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Artículo correspondiente al número 268 (24 de diciembre de 2009 al 28 de enero de 2010)
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Desde el más aca
Un ejercicio dialéctico para desentrañar los miedos metafísicos y tangibles que estremecen el alma de Chile y los chilenos. Por Sergio Melnick y Patricia Arancibia C. fotos, Verónica Ortiz.
LA ENTREVISTA QUE NO FUE
Llegué a las 9.30 hrs. a la oficina de Sergio Melnick con el fin de entrevistarlo sobre el miedo en los chilenos. La cita estaba programada por una hora pero, como en la canción de Joaquín Sabina, nos dieron las dos y las tres y las cuatro y seguíamos hablando de “esa perturbación angustiosa del ánimo causada por un riesgo o daño real o imaginario”, como lo precisa descafeinadamente el diccionario. Pero, cualquiera lo sabe, el miedo es cosa viva, y su fría definición, al menos en este caso, apenas ofrece un pálido reflejo de su fuerza, la que puede llegar a paralizar la voluntad e incluso acarrear la muerte.
Así –entre cafés, té verde y rojo, jugos de limón con cáscara y algo de fruta– nos paseamos entre las distintas categorías del miedo, divagando sobre sus causas y consecuencias y recordando las experiencias vividas, leídas, oídas y soñadas. Un viaje fascinante, debo añadir, tanto por las sorpresas que depara pensar el tema como por la calidez de mi interlocutor, todo un personaje.
Melnick es un hombre de talento y con talentos. Creativo, innovador, capaz de relacionar el todo con las partes, de diferenciar conceptos de realidades, de distinguir la forma del fondo, de pensar y sentir con el otro y para el otro. Después de un intenso diálogo de más de seis horas, Sergio –un conversador por excelencia– me dijo, así sin más: “te propongo que dejemos de lado el formato habitual y convirtamos esta conversación en algo distinto. Y veamos qué sale de todo esto”... Me encantó la propuesta y pusimos manos a la obra.
A Melnick le gusta pimponear ideas y navegar por ellas. Tiene una mente clara, ordenada, y utiliza con precisión el lenguaje; es decir, sabe pensar. Un dato importante: no nos conocíamos, pero sin duda fuimos amigos en otra vida. Quizás lo seamos en la próxima, porque con él todo es posible.
LOS MIEDOS HUMANOS
Ni los avances prodigiosos de la ciencia y la tecnología han logrado eliminar los miedos humanos. Están directamente conectados a los instintos y no se dejan domesticar por las normas de urbanidad ni por imperativo moral alguno. Surgiendo desde la zona oscura de nuestra naturaleza, de un zarpazo pueden transformar en segundos la conducta del tipo más templado en un comportamiento muy distinto, inesperado, irracional.
La gran mayoría de las personas tiene algún tipo de miedo o de temor. Algunos son miedos metafísicos, como el que se tiene a Dios, misericordioso ta cierto punto vinculado a ese, está el miedo a la muerte, o más bien a lo que sucederá después de esta vida. También causa miedo la posibilidad de sufrir una de esas enfermedades que roen dolorosamente el ego porque nos degradan, haciéndonos dependientes y dignos de lástima. Y en un plano más doméstico, algunos tenemos miedo de enfrentar a personas desconocidas, a hablar en público, a las alturas, a los animales o a los insectos, a volar, a la soledad, a la oscuridad y a un largo etcétera. Por cierto, la pobreza, la violencia, el cambio, las pérdidas, el rechazo, la crítica aguda o el ridículo son otros factores de miedo. ¡Y la vejez…! Una nube negra para muchos. Hay otros miedos más sutiles, como el miedo al compromiso o a decir lo que verdaderamente se piensa…
El miedo es una emoción causada por la toma de conciencia de estar frente a un peligro. Algunos tienen base en la realidad. Otros son imaginarios o de otra especie, pero todos liberan una descarga de energía que probablemente sea una reacción utilitaria, de legítima defensa, frente a la percepción de una amenaza.
A pesar de su carácter natural, los miedos se ocultan. Se los asocia a cobardía, a algo vergonzoso, pese a que nadie está exento de ellos. Además, los miedos no sólo son de carácter individual. Se pueden transformar en colectivos, se expanden, se multiplican y pueden llegar a desestabilizar a una sociedad cuando destruyen la confianza en el otro o en las instituciones.
LOS MIEDOS Y EL BICENTENARIO
Se acerca el Bicentenario y resulta interesante preguntar a qué le tienen miedo los chilenos. No es un tema baladí, porque las respuestas posibles nos pueden ayudar a saber cuán inseguros somos y cómo y por qué actuamos de determinada manera. También es oportuno saber si tenemos miedos políticos, sobre todo en este período marcado por un importante proceso electoral.
–Yo partiría –dice Sergio– aclarando términos y diferenciando miedo de temor. En Chile, nuestro mapa está lleno de contradicciones conceptuales y por ello nos equivocamos tanto. Por ejemplo, Estado no es lo mismo que gobierno. Eso hace muy confusas las actuaciones de los políticos y a veces erróneas las políticas públicas. Cuando Frei dice que quiere “más Estado” no está claro si realmente quiere más gobierno o más Estado. Paradójicamente, mientras más fuerte sea el Estado, hay más autorregulación y por ende se requiere menos intervención del gobierno. ¿Será eso lo que quiere Frei? De la misma manera, nos equivocamos cuando hacemos equivalentes miedo y temor. Son categorías distintas.
-¿En qué se diferencian?
-Es un tema complejo. El miedo es un sentimiento frente a lo que desconocemos. Tenemos miedo de entrar a la selva, a la oscuridad o a la muerte, mientras que el temor, siendo igual de amenazante, se percibe más como asociado a la violación de una norma legal, social o cultural conocida. El castigo es entonces previsible. Se tiene temor a no hacer las tareas, porque sabemos que tendrá una punición; temor a cruzar con luz roja, porque nos pasarán un parte; temor a no pagar las cuentas, porque iremos al Dicom… temor a no llegar al trabajo, pues nos pueden echar, y así suma y sigue… Otra categoría aledaña es el terror, que puede desatarse por miedo o temor siendo su consecuencia el pánico, contagioso como la peste.
-Además, existen otros estados emocionales que se vinculan o contienen elementos del miedo y del temor. Pienso, por ejemplo, en la vergüenza como miedo a la humillación, los celos como miedo a perder la pareja, los sentimientos de culpa como miedo al castigo de Dios, el odio como miedo al otro… ¿Cómo podemos trabajar nuestros miedos y temores?
-Algunas pistas se pueden encontrar en sus opuestos. Al temor se oponen la confianza, la protección. El dinero es el comodín del poder; por tanto, un enorme protector para el que lo tiene. Por eso la gente ahorra. Tengo menos temor de enfrentar una enfermedad con plata que sin ella. Una aventura es mejor con medios que sin ellos, la infraestructura que me proveo me quita temor... en fin, es casi obvio. Al miedo, se oponen la seguridad, la protección física. Un paracaídas transforma el miedo en temor. Una mascarilla quita el miedo al contagio. Una casa quita el miedo al frío o a la inseguridad. Al terror, en cambio, sólo se le opone la certeza, la certidumbre. Quienes no le tienen terror a la muerte es porque tienen fe en que hay otra vida, certeza de su existencia.
-Pero hay otro tipo de riquezas que dan seguridad. Menos materiales, por decirlo así…
-Claro, las redes sociales son una gran forma de riqueza que nos da seguridad y protección. Esto parte en la familia, sigue con los amigos y redes de afinidad, como la parroquia, el club, luego la comuna, hasta llegar al Estado. Esto está muy relacionado con la política. Los políticos apelan a las emociones y a los temores para lograr votos. Ellos ofrecen pócimas mágicas que intentan eliminar los temores de la gente. A veces hacen promesas que son reales. Las más, promesas populistas. En el límite, el miedo es una expresión de incertidumbre. Tenemos miedo a lo que no conocemos, de ahí que los grandes enemigos del miedo sean la información y el conocimiento. Ellos son decodificadores naturales. Si yo SE que el perro de mi amigo no muerde, es una información muy valiosa; si SE que en esta época del año no hay tifones, ergo, viajo más tranquilo. Si SE que las olas no revientan por aquí, entonces puedo pasar tranquilo. La educación, por otra parte, es la clave para el conocimiento, aquello que nos explica cómo ocurren las cosas. En esto, no sólo la educación cumple un importante rol, sino que también los medios de comunicación. Una sociedad culta e informada, que conoce su historia, a sus líderes, actores políticos y sociales, mira el futuro con menos temores. Con todo, no debemos olvidar la existencia de los fantasmas, los cuales ¡ojo! sólo viven en nuestra mente, pero son igual de potentes que los miedos reales.
Para los budistas hay miedos saludables y no saludables. Dejar de fumar por temor al cáncer es un temor saludable; no así, oponerse al ciclo natural de la vida que implica necesariamente la vejez y la muerte. Hay también temores “positivos”, como por ejemplo temer a las leyes, que representan al Estado de derecho. Esas leyes pueden limitarme, pero me protegen, me dan seguridad. La vida en un Estado de derecho elimina muchos miedos. No tememos chocar porque hay semáforos, no tememos una invasión porque tenemos buenas FFAA, no debiéramos temer a la delincuencia si supiéramos que está bien combatida, ni a la indigencia si funcionara una buena red de seguridad social y, así, suma y sigue…
-Hay ciertos miedos y temores políticos…
-El ciudadano está dándole su preferencia a aquellos candidatos que le ofrecen seguridad, protección, quizás mejorar su autoestima personal. La mayoría rehúye la confrontación por miedo al conflicto.
-Los miedos de la derecha, no son los mismos que los de la izquierda…
-La izquierda le tiene temor al capitalismo porque al ser competitivo, maximiza el esfuerzo personal y conecta con la realidad dura del ser humano. La izquierda quiere garantías que no es posible asegurar y eso engendra violencia cuando no se cumplen. El capitalismo trabaja con seres humanos reales, no utópicos. Este no es perfecto, ni es una tabula rasa al nacer. Por eso el “hombre nuevo” es una ficción intelectual. Tal vez deseable, pero no posible. ¿Cómo el hombre viejo y malo podría engendrar o educar otro mejor que él?
La derecha tiene temor al socialismo porque es utópicamente voluntarista y trabaja en base a un concepto irreal del ser humano. Por eso se vuelve violento, suprime libertades, oprime a las personas, a pesar de predicar bienes superiores. Las personas son esencialmente diferentes e imposibles de igualar. Ni peores ni mejores, sólo diferentes. En esta elección, por primera vez en 20 años, vuelve a aparecer el sueño estatista puro, que ya había sido superado.
-¿A qué temen los chilenos?
-En nuestra impresión, estos son algunos de los miedos y temores más frecuentes entre nosotros los chilenos. Por cierto, hay muchas personas que no los tienen, y quienes los tienen los experimentan en diversas medidas. Los 10 grandes miedos personales de los chilenos son:
• Miedo a conocer nuestra propia sombra, nuestro lado oscuro. Porque no sabemos de qué somos capaces. Miramos poco hacia adentro. Nos gusta mucho aparentar.
• Miedo a la crítica y descalificación, que nos baja la autoestima, a enfrentarnos cara a cara por un potencial conflicto. Miedo al qué dirán, porque afecta nuestra imagen y reconocimiento.
• Miedo a decir de verdad lo que pensamos, quizás porque no pensamos muy sistemáticamente. Miedo a la transparencia, quizás porque todos tenemos tejado de vidrio y cosas en el closet.
• Miedo a los desastres naturales, porque sabemos de sus consecuencias.
• Miedo a ser amigo del adversario, pese que esa es la base del capital social.
• Miedo a ser distintos, porque podrían criticarnos.
• Miedo a los irracionales, porque no sabemos cómo actuarán.
• Miedo al riesgo, porque preferimos la seguridad. Nos gusta ser “niños” para siempre.
• Miedo a todo tipo de pérdidas, porque somos frágiles.
• Miedo a la soledad y al desamparo, porque nos enfrentan con nosotros mismos.
MIEDOS POLITICOS - SOCIALES
En Chile, por nuestra curiosa historia, estos miedos lamentablemente se acumulan en diversos sectores de nuestra población. Por eso, tenemos miedo al desorden social, a la ingobernabilidad, a perder la libertad, a todo tipo de violencia, a ser víctimas de la delincuencia, a las revoluciones, a la pobreza, a la cesantía, a la inestabilidad laboral, al caos económico, a la exclusión social, al compromiso partidista, a ser minoría, al subdesarrollo y al desarrollo al mismo tiempo, a la historia sin anestesia, a las drogas, a las pandemias, a ganar y a perder.
Perfil de Patricia – Por Sergio Las personas no tienen historia, son la historia. Esa es la síntesis de Patricia Arancibia, un personaje público en los medios, pero que nada trasunta en éstos de su verdadera personalidad. Historiadora prolífica, de múltiples inquietudes intelectuales, que no podríamos decir que van más allá de la historia, por la manera en que ella la concibe. Porque para ella, el ser y la historia no tienen fronteras. Pareciera, de repente, que cree más en la fenomenología y la experiencia que en la teoría, pero rápidamente se mueve por los terrenos abstractos de ésta, bajando a los hechos y la “realidad” cada vez que se le canta. Entonces es una caja de Pandora, de la que salen y salen cosas imposibles de predecir. De repente estamos en la psicología, de repente en la política, o la epistemología, y sin darnos cuenta, en la historia. Sin pedir permiso aparece el eneagrama y hasta los Sufis escuchan la conversación. La pasión por lo que hace le aflora por los ojos y las venas. Alegre pero severa intelectualmente. Relajada y amistosa. Espontánea y directa. Entonces, vivir una aventura intelectual con ella es un gran regalo inesperado, en el que el miedo o el temor son meros cortesanos. |