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Artículo correspondiente al número 197 (26 de ene al 25 de feb 2007)

En dos años ha conseguido que más de dos mil jóvenes se sientan representados con su discurso. Y no solo eso. Con su personal estilo, el presidente de Jóvenes Líderes, Maximiliano Raide, también ha logrado convocar a varios titanes para que compartan vivencias con el público universitario. ¿Qué pretende Maximiliano I?
ebe ser de los personajes más singulares del momento. Una mezcla extraña entre ejecutivo joven y un lobbysta bien contac-tado. Raro, curioso, perturbador. Un hombre lleno de ideas y buenas intenciones, pero al mismo tiempo cargado de dicotomías. Difícil perfilarlo… Sencillo y a la vez egocéntrico. Tímido y carismático. Metrosexual y algo ganso. Persuasivo y encantador de serpientes. Prudente e hiperventilado. Intelectualmente inquieto y a la vez muy ejecutivo y pragmático. Con Maximiliano Raide (25) nunca se sabe dónde termina la realidad y dónde comienza el mito.
Ahora bien, el personaje tiene su cuento. De partida es el ideólogo de los famosos encuentros universitarios Conversando con un líder, en los que han participado figuras del tonelaje de Horst Paulmann, Felipe Lamarca y Nicolás Ibáñez, entre otros. Es el anfitrión de los concurridos almuerzos Foro Liderazgo, que mes a mes se realizan en el Club de Polo San Cristóbal con altos personeros del ámbito público y privado. Y desde hace dos años, es también el presidente de Jóvenes Líderes, una institución que agrupa a más de dos mil jóvenes universitarios y profesionales ABC1, que buscan –dicho por ellos mismos– construir el “Chile del futuro”.
También se podría definir como el joven mejor contactado de Chile. El amigo de todos. El chico que tuvo las “patas” de invitar a Aylwin y a Pinochet a comer a su casa… El mismo que a los 25 años, y sin siquiera haberse titulado de derecho en la Universidad de los Andes, es invitado a cuando evento de liderazgo se realiza en este hemisferio, compartiendo mesa con tipos como Emilio Azcárraga, Alan Greenspan, David Rocke-ffeller y Warren Buffett. ¿Qué tal?
Comidas caseras
Su nombre comenzó a sonar a fines del 2003, cuando sin más activo que la casa de sus padres y una incipiente empresa de mozos y anfitriones, invitó el ex presidente argentino, Carlos Menem, a compartir cena con un grupo de seis jóvenes sobresalientes.
-Yo tenía una empresa de mozos y anfitriones que les proveía de personal a las banqueteras –cuenta Raide–. Me fue muy bien. Llegué a tener una dotación de más de 250 jóvenes y tres a cuatro eventos por semana. De ahí me surgió la idea de organizar comidas con jóvenes y algún personaje importante del mundo de los negocios o la política. Pensé que podía ser un buen punto de encuentro y, de paso, una forma de promocionar mi empresa de mozos (risas)…
-¿Y quién financiaba eso?
-Al principio yo mismo, auspiciado por vinos Porta, de Pedro Ibáñez. Pero llegó un momento en que el presupuesto no me dio. Sin embargo, como ya había quórum, un buen padrino se ofreció a ponerme el 50%.
Impresionante… ¿Cómo un estudiante de derecho, de 23 años, consigue que gente de ese nivel vaya a su casa sin haberle visto jamás la cara? Y no solo eso. ¿Cómo logra mantenerlos entretenidos tantas horas? Porque según Raide, las reuniones nunca terminaron antes de las 2 de la mañana, en circunstancias que siempre comenzaron a las 8 de la noche. ¿Cómo lo hace?
-Debo confesar que yo tenía mis contactos –sostiene Raide–. Mis papás son profesionales y ambos conocen a mucha gente. A la familia de don Hernán Briones, por ejemplo, la conozco de toda la vida. Pasé varios veranos con ellos en Guanaqueros y crecí viendo a mucha gente del mundo de los negocios y la actividad pública en su campo. Pero también es cierto que soy Maximiliano Raide no más. No soy un Luksic ni un Matte. Y aunque no desconozco que mi origen ha ayudado, también es cierto que esto lo fundé en base a mi personalidad. De hecho, hubo invitados a los cuales intercepté en la calle. A Patricio Aylwin, sin ir más lejos, lo agarré en un restaurant.
Así es él. Intenso... difícil de doblegar.