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Artículo correspondiente al número 261 (17 de septiembre al 1 de octubre 2009)
La fiebre deportiva se apodero de Rapa Nui. Mas allá del anecdótico partido entre Colo Colo y la selección local, en la Isla se instalo el interés por explotar el potencial físico de los pascuenses en el rugby. Lo que partió como la iniciativa personal de un “conti”, hoy es un “experimento” que muestra sus primeros frutos. Por Paula Vargas.
Parece obvio que, como herederos de una estructura física similar a la de los maoríes en Nueva Zelanda, los pascuenses no podían sino emular a los All Blacks, la mejor selección de rugby del mundo. Pero por obvio que parezca, antes había que comprobar la teoría, que fue justamente lo que se propuso Gonzalo Silva al partir hace seis años a Isla de Pascua, con dos pelotas desinfladas y una mochila al hombro, a predicar su deporte favorito, que siempre practicó con gran devoción.
Tras vender su agencia de publicidad (Publiart), un buen día Silva se acordó de un pascuense (Matías Riroroko) con el que tiempo atrás había conversado sobre el potencial físico de los nativos para este deporte. “Siempre me quedó dando vueltas ese tema y como tenía tiempo decidí dedicarme a esta idea de llevar el rugby a Isla de Pascua. Compré dos pelotas desinfladas y me fui a casa de Matías”, recuerda.
Lo primero que hizo al llegar fue pedirle a Riroroko que lo llevara al colegio local. Allí su primera impresión no fue de las mejores, ya que no sintió gran acogida. “Pero de inmediato esa sensación quedó atrás, en especial cuando, pese a la parada defensiva con que me recibieron, un niño me dijo: tío, ¿inflemos las pelotas?... Ese fue mi primer acercamiento”.
Al poco rato, dice, se percató de la habilidad innata de estos adolescentes para manipular el balón ovalado. Algo bastante sorprendente en personas que nunca antes habían tenido en sus manos una pelota de esas características. “Ahí dije: aquí pasa algo raro y me acerqué al profesor de deporte del liceo y le ofreció hacer clases a estudiantes de tercero medio”.
Silva se quedó diez días en Rapa Nui impartiendo clases a los de octavo año en adelante. Al poco tiempo había logrado reunir a una pequeña fanaticada... claro que sin dejar 100% de lado cierto recelo de algunos nativos, que temían que, como en otras cosas, el asunto quedara en puras promesas.
Asunto de confianza
Consciente de eso, Gonzalo Silva se preocupó de diseñar un plan de largo plazo. De vuelta en Santiago, se acercó a conversar con la Federación Nacional de Rugby y al cabo de un tiempo logró que en tres ocasiones viajaran entrenadores y amigos por varias semanas a encargarse de formar monitores y, así, comenzar la difusión del deporte en la isla. El programa duró un par de años, aunque sin el éxito esperado. “Avanzábamos muy lento. Me di cuenta de que necesitábamos un entrenador más permanente si queríamos lograr algo más”.
Así fue como tomó contacto con las autoridades municipales para compartir los costos de traer un entrenador profesional. Silva contrató al jugador Carlos Morandé, quien arribó a Rapa Nui en 2007 y en sólo un par de meses logró avances sorprendentes. “El nivel de juego se elevó tremendamente. Pero como había que continuar potenciándolo, pensamos en un intercambio de chicos de la isla al continente”.
Había que buscar una institución y un hogar que los albergara y el primero en aceptar fue el Craighouse, colegio en el que Silva había entrenado. El primer muchacho de intercambio fue Vaikava Tuki, quien en pocas semanas se ganó un lugar en el primer equipo de su categoría.
La experiencia fue tan buena, que ese mismo año Silva organizó una gira con varios adolescentes de Rapa Nui para participar en festivales de rugby en colegios británicos de Santiago y Concepción. El año pasado se replicó el programa de entrenamiento, nuevamente con Carlos Morandé a la cabeza, pero esta vez el intercambio se amplió a un mayor número de estudiantes (8), todos los cuales terminaron jugando en los equipos de primera de los respectivos colegios en que arribaron; entre ellos, el Craighouse, el Mackay y el Redland.
El entusiasmo generado por este intercambio fue tal, que la despedida convocó a cientos de personas, entre alumnos, profesores y padres de familia. Para qué hablar de los lazos que continuaron manteniendo con ellos, a tal punto que ese mismo año cerca de 30 familias decidieron conocer Pascua a partir de este acercamiento. Por otra parte, en la isla también hubo un reconocimiento. Sus autoridades decidieron incluis al rugby entre los tres deportes estratégicos del lugar, junto con el canotaje y el fútbol.
Grandes ligas
Más allá del desempeño deportivo, notable también ha sido la contribución que ha hecho esta práctica a la vida de estos jóvenes. Comentado es en la isla el cambio de actitud de muchos que pasaron de jóvenes introvertidos a ser mucho más comunicativos.
De ahí también el interés de este ex rugbista por impulsar nuevas iniciativas. Junto con la municipalidad de Rapa Nui están potenciando una Corporación de Deportes, mientras en el continente es el principal promotor de la isla para atraer a los mejores equipos de rugby a realizar sus prácticas en ese lugar.
Paralelamente, este año –y por tercer período consecutivo– continuó el programa de intercambio y en los próximos días traerá un equipo intermedio isleño. Esta vez, serán 14 niños los que jugarán en diferentes colegios de Santiago, Curicó, Concepción y Viña del Mar.
Con todo, las metas de Silva son aún más ambiciosas. Su idea es que estos chicos integren en los próximos años la selección nacional de rugby y en la cancha puedan realizar su tradicional Hoko (baile pascuense, similar al Haka, el grito de guerra de los maoríes). “Mi idea es darle una nueva cara al rugby en Chile. Hacer algo así como lo que sucede con los maoríes en Nueva Zelanda… En este caso, los isleños tienen todas las condiciones, partiendo por la forma de juego y las garras para plantearse en un partido”, subraya.