto premium.
No tuvieron que esperar mucho. En agosto de 2006 salió un campo a la venta en Los Lingues, al cual Alfonso Undurraga Mackenna ya le tenía echado el ojo. “Estaba ubicado en una zona que venía sonando mucho. El campo era alucinante, había mucha gente del rubro, grandes players de la industria estaban detrás de este campo, el cual gracias a Dios es nuestro hoy día”, señala Alfonso hijo.
En la competencia por comprar el campo estuvieron hasta febrero de 2007, periodo que les permitió comenzar a desarrollar el nuevo proyecto de marca Premium. Previo a la compra del campo hicieron todos los estudios de terroir y vieron que había un gran potencial para obtener lo que querían: un vino con identidad propia. Así comenzaron a elaborar el concepto de viña de casa, de château.
El nombre definitivo aún no lo tienen definido, ya que si bien están manejando tres marcas, el proceso de patentar los nombres en los distintos mercados a los que quieren llegar con sus exportaciones es lento. Por eso, las proyecciones son tener en dos meses el nombre, para salir a fin de año con los primeros vinos. Tendrán dos líneas: una top Premium y otra clásica de reserva, ya que la idea es alejarse del volumen.
Alfonso explica la apuesta: “Chile ya se posicionó con buenos vinos y baratos, así que creo que, como están las cosas, se ha demostrado que nuestra decisión por lo Premium es buena. Hoy es difícil vivir con vinos de 30 dólares (la caja), nosotros estamos apostando a 50 y 60 dólares, donde los volúmenes son más chicos pero sí tienes bastante más aire para aguantar los vaivenes del tipo de cambio”.
Cristóbal precisa: “¡50 o 60 dólares para empezar!” y agrega que su idea es contar con lo que él denomina “un jardín de variedades”, donde convivan cabernet sauvignon, syrah, carménère, malbec, petit verdot, tempranillo y mourvèdre.
“Lo que busco es tener mayor complejidad en mi cocina, tener todas las especies diferentes para poder lograr un producto más interesante. Hay una mezcla entretenida para apuntar a esta nueva línea sobre los 60 dólares”, agrega el enólogo.
La producción de los Undurraga será ensamblaje de tintos. Lanzarán este año un cabernet y un syrah en la línea clásica, reserva. En la línea top Premium, será un cabernet con un 15% de juego con distintas cepas, para lograr un producto distinto. “Quiero que digan que este es un cabernet diferente”, comenta Cristóbal.
En un primer momento, se concentrarán sólo en tintos, aunque los hermanos tienen un proyecto para blancos en carpeta, algo que proyectan a “largo plazo, aunque ya tenemos visto el campo”, señalan.
El nuevo proyecto tiene a Alfonso Undurraga Mackenna con un entusiasmo renovado. Cristóbal, quien trabaja el día a día con él, señala que su padre ha vuelto a nacer. “Lo he visto súper contento y cada vez que mira el campo me dice: pensar que hace un año y medio no teníamos nada y hoy tenemos el campo, ideas nuevas. Tiene tanta energía que hoy no tiene ni secretaria. Incluso es él quien va al banco y hace los sobres para pagar a los trabajadores. Eso es notable. Imagínate, él pasó de presidente de la Viña Undurraga, de las grandes decisiones, a este nuevo proyecto. Es un cambio potente para alguien que trabajó 40 años en lo mismo y que fue capaz de sobreponerse a crisis súper complejas. Haber pasado por todo eso, haber visto resurgir su empresa, hacerla exitosa y luego haberla tenido que vender es como para caer en depresión. Pero no lo hizo y de hecho, este proyecto ha sido para el papá una inyección de energía”.
En el nuevo plan trabajan a tiempo completo el patriarca del clan en la parte administrativa y Alfonso, que está empezando a sumarse a la parte comercial, especialmente ahora que los vinos están por salir.