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Los midas modernos

Artículo correspondiente al número 267 (11 al 24 de diciembre de 2009)

 

SAP puede ser sinónimo de un tremendo dolor de cabeza a la hora de implementarlo, pero tambien hay que decir que el sistema, lo que toca, lo convierte en oro. Por Federico Willoughby Olivos, desde Alemania.


Quizás no aparezcan tanto en los diarios, quizás no la usen para mandar mensajes de 140 caracteres y seguro que nadie ve las fotos de sus compañeros de colegio sobre este soporte, pero lo cierto es que la empresa de software alemana SAP (acrónimo germano para Systeme, Anwendungen und Produkte in der Datenverarbeitung, que significa Sistemas, Aplicaciones y Productos en el Procesamiento de datos) es la tercera de las empresas de software más grandes del mundo. Es tan enorme que sus acciones se mueven en las bolsas de todo el orbe; tiene instalaciones de desarrollo y ventas en más de 50 países; sus miles de clientes se reparten por los 5 continentes y además vende productos indispensables para que el mundo siga andando.

“SAP soporta alrededor del 65% del PIB del planeta con sus sistemas. Un día sin SAP no sería una muy buena idea. Probablemente no habría electricidad, agua, calefacción ni comida, las góndolas de los supermercados estarían vacías…”, advierte el CEO de la empresa Léo Apotheker desde un cómodo sillón en la sala de reuniones Mónaco, en la parte alta de uno de los 21 edificios que componen el cuartel central ubicado en el pequeño poblado de Waldorf, Alemania. El tipo no exagera: es cierto que la empresa no suena en el inconsciente colectivo como Google, Facebook o Microsoft, pero igual viene desde 1972 desarrollando aplicaciones que se han enquistado en el corazón mismo de las mayores compañías del mundo.

Sucede que SAP no necesita lucir para hacer su trabajo. Sus propios ejecutivos confirman que a la firma lo que le gusta es el perfil bajo. Y claro que lo hace. De otra manera no se explicaría que hoy esté en más de 92.000 entidades en el mundo, gobiernos e instituciones... y no luzca más.

Y eso que lo que hace SAP no es menor: básicamente, sus productos permiten a las corporaciones mejorar, optimizar y adoptar, de ser necesario, nuevos sistemas de gestión y control de los procesos productivos. “Esta es una inversión que el cliente piensa muchísimo, saben que meterse en un proyecto puede representar 6 meses de trabajo; que se va a dar vuelta la compañía, que los procesos de negocios van a tener que cambiar; que va ser necesario adoptar nuevas prácticas y capacitar a un montón de gente para que esté lista para trabajar de otra manera. Son cambios traumáticos, que lo modifican todo. Si antes el tipo encargado de la bodega anotaba en un cuaderno la llegada los productos, ahora va tener que empezar a trabajar en línea. Es decir, llegan los productos y los tiene que ingresar al sistema porque, si no, éste no le permitirá vender, ni despachar, ni nada”, explica Leonel Graff, country manager de SAP Chile. Y este simple ejercicio, multiplicado hacia todo el sistema de producción, genera un control enorme e invaluable a la hora de tomar decisiones.

Pero ojo, no se engañe: como cualquier cambio, esto no es algo simple.

 

 


El Google alemán

 

Difícilmente SAP hubiera sido diseñado en otro país que no fuera Alemania. La característica principal de los sistemas que ofrece son su tozudez y, por qué no decirlo, su manera “cuadrada” (aunque bastante efectiva) de gestionar los procesos de producción. Y todos saben que tozudez, efectividad y robustez son inherentes a la personalidad teutona. Y así queda explícito en los cuarteles principales de la empresa en Waldorf, Alemania, compuestos por exactos 21 edificios, casi todos iguales y conectados. En ellos se respira trabajo, pero también responsabilidad. En cada uno de los cientos de oficinas (espacios de aproximadamente 4 x 7 metros) se instalan generalmente dos empleados que, desde sus pantallas planas, trabajan en alguno de los cientos de proyectos que tiene la empresa, que no sólo abarcan el software de gestión, sino que también consideran un área de innovación.

En cada piso hay una sala cerrada para fumadores y un corner con bebidas y máquinas de café. Ahora, y aquí es la parte donde no tienen nada que envidiarle a los start up de Silicon Valley, en los cuarteles de la empresa también hay tres enormes casinos (uno de ellos tiene el mismo decorado del Bundestag, parlamento alemán) que alimentan tres veces al día a 1.500 personas, además de ser lugares de encuentro donde siempre hay chocolates, galletas, dulces y snacks de todo índole.

Eso sí, el sexto piso del edificio central es un exclusivo restaurante al que sólo se puede ir vestido con cierta etiqueta (la empresa, en todo caso y en general, no pone restricciones al dress code). Ahí, y flanqueados por las fotos de los fundadores (cinco ex ejecutivos de IBM que en 1974 tomaron la decisión de independizarse y ahora son multimillonarios) uno es recibido por una metre que lo acomoda quizás frente a la mejor vista de todo el edificio: el Rhin y parte del paisaje que compone esta región del sur de Alemania conocida como “la zona de los vinos”. En el lugar, se pueden tomar vinos de prácticamente toda Europa o bien, probar platos tan diversos como una tierna ternera asada o un cangurú al horno (sí, cangurú).

Pero, ojo, hay algo en el ambiente que deja claro que sí, hay comodidades, pero que lo primero en SAP es el trabajo. Desde detalles como que las canchas de tenis sólo se pueden utilizar fuera de horario de oficina o que exista en equipos de primeros auxilios y gente preparada para eventuales ataques cardiacos de los empleados (la encargada del tour del recinto me explicó que a
veces hay empleados con mucho estrés, por lo que esas cosas pueden suceder).

En todo caso, la gente que trabaja en SAP está contenta. Los sueldos son buenos, hay una alta cantidad de traslados y, por si eso no bastara, también tienen un libro para niños que explica a los hijos de los empleados qué es lo que hacen sus padres en la empresa. Todo, muy tierno.

 

 



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Comentarios

1 Comentarios

Guido Moreno G :

Publicado Miercoles 16 de Diciembre, 2009 - 15:41 hrs

El éxito de cualquier empresa depende de la calidad de la informacion y de la velocidad con que la misma puede ser compartida. Depende de que rápidamente puede responder y adaptarse a los cambios tecnológicos de su compañía. Con SAP podrá más que solamente acompañar tales cambios. Podrá abrir el camino.  
 
Los mercados están cambiando. Los clientes están cambiando. Los negocios están cambiando.  
 
 
Guido Moreno Gárate 
Ingeniero Industrial

 
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