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Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas La vida después de Patagon y muchos, muchos millones de dólares má |
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Artículo correspondiente al número 198 (23 de feb al 08 de mar 2007)
-¿Hablemos de tu paso por el Santander Central Hispano?
-¡Uh, qué nervios!
-¿Te atribuyes algo de culpa en el fiasco que resultó ser Patagon dentro del banco?
-Yo sinceramente pensaba que internet iba a cambiar las finanzas en América latina. Y pensaba que esto iba a pasar en menos de cinco años, pero me equivoqué. Internet efectivamente tuvo un impacto en los servicios financieros, pero solo en los estratos altos de la población, los mismos que hace rato estaban bancarizados. Ese fue un error importante de cálculo. Pero además yo cometí errores tácticos de ejecución. Estos errores le costaron mucho dinero y, al final, llevaron a la compañía al fracaso.
-¿Fueron meses de mucha presión?
-Terrible. La desconfianza era tremenda. Había, además, todo un tema con las expectativas. Piensa que la compañía pasó de valer 12 millones de dólares a valer 130 millones de dólares en unos cuantos meses. Y cuando la vendimos, el SCH la valoró en 750 millones de dólares.
¡Lo que eso representaba en términos de expectativas era insostenible! Más allá de los problemas estratégicos y de los problemas tácticos que yo pude haber cometido, había un problema de expectativas que era muy difícil de asumir.
-¿Crees que Patagon valía los 750 millones de dólares?
-No fue mi culpa que ellos estuvieran dispuestos a pagar los millones de dólares que pagaron. Ahora, te confieso que en el minuto de la venta yo sí creía que Patagon valía eso. Teníamos más de diez mil clientes y entre los inversionistas había firmas de la talla del Chase Manhattan Bank, el JP Morgan.
-Y ya no queda nada…
-Nada. En Europa la marca dejó de usarse el año pasado. Y en América latina unos años antes.
-¿A qué atribuyes que inventos como Google, You Tube y tantos otros que se hicieron en el garage de una casa, sean comprados en cantidades tan exorbitantes?
-Lo que pasa es que éste ha sido el período con más liquidez en la historia de la humanidad. Hoy en el mundo hay muchísimo más capital que gente, que ideas y que activos. Entonces, cuando aparece algo medianamente bueno, hay toneladas de capital que se lo pelean… La gente cree que estamos viviendo una suerte de revolución tecnológica y que por eso los inventos se venden en cifras astronómicas. Pero no. La tecnología mete ruido, es cierto, ¿pero cuánto la usamos realmente?
-¿Te afectó saber que tras la caída de internet volaron varias cabezas en el SCH?
-Muchísimo. El directorio quería culpables y era lógico que los buscara. Nadie pierde esa cantidad de plata y se queda de brazos cruzados. Hubo muchos que fueron tratados como delincuentes.
-¿Y tú? ¿Te sentiste tratado como delincuente? Algunos artículos de prensa de la época hablaban del “fraude”que tú habías cometido en contra del banco. Se dijo, incluso, que habías tenido juicios laborales en Argentina.
-Se dijeron muchas cosas que fueron ciertas y otras tantas que fueron mentira. El lío es tan grande que explicártelo todo me da mucha fiaca. Pero, a ver... Cuando yo le recompré Patagon América al SCH, en parte fue porque en Argentina teníamos muchos juicios laborales, como pasa con cualquier empresa que entra en liquidación o hace despidos masivos. En nuestro caso, sin embargo, se intentó relacionar todo artificialmente con las opciones que se habían entregado a los empleados más antiguos. Y como Argentina es muy corrupta, los empleados que no alcanzaron a liquidar sus opciones se rodearon de abogados y jueces mafiosos. ¡Nunca me voy a olvidar de un juez sentado en mi oficina de Miami pidiéndome plata para dejar todo “limpio”!
-¿Ganaste?
-Sí. No había por donde perder.
Una pequeña dosis de suerte
-¿Es cierto que el SCH estuvo a punto de interponer un juicio en tu contra?
-No, nunca hicieron nada.
-Y eso que te mandaste varios comentarios desafortunados. En una entrevista que diste a El Clarín, en Argentina, pocos meses después de la debacle, dijiste abiertamente que habías tirado 270 millones de dólares a la basura. No fue un comentario muy estimulante para ellos.
-Sí, quizás no lo debiera haber dicho de esa forma. Pero fue así. Cuando el Banco Santander nos compró, además de la plata que pagó, nos dio a nosotros 270 millones de dólares para capitalizar la compañía. Y resulta que no hicimos nada de lo que hubiéramos querido hacer.
-Fue muy difícil enfrentarte al fracaso después de haber tocado el cielo?
-No. Y te lo digo de verdad. Cuando recién vendimos y todo el mundo hablada de mí como el hombre de los 528 millones de dólares, el genio, el ídolo y todo eso, yo era el primero en decir ¡cuidado! yo no soy tan extraordinario. En cada una de las conferencias que di en Chile, cuando los jóvenes de mi edad rayaban con lo que a mí me había pasado y me tenían en un pedestal, yo decía, “no se equivoquen, yo soy un ser común y corriente”. Eso me ayudó mucho para no desmoronarme cuando todo esto se fue al suelo.
-Ahora, difícil desmoronarse con la cantidad de millones de dólares que te quedaron. Convengamos que tu caso es muy distinto al de otros “niños prodigio” que tocaron el techo con la locura de internet. La mayoría, se fue a pique cuando vino la debacle. Acá en Chile, sin ir más lejos, Santiago Muzzo estuvo entre los damnificados.
-Sí, reconozco que tuve suerte. Fui de los pocos, si no el único, que salió bien parado de todo el pinchazo. Y no porque fuera más inteligente, ni más pillo, ni más nada. Yo no tenía cómo predecir que algo así iba a ocurrir. Pasó y punto.
-¿Te pusiste alguna vez en el escenario del desplome?
-Muchas veces. Pero no me asusta. Si bien me encanta la plata, y soy un agradecido de todo lo que he podido hacer gracias a la plata, no me desespera pensar en no tenerla. De hecho, si lo hubiera perdido todo, por ningún motivo hubiera salido al mercado a buscar trabajo. Me habría ido a vivir a Chiloé y me hubiera convertido en pescador.
-Es fácil decir eso cuando se tiene tu patrimonio.
-Quizás… La única vez que trabajé en situación de dependencia fue mientras estudiaba administración de empresas en la universidad. Hice un par de pasantías y me cargó. Odio cumplir horarios, odio la rutina, odio tener que rendir cuentas.
-¡Qué suerte la tuya! Mucha gente siente lo mismo que tú, pero no tiene más alternativa que trabajar en situación de dependencia.
-Sí, soy un tipo afortunado. Siempre he pensado que es mejor tener suerte que ser inteligente.
-Lo dices con ironía.
-No, te estoy hablando en serio. Sería muy ingenuo pensar que todo lo que he podido hacer a esta edad, dar la vuelta al mundo con mi mujer y los chicos, elegir dónde quiero vivir y manejar mi tiempo, lo hubiera podido hacer si en mi vida no hubiera existido una dosis de suerte. Además, es mucho mejor que la gente crea que las cosas te pasan por suerte. Así no te tienen envidia… Cuando entrevisto gente para que trabaje en alguna de nuestras empresas, siempre les pregunto, al final de la conversación, si se consideran tipos con suerte. Si me dicen que no, no los contrato.
-¿Y cuánto pesa el fracaso en tus contrataciones? Dicen que Bill Gates no contrata a nadie que no sea capaz de demostrar un fracaso.
-Un mentor me preguntó una vez qué era peor que fracasar. Y yo, que hasta ese momento no había hecho nada bien, no se me ocurría nada peor. Después de darle varias respuestas incorrectas, me dijo: lo único peor que fracasar es ser el único exitoso. Y tenía razón. Los éxitos solo te dan vicios, no te enseñan nada. Yo no quiero llegar a los 90 años y decir “me fue bárbaro, pero me siento mal porque siempre me he salvado solo”.
-¿Es muy intruso preguntarte en cuánto has multiplicado los 528 millones de dólares que te pagó Santander?
-A mí no me pagaron 528 millones de dólares. No me acuerdo exactamente cuánto me tocó a mí, pero éramos muchos.
-¿No te gusta hablar de plata?
-Es que si te tengo que hablar en serio, me tengo que meter en Excel, porque no sé. Además, me parece obsceno hablar de plata en un lugar donde hay tanta gente pobre. No quiero tener que andar con guardaespaldas cuando voy a Brasil, Argentina o Uruguay.
-¿Nunca pensaste en irte a vivir a una isla paradisíaca y olvidarte de los negocios? Después de todo, tienes plata suficiente para varias generaciones.
-No. A mí me gusta hacer cosas. Yo no tengo toda la plata en bonos del tesoro rentándome al 10%. Yo invierto en cosas concretas y mañana puedo perder todo. Nadie tiene la vida comprada. Además, no creo que les deje mucho a mis hijos.