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Reportajes y Entrevistas
Los cuadernos de don Pino

Artículo correspondiente al número 197 (26 de ene al 25 de feb 2007)

La familia fundadora de Turistel –la primera gran guía de turismo de Chile– creó casi de casualidad una obra que es referente nacional. Aunque parezca increíble todo partió a modo de hobbie y como anotaciones de viajes desperdigadas en cuadernos universitarios en donde el arquitecto Jorge Sánchez plasmaba sus memorias. Hoy, Turistel pertenece a una flamante empresa editorial dedicada a temas turísticos cuyo dueño es nada menos que Copesa.

Se cuenta en forma anecdótica que cuando Dios creó el mundo lo mejor que tenía en sus manos lo lanzó al Sur del planeta…Y si visitamos el sur del país podríamos afirmar fehacientemente que Chile es un lugar de privilegios”.

Estas palabras fueron dichas por el entonces gerente general de la Compañía de Teléfonos de Chile, Iván Van de Wyngard, durante el lanzamiento de la primera edición de la guía Turistel, en 1985. Era la primera gran guía que entregaba con minuciosidad las rutas de Chile y aportaba increíbles retratos de la fisonomía del país. Como era de esperarse, el trabajo fue considerado un hito.

Y aunque en las 208 páginas del primer volumen no hay mención del Creador, hay que decir que algo divino nos permitió llegar al “creador” de esa obra, el arquitecto Jorge Sánchez. El es el gran autor de esta verdadera institución nacional, porque, digámoslo, no debe existir chileno mayor de 20 años que no haya tenido alguna vez un Turistel en sus manos.

Por eso resulta curioso que esta sea la primera vez que se escribe la historia de la guía y de los Sánchez... Algo que quizás se explica por el bajo perfil de esta familia medio hippie o quizás porque “Pino”(apodo que tiene desde su niñez cuando armaba junto a sus primos bandas en Zapallar, donde “pino” alude directamente a la antigua banda de ladrones chilenos, los Pincheira), como se conoce al profesor Sánchez en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso, siempre prefirió ocultarse detrás de su obra. Quién sabe.

Con más de 70 años a “Pino” se le ve ágil y aventurero. Está lleno de historias y anécdotas... Y cómo no, si conoce Chile como la palma de su mano. Sencillo, divertido, encantador, el creador anónimo de Turistel es de esos hombres que no necesitan gritarle al mundo que son grandes. Lo irradia… Cuando le tomamos la foto junto a su hijo Tomás –el único que sigue la tradición familiar del turismo– “Pino” atravesó como si nada los alambres de púa de la Ciudad Abierta de Ritoque para llegar hasta la línea del tren. Y ojo que el pasadizo solo permitía arrastrarse por la arena.

Los Sánchez tienen cuento. Son aventureros, osados y hasta un poco locos si se quiere. Sin darse cuenta, hicieron del hobbie de anotar todo lo que veían y vivían en sus viajes un negocio de tremendas dimensiones. Hoy Turistel es el producto estrella de Guías y Rutas, la flamante empresa editorial encargada de temas turísticos, cuyo dueño es nada menos que Copesa.

La gata del auto

La historia es más o menos así. Un día cualquiera Jorge Sánchez le encargó a un amigo de su hija, que había ido a un retiro espiritual a Pucón, que le buscara una casa de veraneo. Este arquitecto había decidido que llevaría a su familia a pasar algunas semanas al sur gracias a una genial ocurrencia: operación trueque. Esta consistía en arrendar su casa en Viña y con la misma plata arrendar otra casa en algún lugar de Chile.

A los pocos días recibió un telegrama (hay que ubicarse, estamos hablando de fines de los 60) que daba cuenta de una casa en la zona de Posa de Pucón, donde no solo cabían sus seis hijos, sino además amigos, familia y amigos de cualquiera de ellos. Estupendo salvo por un pequeño detalle: la casa solo tenía cocina a leña. Pero los Sánchez-Mena no se hicieron problema y a los pocos días estaban instalados.

La experiencia fue tan inolvidable, que la repitieron al año siguiente, y al siguiente. Y así durante diez años. Después de varios veranos de lago, picnic y asados al palo, los Sánchez decidieron que era hora de emprender rumbo. No podía ser que no conocieran los alrededores. Así, la casa de Pucón se transformó en centro de operaciones y el auto –literalmente– en una oficina móvil. No porque tuviera computadores o teléfonos. Nada de eso. Sino porque antes de partir Jorge Sánchez tuvo la genial idea de ir a una librería y comprar un set de cuadernos y lápices. Mientras él manejaba, los hijos oficiaban de secretarios, tomando nota de todos y cada uno de sus comentarios: “Vamos a las termas del Huife, saliendo por kilómetro tanto. A mi derecha observo un salto de agua. A mi izquierda un árbol de tales características, etc.”.

Claro que había un cuaderno que era sagrado: el de botánica. Ese solo lo escribía Jorge Sánchez y, al parecer, son las únicas notas que jamás se publicarán.

Sara Mena, su mujer y copiloto, debía aguantar con santa paciencia los permanentes avances y retrocesos de Sánchez, quien no dejaba escapar ningún detalle. Eso, además de las paradas más extrañas para sacar fotografías y las intensas conversaciones con los lugareños. ¡Qué se le iba a hacer! Era la pasión de “Pino”.

Pero los Sánchez no se hacían problema por nada. Con gran relajo disfrutaban a concho los viajes, y eso que entonces tenían un Mini. Las anécdotas de aquella época son infinitas, en especial si se piensa en cómo trasladar a una familia numerosa en un auto de ese tamaño.

Más tarde los Sánchez-Mena se compraron un “pan de molde” Suzuki blanco que permitía trasladar a toda la familia:

-El auto llegaba a todas partes sin ningún tipo de tracción –recuerda su hijo Tomás–. En él recorrimos toda la Carretera Austral y jamás quedamos en pana. Y eso que viajábamos cargadísimos. Muchas veces pusimos hasta balones de gas arriba, y nunca tuvimos un problema. Lo mejor es que nadie sospechaba que podíamos estar armando una guía. La gente ni se nos acercaba porque nos encontraba unos “pelientos”.

Las carpas donde dormían eran verdaderas odas arquitectónicas, capaces de aislar el calor y el frío. Los hijos eran los encargados de montarlas y Sánchez quien debía ingeniárselas para que la lluvia escurriera… Nada era imposible para los Sánchez. Si una ruta se les metía en la cabeza, partían todos sin hacerse problemas. Así fue como recorrieron Chiloé a mediados de los 80:

-Para recorrer la isla y sus canales arrendamos un lanchón –recuerda Tomás Sánchez–. El viaje duró dos semanas, así es que lo tuvimos que acondicionar por dentro. Dejamos un espacio para la cocina y un lugar para dormir. El dueño del bote tenía una empresa de paté de erizo, así que convivimos con la producción todo el viaje y lo ayudábamos a bajar su mercadería en cada pueblo... Lo mejor de todo fue la confesión de Sánchez al terminar la travesía: nunca había sido capitán de un barco.

Anécdotas tienen por montones. Y cómo no, si viajaron intensamente durante los 70 y los 80.

-Por ser el menor, viajé más que todos

–cuenta Tomás–. Incluso me decían la gata del auto, porque nunca me bajaba.



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Comentarios

1 Comentarios

juliancastjulian castro figueres :

Publicado Domingo 29 de Agosto, 2010 - 19:43 hrs

lindo articulo, fui compañero y amigo del hijo de Pino, Jorge Sachez mena y fui testigo de ello, maravillosa familia.

 
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