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Artículo correspondiente al número 205 (01 al 14 de jun 2007)
A pesar de haberse llevado una sorpresa con el discurso de la presidenta el 21 de mayo, asegura que sigue habiendo razones fundadas para criticar y para continuar escéptico. Ve desprestigiado al Estado y a los políticos, y les recuerda a éstos que el mercado de la democracia puede ser muy cruel cuando se lo ignora.
Por Cony Stipicic H. Fotos, Enrique Stindt

Se define como un liberal escéptico y desconfiado. Parapetado tras el velo del pesimismo, no se identifica con los agoreros pesimistas que tanto acusa la presidenta Michelle Bachelet. Está ahí porque es un convencido de que, para funcionar, el país necesita crítica y debate. Y juega con ventaja: tiene una combinación de cartones que le permite mirar desde distintos ángulos. Leonidas Montes Lira es ingeniero civil industrial, doctor en economía, licenciado en filosofía y magister en ciencias políticas. Profesor full time de la Universidad Adolfo Ibáñez, miembro del consejo directivo del Centro de Estudios Públicos y uno de los tres integrantes del comité de autorregulación de la Bolsa de Comercio de Santiago, Montes reserva parte de su tiempo a las columnas de opinión y al análisis. En ellas mezcla la fría racionalidad de los números con la ética, la política, la historia y la moral. Una mezcla tremendamente atractiva que recuerda que lo público es mucho más que la mera declaratoria a la que nos tienen acostumbrados.
-¿Marcó un punto de inflexión el discurso presidencial del 21 de mayo?
-No creo que haya un quiebre, pero sí que el discurso fue bastante más prudente de lo que se esperaba. A pesar de todo, fue ponderado respecto de lo que será el gasto fiscal. Se sigue viendo responsabilidad, y eso va a ser positivo para el país. La baja de 0,5% en la regla del superávit estructural fue adecuada.
-¿Cuál era la amenaza previa?
-Yo era de aquellos parapetados detrás del velo del pesimismo y desde ahí tenía otras expectativas. Salvo el tema laboral, que a mi juicio fue bastante vago y ambiguo, lo demás me pareció sumamente sensato. Invertir en educación es una prioridad que todos reconocen.
-¿Se descorre el velo del pesimismo?
-Siempre es importante que haya agoreros del pesimismo. Cumplen un rol fundamental en la tarea de velar por las buenas prácticas dentro de las políticas públicas. La crítica de que el gobierno ha sido bastante autocomplaciente debido a la cantidad de años que lleva en el poder es cierta, por eso es bueno que haya debate y que se digan las cosas como son.
-Ahora bien, tú adscribes a quienes confrontan la realidad con sentido crítico desde la academia y las columnas, pero la presidenta más bien alude a los que critican por oficio.
-Hay razones fundadas para criticar y para seguir siendo pesimista y escéptico en muchos aspectos. En el tema de la eficiencia del gasto sigue abierta una gran interrogante. Se han dado recurrentes pruebas de ineficiencia, descoordinación e incompetencia en muchas áreas del Estado.
-¿No temes a que se juegue con las expectativas por sacar provecho político?
-No. Yo creo que las expectativas respecto del país son favorables, no veo irrupciones o políticas populistas. Chile sigue siendo un país muy responsable y el discurso de la presidenta así lo fue. No tiene comparación, por ejemplo, con tres hitos anteriores, como el caso del decálogo para los ministros, su salida en pantalla junto a Alejandro Guillier para reprobar a Carabineros o su carta a El Mercurio. Esos tres casos me parecieron pésimamente mal diseñados desde el punto de vista político. En cambio, en el último mensaje se ve que hubo un razonamiento mucho más prudente. Este fue un año horrible y a mi juicio el mensaje ponderó distintas demandas, lo cual es bueno.
-¿Y le da aire a Bachelet?
-Es que el mismo programa de gobierno generó mucha ilusión, con esto del gobierno ciudadano y de mayores niveles de participación. Somos varios los que creemos que en Chile hay mucho por hacer en términos de accountability, alta dirección pública, administración de empresas públicas. Ahí queda un gran camino por recorrer, no obstante que hemos visto buenas iniciativas e intenciones. En un comienzo, a partir de la empatía y cercanía a la gente, el gobierno fue un poco iluso en muchos aspectos y ahora recién estamos cayendo en lo que es hacer política real.
-¿Está aprendiendo a hacer política la presidenta?
-Todos están aprendiendo a hacer política: la presidenta, el ministro de Hacienda, el gabinete… Y eso es muy sano.
-¿Cómo sale parado Andrés Velasco después de meses duros?
-Creo que el discurso lo fortaleció a él y que él fortaleció al discurso. No veo gestos de debilidad en bajar el superávit, fue una decisión ponderada y creo que la mano de Velasco estuvo ahí. Además, la forma en que se va a implementar esta nueva agenda es un espaldarazo para él. En ese sentido yo creo que el ministro de Hacienda sale muy fortalecido, y a mí me parece muy bien que lo esté.