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Artículo correspondiente al número 251 (30 de abril al 14 de mayo de 2009)
En la zona central –en la V Región–, participa en un levantamiento cartográfico de avanzada precisión, en un convenio entre Parques para Chile y The Nature Conservancy (TNC), que permitirá identificar las zonas de alto valor para la preservación y cuidado del ecosistema mediterráneo, así como a los propietarios de esos terrenos. “El objetivo es incentivar actos de conservación privados, hacernos responsables de cuidar y restaurar nuestro paisaje y ayudar a los propietarios a lograrlo”, dice Ringeling.
Otro empresario que ha avanzado bastante en el tema es Antonio Schneider. El accionista de Transam, que tiene un lodge en la zona de Campos de Hielo Norte, está estudiando la forma de hacer conservación consiguiendo financiamiento mediante la mitigación del carbono. Asimismo, tiene en San Fernando un parque de bosque esclerófilo de cerca de 10 mil hectáreas.
Uno de los proyectos que ha mantenido un bajo perfil es el del presidente de Colo Colo, Gabriel Ruiz-Tagle. El empresario es dueño del Parque Futangue, un predio de aproximadamente 12.500 hectáreas en la zona de Lago Ranco. “La idea surgió a raíz de mi experiencia en la elaboración del Parque Oncol. Trabajé en ese predio y después me dediqué a lo mismo en forma independiente. En 1997 llegué a Lago Ranco a trazar un camino en un cerro que tenía bosque nativo y allí conocí a Gabriel Ruiz-Tagle, quien tenía un terreno de 400 hectáreas que no estaba pensado para vivir ni para hacer faenas tradicionales”, recuerda Andrés Martínez, administrador del Parque Futangue.
Martínez planteó a Ruiz-Tagle la idea de elaborar un proyecto parecido a Oncol, y el empresario se entusiasmó. Fue tal su interés, que siguió comprando terrenos hasta llegar a las 12.500 hectáreas. Para que el parque no sea utilizado en otros fines, los sitios fueron traspasados a la Fundación Ranco, cuyo objetivo es seguirles dando este uso y carácter social-educativo, ambiental.
Cerca de la zona se encuentra también la reserva Huilo Huilo, proyecto ligado al empresario Víctor Perterman. Se acaba de establecer un comodato a favor de la Fundación Huilo Huilo en una extensión importante de la reserva, zona que se denomina el Corredor del Huemul. La fundación, liderada por la empresaria Ivonne Reifschneider, surgió para concretar el sueño de conservar y proyectar a futuro Huilo Huilo, lo que en términos prácticos se traduce en proteger y recuperar el bosque húmedo templado, integrando a las comunidades aledañas con el fin de mejorar su calidad de vida.
Otro empresario que está embarcado en el mundo de la conservación, pero en su caso con una mirada científica, es Eduardo Ergas. A través de la Fundación Ecoscience, administra cerca de 110 mil hectáreas distribuidas en distintas partes del país. Paulina Andrés, encargada de la entidad, especifica que poseen terrenos en concesión tales como Yahgashaga, en la costa occidental de Isla Navarino, el cual fue otorgado por el ministerio de Bienes Nacionales para desarrollar conservación y ciencia. Asimismo, administran un predio en el sector Lago Colico (IX Región), donde el propósito es establecer criaderos de aves y pudúes, y otros paños que son de inversionistas extranjeros.
A nivel empresarial también hay proyectos de conservación importantes. Es el caso de mineras y forestales, las que
llevan la delantera en la materia con la creación de parques naturales. Uno de los proyectos nuevos es el que quiere materializar Gasco en el Fundo Cruz de Piedra en el Cajón del Maipo, por donde pasa el gasoducto. Se trata de 90 mil hectáreas. Otra firma que está impulsando un proyecto es Cecinas Llanquihue de la familia Mödinger. Apoyados por Corfo, están diseñando el Parque Ornitológico Río Maullín, de 62 hectáreas de bosque nativo, pertenecientes a la empresa.
Pero no sólo empresarios conocidos están embarcados en este boom. Existen muchas iniciativas privadas de menor tamaño que se están levantando en diversos puntos del país.
Uno de los más nombrados es el proyecto de la Corporación Altos de Cantillana, liderado por el pintor Joaquín Solo
de Zaldívar. La entidad reúne a varios propietarios que heredaron los terrenos y que desean conservar la meseta y montañas que conforman la formación Altos de Cantillana.
Esta intención no ha estado libre de problema. Solo de Zaldívar explica que la zona, si bien es propiedad privada, se ve enfrentada a un cada vez mayor circuito de personas que quieren subir a la meseta, actividad que amenaza a la preservación de los bosques de robles. “La meseta es un museo vivo de lo que fue el valle de la zona de Aculeo, pero vemos el peligro de que los centros urbanos están acercándose a la montaña, lo que la pone en riesgo, ya que muchos turistas suben sin respetar alambrados ni la flora del lugar”, acusa el pintor.
Es precisamente esta vulnerabilidad la que tiene al abogado Alejandro Quintana, Marcelo Ringeling, Francisco Solís y Victoria Alonso (estos dos últimos de TNC) trabajando un proyecto para llevar adelante un cambio en el Código Civil que signifique reconocer un nuevo derecho real: el de conservar.
Con esto se busca lograr un reconocimiento de las áreas protegidas privadas, estableciendo incentivos apropiados que garanticen su protección y seguridad jurídica. Alejandro Quintana expone que lo que busca el derecho real de conservación es que cualquier privado pueda constituirlo no necesariamente en todo su territorio o urbanización, sino también en partes o zonas que tengan un valor ecológico dentro de una propiedad. Con ello se establecen ciertas obligaciones de conservar e invertir, y también de prohibiciones como, por ejemplo, no destinarlo a desarrollo inmobiliario o a otra actividad que amenace al área protegida.
David Tecklin, ex director de la WWF en Chile y que trabaja en Estados Unidos, grafica muy bien la problemática:
“Otros países tienen herramientas legales que aseguran el resguardo a perpetuidad de las áreas protegidas privadas. Tal salvaguardia puede tomar muchas formas, pero lo que está claro es que la precariedad jurídica es una barrera”. A su juicio, si se logra contar con esta herramienta legal, los casos de conservación privada en Chile aumentarían en forma considerable.
| Virtudes públicas y privadas |
Otra modalidad de conservación que está surgiendo con fuerza entre los privados es la asociación con el sector público, por ser éste uno de los grandes tenedores de tierras. De hecho, el Estado es dueño de un tercio del territorio nacional, del cual 14 millones de hectáreas (el 19% del total) corresponden al Sistema Nacional de Areas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE). El 13% restante es administrado directamente por el ministerio de Bienes Nacionales, incluyendo allí inmuebles rurales y urbanos. Como la cartera no puede administrar todos estos terrenos, está embarcada en echar a andar un nuevo concepto de conservación público-privado, en el que el Estado cede a un privado un área de protección para que éste la gestione, bajo un proyecto aprobado por la autoridad. “De esta forma, podemos llegar a territorios con gran riqueza en los cuales Bienes Nacionales no puede por ley invertir”, explica la ministra de Bienes Nacionales Romy Schmidt, quien agrega que también se venden territorios contra proyecto. Si éstos no se cumplen, el comprador debe devolver el territorio, recibiendo a cambio el dinero que había pagado. “A veces buscamos proyectos ancla para lugares turísticos atractivos en que ningún empresario se ha atrevido a invertir. En ese caso se dan determinadas facilidades al empresario para que inicie proyectos de turismo y conservación, lo cual gatilla en sus pares un efecto demostrativo. Algo así ocurrió en Río Serrano, al lado del Parque Nacional Torres del Paine, donde se instaló un empresario que atrajo a otros; y en el Ventisquero Wood, en el acceso a Campo de Hielo Norte, por la caleta Tolten. En este caso se acercó una sociedad que entre sus inversionistas tenía a Eduardo Ergas, e inmediatamente, en cuanto se supo, apareció otro grupo de empresarios que también quería invertir”, explica la ministra. El primer proyecto de conservación público privado en alianza con el ministerio de Bienes Nacionales es el de la Fundación Wilderness, en el sector de Lago Copa, Aysén. Ricardo Locke, miembro de la familia Locke (chileno-norteamericana) que está tras la fundación, explica que la iniciativa surgió formalmente en 2002, producto de los ideales y compromiso de sus fundadores, en cuanto a promover el desarrollo de las personas en equilibrio con la naturaleza. |