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Artículo correspondiente al número 268 (24 de diciembre de 2009 al 28 de enero de 2010)
Para Pedro Güell es necesario separar los miedos sociales de los familiares. En el primer ámbito, el temor al caos político “es atávico en la sociedad chilena, bastante característico en relación a otros países.
Tenemos más miedo, pero probablemente también sea uno de los cambios más de fondo que hemos experimentado, al irse debilitando con la experiencia de 20 años de estabilidad democrática”.
A nivel familiar, en tanto, “el primero temor es a las enfermedades, seguido por la delincuencia, que la familia se vea atacada. También hay miedo a que los hijos entren en conductas desviadas como la delincuencia y la droga, y al fracaso escolar. Finalmente, hay miedo a la pérdida del trabajo y del círculo social; es decir, a no tener con qué enfrentar las responsabilidades y a quedarse solo”.
Rodrigo Moreno
Lo atroz de la guerra
Para el historiador Rodrigo Moreno, una cosa interesante de considerar es que el miedo a la guerra en Chile “no es tan fuerte como lo viven los peruanos. En Lima hay un temor evidente hacia las posibilidades de que un conflicto se vuelva a dar. En Chile, sin embargo, son los sectores económicos los que miran con temor dicha posibilidad... Es decir, aquellos que están vinculados a las relaciones comerciales, los inmigrantes”.
Agrega que este miedo tiene más peso en Perú, porque fueron invadidos. “Y ese es un factor psicológico que nosotros felizmente no hemos experimentado. Cuando un país es invadido, y no por meses, sino que por dos años, los temores obviamente son mayores”.
Roberto Méndez
Miedos autoflagelantes
El presidente de Adimark Gfk, Roberto Méndez, considera revelador que la mayor insatisfacción de los chilenos sea la falta de tiempo de ocio. Probablemente, dice, esto confirma que los chilenos están sobrecargados y sobrededicados al trabajo y carecen de una buena calidad de tiempo libre. Cree que lo anterior se ve reforzado porque el mayor temor de las personas es a no tener éxito. “A pesar de ser una cifra razonable (34%), es más alto que no tener ingresos. Eso es consistente con la falta de tiempo libre”.
Alfredo Jocelyn-Holt
La política de miedo
Al historiador Alfredo Jocelyn-Holt le llama la atención la confianza de los chilenos frente a instituciones como la Iglesia Católica y las Fuerzas Armadas, ya que a su juicio ello no se condice con la modernidad. “Es una sociedad sumamente autoritaria en ese plano y sumamente liberal y moderna en otros”, explica.
En lo que se refiere al alcance político del sondeo, dice que “es una encuesta que por Dios que le gustaría al comando de Piñera, porque los favorece en las cosas críticas de la sociedad. Pero hagamos esta encuesta en cuatro años más con Piñera y garantizo que los resultados van a ser exactamente iguales”.
Enrique Opaso
La muerte y su misterio
El párroco de Reñaca, Enrique Opaso, señala que más allá de los miedos asociados a lo laboral y familiar, “hay otro temor que es bien constante: la seguridad. La gente se siente indefensa, vulnerada”. En materia religiosa explica que los chilenos no sienten temores asociados a la salvación. “La muerte misma es un fenómeno que a mucha gente le causa miedo, pero es un miedo que se reviste con un ropaje de esperanza, porque estamos llamados a la vida plena. El misterio de la muerte es bastante insondable en la gente, tremendo”.
Ramón Florenzano
De fobias y patologías
El psiquiatra Ramón Florenzano explica que, desde el punto de vista de la psiquiatría clínica, los chilenos tienen temores normales, pero también otros, patológicos. Entre estos últimos se cuentan fobias y temores como a hablar en público, al rechazo social, a hacer el ridículo. De ahí que sea tan potente el deseo de tener un ambiente lo más estable posible, porque cualquier disrupción desata la tormenta del miedo y el temor a estar en situaciones que repentinamente nos hagan pasar un mal rato.
| Los miedos de la modernidad Ni las protecciones sociales del ámbito público ni el éxito individual impiden que los temores y los miedos nos manejen la vida. Por Martín Rodriguez. |
En el emergente mapa de la modernidad chilena, surgen oportunidades y riesgos para todos quienes se posicionan frente a la pregunta por el futuro. En este recorrido, que abarca más de 25 años, y tras un duro aprendizaje, chilenas y chilenos hemos trabajado nuestras incertidumbres, primero, en el ámbito político, luego en el económico y, recientemente, en el de las relaciones personales. Sin duda, las estrategias de reducción de incertidumbre han permitido que aprovechemos las oportunidades y nuestras fortalezas colectivas e individuales. Hemos avanzado desde desafíos colectivos hacia planos cada vez más individuales. Pero ni las protecciones sociales del ámbito público ni el éxito individual impiden que los temores y los miedos nos manejen la vida. De este modo, las aprensiones se visten de vulnerabilidades, de falta de reconocimiento, de incapacidades, de sospechas. Pero de entrada pareciera que las estrategias de reducción de incertidumbre que hemos adoptado no estarían tan mal. Nos percibimos mayoritariamente felices. Y dos tercios de la población consideran que en el último año su situación económica se ha mantenido o ha mejorado. Las personas también manifiestan tener altos niveles de satisfacción familiar, en temas de salud, así como en su vida de pareja. Quienes pertenecen a los grupos altos se perciben satisfechos con sus estudios y el barrio en que viven. Los grupos bajos, en cambio, expresan estar poco satisfechos con sus sueldos y lugares de trabajo. Pero hay un aspecto en el que todos estamos poco satisfechos: en nuestros tiempos de ocio. La paradoja es que, frente a la pregunta de si somos felices, decimos que sí; pero al mismo tiempo parece que no sabemos pasarlo bien. Y comienzan a surgir aprensiones frente al desarrollo. No deja de ser particular que en este gobierno denominado de protección social –y con un 80% de aprobación a la presidenta– existan pocas áreas donde las personas se sienten protegidas. Donde se sienten menos protegidas son en la justicia y en el medioambiente, siendo en este último el aspecto que creen van a estar menos protegidas a futuro. De hecho, en los temas mundiales con incidencia país, existe temor frente a las amenazas que sufre el medioambiente, particularmente por el calentamiento global. Cuando les preguntamos por los temores que han sentido el último tiempo, surge en primer lugar el de ser asaltado y, a continuación, al abuso de poder. Es interesante señalar que en los grupos altos este último es más fuerte que en el resto. En el plano estrictamente personal, el principal temor de los segmentos altos y medios es a no tener éxito. En los grupos sociales bajos, en cambio, se teme sobre todo a la soledad y a deprimirse. En el ámbito de la vida cotidiana, el principal temor de los grupos medios y bajos es a enfermarse; pero en los grupos altos, es a que no les alcance para vivir. Está claro que el dinero no hace la felicidad. ¿Y dónde están las personas a las cuales sentimos temor? En primer lugar, están en la calle y en segundo lugar, en la política. ¿Y si no consideramos la calle ni la política? Entonces, las personas le temen más que a nadie al comportamiento de jueces y empresarios. La variedad de miedos que sienten los chilenos es amplia. Existen temores transversales y otros exclusivos de grupos sociales. Muchos se revelan como desafíos pendientes para las políticas públicas y el accionar de los privados. Pero como sea, lo innegable es que son los miedos instalados en el corazón de la modernidad que nos guía. |