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Artículo correspondiente al número 298 (22 de abril al 6 de mayo 2011)
Si hay alguien que descoloca en la derecha, ese es Pablo Longueira. Por cascarrabias, por crítico, porque sigue siendo el líder de la UDI, porque tiene olfato, porque es reconocido como animal político, porque se arranca con los tarros, porque conoce los hilos de este mundillo a la perfección.
Un mal necesario para La Moneda, dicen por ahí. Aquí, el nuevo jefe de los senadores UDI explica por qué para ayudar al gobierno, le saca la mugre. ¿Cuándo va a estar contento? “Si logramos una estructura en la conducción política que no fabrique autogoles”. Por María José O'shea; fotos, Verónica Ortiz.
El miércoles pasado –como todos los miércoles en los últimos años–Pablo Longueira llegó a su casa a comer con su señora y sus hijos. Horas antes, se había enfrascado en un duro debate con la Concertación en el Senado por la llamada Ley del súper 8. Y él se lo saboreó. Le gusta eso de arrinconar al adversario político.
Pero en su casa sí que lo esperaba un notición que lo dejó fascinado: Longueira será abuelo.
-¿Le vino el viejazo?
-Para nada. No sé cómo alguien se puede sentir tan joven a pesar de que le han dicho que va a ser abuelo. Estoy feliz, viviendo una época cincuentona y, en lo político, cerrando una etapa muy importante de mi vida, que es haber estado 30 años en esto. La cierro intentando contribuir en estos 3 años que me quedan –a través de mi rol como jefe de senadores de la UDI– a que se consolide una nueva generación que conduzca a la centroderecha.
-¿Ahora sí que se va de la política? Lo ha dicho varias veces.
-Es que, aunque nadie me crea, esta no es mi vocación. Recuerdo el día en que Jaime Guzmán me planteó que lo ayudara a construir un partido, y de eso han pasado 30 años… Y estos son los últimos tres. No hay vuelta atrás. -¿Qué va a hacer? -Voy a tener 55 años y supongo que tendré la misma energía. Una vez conversando de esto con mi señora, le dije que probablemente me va a ver igual de poco que me ha visto en la política.
-Ahora que menciona a Jaime Guzmán, ¿qué le pasa cuando recuerda el episodio –durante el caso Spiniak– en el que dijo que él le había hablado? Eso pasó a ser parte del colectivo…
-La gente bien intencionada tiene muy claro que fue un error de lenguaje, y los que piensan mal, lo usan con mala intención. Yo me lo tomo con naturalidad, porque ni siquiera el periodista de la radio enganchó. O sea, si yo le digo que hablé con Jaime, me preguntaría “cómo, a qué hora, dónde, etc…”. Se sacó de contexto un error lingüístico, porque él me había preguntado qué creo que habría hecho Jaime en una situación como la que estábamos viviendo.
¡Ojalá Jaime me hablara! (se ríe).
-Mucha gente lo empezó a tomar por loco a partir de ese episodio…
-Claro, porque además hay que ubicarlo en el contexto en que estábamos. La adversidad comunicacional que enfrentábamos, en que los medios le daban tribuna desatada a la mentira, era una situación muy compleja.
-¿Ha sido la época más estresante de su vida política? ¿Tomó alguna pildorita, aunque fuera para dormir?
-Nunca he tomado una píldora, porque siempre he creído que el cuerpo te avisa. Y prefiero que el cuerpo me avise. Si uno empieza a parar los avisadores del cuerpo, no llegas a las causa de lo que está pasando. Es decir, cuando estoy durmiendo mal es porque el cuerpo me avisa que tengo que bajar el ritmo y cambiar ciertas cosas.
-¿Y por dónde le avisa a usted su cuerpo? ¿Colon, hígado, jaqueca…?
-Me basta el aviso que me da todos los días el espejo cuando me miro las ojeras…
Muchos éxitos y malas encuestas
“A Pablo le volvió el alma al cuerpo”, comentan en la UDI. Esto de ser jefe de los senadores, pero con acceso al comité político de La Moneda, lo tiene en llamas. No tiene problemas en reconocer que le habría encantado ser ministro, pero ya que no lo es, encontró en este rol una forma de entrar a la cocina política del gobierno que, en su visión, está revolviendo muy mal la olla. Y su estrategia hoy, dice, es lograr que la UDI, RN y el gobierno trabajen para el mismo plato. Todo, “por el bien de Chile”. Sin agenda personal, asegura:
-Había tomado la decisión de no volver a asumir cargos relevantes, pero estoy feliz de poder trabajar para que este no sea un paréntesis de cuatro años. Soy parte de una generación de dirigentes de la derecha que, si bien hemos cometido muchos errores, fuimos muy exitosos. No fue casualidad para mí que el triunfo de la derecha en el gobierno haya coincidido en la misma elección con el momento en que la UDI y RN se convirtieron en los partidos más grandes de Chile.
-Pero vaya que les ha costado ser gobierno…
-Creo que ha sido difícil asumir una responsabilidad, porque no se construyó un necesario afiatamiento entre los partidos y el gobierno desde el momento de la instalación en La Moneda. Eso fue un error que se ha ido manifestando en muchos episodios durante el año, en que esa falta de coordinación, de trabajo en equipo, ha generado episodios que llegan a empañar lo que ha sido un muy buen gobierno. Los indicadores de delincuencia se redujeron, los del SIMCE mejoraron notablemente, se eliminaron las colas en Salud, se enfrentó un terremoto y se está creciendo al 6%, se presentó el proyecto del postnatal y se eliminó el 7% de los jubilados…. Esta falta de análisis político, de planificación, no puede seguir. Es absurdo que el presidente tenga los resultados en las encuestas que tiene con todos estos éxitos del gobierno. Hay un déficit de comunicación política.
-¿Y este va a ser su foco ahora?
-Sí. De alguna forma, todos estos éxitos que nombramos se transmiten en política en la medida en que la gente de nuestro sector se sienta involucrada, interpretada. Esto ha sido un problema. En la política, la infantería, el partidario, cumple un rol muy importante: si no es capaz de repetir por qué encuentra bueno su gobierno, es difícil. Nosotros no podemos terminar estos cuatro años sin que la gente pueda repetir en dos palabras la esencia de lo que hicimos.
-El famoso del problema del relato...
-Claro, por ejemplo, que lo que quede sea “crecimiento con libertad”, un concepto muy propio de nuestro mundo y que se puede aplicar en la educación, el trabajo, el transporte, etc. Es algo con lo cual se puede ser coherente.
-No como “la nueva forma de gobernar”, dice usted.
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“Es absurdo que el presidente tenga los resultados en las encuestas que tiene con todos estos éxitos del gobierno. Hay un déficit de comunicación política”.
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