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Artículo correspondiente al número 260 (4 al 16 de septiembre de 2009)
Besalco anda hace tiempo con buena estrella. Mientras el sector inmobiliario todavía tirita bajo los efectos de la crisis, la compañía, liderada por Víctor Bezanilla, ha sorteado la crisis sin dificultades. Hoy está embarcada en un aumento de capital que diluirá a sus controladores, la familia Bezanilla, y que potenciará las áreas de mayor crecimiento. Todo, mientras el grupo prepara lo que será el cambio generacional de la empresa. Por Sandra Burgos; fotos, Verónica Ortíz.
Hace unos años, el clan Bezanilla –controlador de Besalco– tomó una sabia decisión: por el bien de la empresa y la familia, sin asesoría externa ni coaccionados por ninguna circunstancia, se sentaron a la mesa familiar y definieron cómo sería el traspaso generacional.
En forma unánime decidieron que pondrían como límite máximo los 65 años para que los 4 miembros de la familia en funciones ejecutivas dejaran sus cargos. Asimismo, acordaron que sólo un hijo por familia podría ingresar a trabajar a la empresa.
No hubo rencillas, desacuerdos ni ningún atisbo de motín. Los ocho hermanos Bezanilla Saavedra aceptaron el planteamiento del mayor, Víctor, quien fue oleado y sacramentado por la matriarca del grupo, Elena Saavedra. Es por eso que cuando nos reunimos a conversar con Víctor Bezanilla hace unos días y le preguntamos cómo se imagina la compañía de aquí a 10 años, nos contestó: “yo ya no estaré aquí”.
Así es: Víctor Bezanilla se jubila en seis años, dejará la presidencia ejecutiva heredada de su padre –fundador de la empresa hace 65 años– y dará paso a la nueva generación representada por su hermano menor Paulo, quien hoy cumple la función de gerente general de la holding. “En Besalco siempre hemos tenido la política de que la gente se jubile a la edad que corresponde hacerlo legalmente, porque quienes salen a una edad relativamente joven, como son los 65 años, tienen la posibilidad de hacer otra actividad. Además, el que la gente se vaya a esa edad le da tiraje a la chimenea y la empresa se nutre de jóvenes que, entre los 35 y los 45 años, tienen un motor de mil caballos de fuerza que, combinado con la experiencia de los más viejos, da fortalezas importantes”, afirma.
Ese mismo afán de renovación es el que ha estado moviendo al grupo en los últimos años y que lo llevó a tomar la decisión de disminuir su participación accionaria a través de un proceso de ampliación de capital. Esto les permitirá, además de conseguir recursos para nuevos negocios, dar mayor liquidez a la acción e implementar un proceso de stock options para los principales ejecutivos de la firma. De hecho, el 10% se destinará a ello. El proceso que se materializará el 9 de septiembre, dejará a la familia con un 59% de la sociedad –hoy, 73%– e inyectará a la firma recursos frescos para acometer una serie de nuevos proyectos.
Ad portas del recambio
A diferencia de sus hijos, Víctor Bezanilla no tuvo oportunidad de trabajar en otro lado que no fuera Besalco. Cuando regresó de la universidad e intentó emprender su camino, su padre lo atajó: “estás loco, ¿para qué crees que hice todo esto? te vienes a trabajar acá”.
Hoy, las cosas son distintas: ninguno de sus hijos quiere trabajar en Besalco. “Hace poco, cuando mi hijo mayor salió de la universidad, le propuse que se viniera. ¿Cuánto me ofreces?, me preguntó, y yo le dije tal sueldo. Su respuesta fue: gracias viejo, déjame pensarlo, y se fue a trabajar al Banco Santander. Eso antes era impensable: mi papá me mandó a la punta del cerro cuando al terminar en la universidad le avisé que no pensaba trabajar acá”.
En Besalco, Víctor Bezanilla hizo de todo, hasta llegar al cargo que actualmente ocupa. En estos años logró imprimir un sello especial a la compañía. Su franqueza y la imagen de duro, que lo han llevado a tener más de alguna figuración pública por sus intercambios con personeros del gremio o con la autoridad, lo han convertido en todo un símbolo del sector de la construcción.
Su personalidad llamativa y su forma de decir y hacer las cosas han inyectado en estos años a Besalco un dinamismo increíble, transformándola de mera constructora en un grupo de empresas.
-¿De verdad se va a jubilar a los 65 años?
-De la labor ejecutiva, de todas maneras. De hecho, ya estoy bastante jubilado: dejé de ser el gerente general de la empresa y estoy contento con eso, porque me ha permitido dedicarme a cosas distintas. Por ejemplo, me compré un campo y lo estoy desarrollando.
-¿Cuál es hoy su rol en la empresa?
-Soy el presidente del directorio de la matriz y de las filiales. Manejo lo que es inversión y todo lo que sea fijación de precio. En la administración de los contratos yo no estoy metido, casi ni conozco las obras. Mi papel está más en buscar nuevos negocios y fortalecer las áreas existentes.
-¿Cómo se ha ido planificando su salida?
-Puedo seguir siendo presidente, pero sin un rol ejecutivo, ya que así se le da independencia a la gerencia. Ese papel es de Paulo, que es mucho menor; tiene 42 años, es bien capaz y lo ha hecho muy bien. El trabajó en otra constructora durante un tiempo y después se vino para acá. Aquí estuvo en obras, pasó por todas las áreas hasta que llegó a la gerencia general. Yo estoy muy contento con su trabajo, porque el gallo es motivador, forma equipos, la gente lo respeta. Es un roto bien encachado.
-¿Qué diferencias ve entre él y usted?
-En la administración diaria él ya está poniendo un sello propio. Que yo definiría como más prolijo y estudioso para trabajar. Yo estudio las cosas y hasta un cierto punto tomo la decisión. El no, las sigue estudiando, sigue más allá. Eso lo hace mucho más cuidadoso.
La verdad es que somos distintos. Si bien somos hermanos, no vivimos nunca juntos. Yo me fui de la casa cuando él tenía 7 años, así que casi nunca tuve una relación de hermano con él, aunque soy su padrino de bautismo y matrimonio. Como el papá se murió hace años, hemos tenido prácticamente una relación más de padre e hijo.
-Así es que la sucesión está resuelta.
-En seis años más Paulo tendrá 48, le quedarán casi 20 para jubilar.
-¿Y los otros hermanos?
-Ellos no se han desarrollado en esta área.
-¿Los hijos no han pensado en ingresar a la empresa?
-La idea es que entre un hijo por familia. Así que podría haber 8 cabros más para suceder a Paulo.
-¿Cómo llegaron a ese acuerdo?
-Esa fue una decisión tomada entre todos, aunque debo reconocer que fue inducida por mí y aceptada por el resto, tácitamente. Aquí no hay nada, ningún papel que diga eso.
-¿Cómo está la familia presente en la empresa?
-Aquí trabajamos 4 personas de la familia: Paulo es gerente general de la matriz; estoy yo; Rodrigo, que está en el directorio, y Raúl, que es gerente general de las maquinarias. También está Rafael Lira, casado con mi hermana Adriana, que es fiscal de la compañía. O sea, la empresa hoy es profesional, porque la familia participa poco. En 10 años probablemente no participará nadie y seremos sólo accionistas.
-Con tantos años, ¿cómo han logrado seguir trabajando juntos?
-Por un lado hemos tenido suerte, pero por otro aquí hay una persona que controla la mayoría de las acciones, que es mi mamá quien, si bien no tiene una autoridad dentro de la empresa, sí tiene el respeto de todos sus hijos. Eso hace que las cosas sean más sencillas. Lo otro es el reconocimiento de todos mis hermanos hacia mi jefatura; me aceptan como jefe, no me lo han disputado nunca. Pero hay que reconocer que esto también se debe a que nos ha ido bien.