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Las mujeres se reúnen en Chile

Artículo correspondiente al número 235 (22 de agosto al 4 de septiembre de 2008)




-A pesar de lo valioso del trabajo de las mujeres, todavía existen diferencias en las remuneraciones…

-Ese es un problema universal y pendiente todavía. En Chile existe la misma diferencia de sueldos entre hombres y mujeres que en Estados Unidos. Yo rescato que, a pesar de la diferencia, las mujeres siguen trabajando, y eso es porque un sueldo bajo es mejor que nada. Aunque no sea mucho lo que puedan ganar sigue significando una cuota de libertad, les da independencia, les da poder, tanto si es una alta ejecutiva o una empleada de menor grado. La mujer logra igualarse con el hombre al traer también dinero al hogar. Esa es una de las principales razones de por qué la mujer decide trabajar.


-Pero todavía quedan puntos pendientes. Las mujeres que trabajan fuera del hogar se sienten culpables por no tener más tiempo para sus hijos o su casa. Se estresan o hasta enferman.

-Siempre están presentes los casos de mujeres que se sienten culpables porque no tienen tiempo para estar todo el tiempo con sus hijos o para cumplir sus obligaciones como dueñas de casa. En la cumbre de Vietnam se presentaron casos del costo de éxito en el trabajo, los niveles de estrés u otras enfermedades. Hoy todavía existen pocas soluciones y el apoyo para las madres es escaso o prácticamente nulo. Recién en las generaciones de ahora veo que las parejas son más equilibradas y los dos se encargan de trabajos de la casa y de repartirse el cuidado de los hijos.


-¿Qué otros apoyos se podrían crear y fomentar para que las mujeres puedan trabajar con mayor tranquilidad?

-En mi encuentro con la presidenta Bachelet ella me contó de la política de jardines infantiles y salas cunas financiadas que existen para que las mamás puedan llevar a sus hijos que no van al colegio, mientras ellas trabajan. Eso me pareció una excelente iniciativa. En Estados Unidos no tenemos nada parecido, pero hace falta. Mira, siempre he admirado la capacidad de organización y gestión de las mujeres. Es milagroso, cómo, a pesar de las prácticas discriminatorias respecto de los hombres, las mujeres han entrado a la fuerza laboral en gran número; cómo, sin el acceso a créditos bancarios, las mujeres se han convertido en empresarias; cómo, sin la colaboración de las personas que tienen más cerca, las mujeres se han comprometido con las economías de sus países. Los cambios que han ocurrido a favor de las mujeres han sido porque ellas los han pedido. Nadie se los ha dado, ni tampoco ha sido iniciativa de los gobiernos. Creo que con esa misma fuerza irán surgiendo los apoyos que les permitirán insertarse cada vez más en el mundo laboral.


-¿Cómo lo ha hecho usted para poder trabajar?

-Mi marido es italiano y, aunque no es lo usual entre ellos, me ayudó con las responsabilidades de la casa desde el principio. Si yo cocinaba, él lavaba los platos. Dividimos el trabajo y así es cómo he podido trabajar. Cuando mi hijo era pequeño siempre nos preocupábamos de no trabajar al mismo tiempo. Siempre uno estaba en la casa. Cada familia tiene que encontrar su forma. La mayoría de las mujeres trabajadoras en América latina tiene la necesidad de contratar ayuda externa o de sus propias familias, como una madre, o abuelos. No hay una solución perfecta. Cada persona tiene que encontrar la suya.


-¿Cuándo decidió ocupar cargos como el actual e intervenir en foros y organizaciones de participación femenina?

-No pensaba que estaría en algo así. Siempre quise ser profesora de universidad, y así fue, pero cuando me di cuenta que eran pocos los cupos de trabajo de tiempo completo y estables, me cambié y pasé a trabajar en el área de gestión. Entré a dirigir un programa de educación continua, y de a poco me fui involucrando con la actividad política. Renuncié a la seguridad de un trabajo académico para convertirme en una abogada de las mujeres, pero no quería ni escribir libros ni dictar cátedras. Quería estar en el trabajo en terreno y participar activamente en esta labor por las mujeres. Tengo 60 años y trato de pensar si dejé algo importante atrás. Pienso si todo el tiempo que he estado trabajando significó tener menos tiempo para otras cosas, pero la verdad es que lo que hago para mí no es un trabajo. Es más que eso, es parte de mi vida. El trabajo de las mujeres y sus condiciones laborales es algo que me preocupa mucho. Global Summit of Women es una de las vías para ayudar y participar. Cuando miro a una mujer que tiene una pequeña empresa, con pocos recursos, pero que logra alimentar y mantener a sus hijos, me conmuevo. Las mujeres tienen la fuerza y la capacidad de sobreponerse y sobrevivir. Han logrado cosas imposibles incluso con todo en contra. Tengo fe en ellas.



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