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Artículo correspondiente al número 308 (9 al 22 de septiembre de 2011)
Pese al anacronismo de algunos de sus principios, el PC chileno atraviesa por un momento expectatne. De la mano del movimiento estudiantil, el partido de la hoz y el martillo -próximo a cumplir 100 años- busca convertirse en una fuerza política importante en las próximas elecciones municipales. ¿Será capaz de sacar provecho del descontento ciudadano? Por Fernando Vega.
Mientras en el mundo occidental los partidos comunistas administran su declive, el PC chileno parece salir de las sombras. De la mano del movimiento estudiantil, la tienda de la hoz y el martillo busca dejar atrás su anacronismo, consciente de que la clase obrera chilena ya no es la de antaño.
Hay un comunismo 2.0. Un partido que, a pesar de seguir organizándose en “células”, emocionándose con las canciones de Quilapayún o defendiendo a Fidel, intenta fusionar su discurso revolucionario con un mundo donde el muro de Berlín ya es historia. Una colectividad que, para recuperar la popularidad perdida, ha comenzado a hacer más flexible su estructura y sumado aspiraciones ambientales, sindicales, políticas y hasta de diversidad sexual, a sus demandas de igualitarismo.
Desde el retorno a la democracia en 1989, el PC ha captado en promedio el 6% de los votos. Sin embargo, algunos analistas pronostican que en las actuales condiciones su votación podría llegar al 10%, si finalmente se aprueba la inscripción automática. La cifra no es menor.
Pero lo que el PC no logró en las urnas durante los últimos 20 años lo ha conseguido en los movimientos sociales. Al menos, en términos de figuración pública. Los comunistas han sobrevivido a través de la presencia de sus dirigentes en las poblaciones, los sindicatos, colegios y universidades. Sin ir más lejos, en el último congreso doctrinario del partido –en diciembre de 2010– se hizo un “firme llamado a toda la militancia comunista a insertarse de lleno en las organizaciones sociales de masas, en todo ámbito y nivel”.
Y en ese trabajo –persistente, hay que decirlo– el PC tuvo un golpe de suerte: apareció Camila Vallejo (23 años).
Genéticamente comunista –y genéticamente bonita– la presidenta de la FECH y rostro emblemático del movimiento estudiantil se ha convertido en una inyección de energía para el PC, que hasta ahora parecía continuar de luto por la muerte de Gladys Marín. Por mucho que haya tenido triunfos electorales (3 diputados y 4 alcaldes), el alma todavía no le volvía al cuerpo. Hasta ahora. Ninguno había soñado siquiera con salir en la portada del semanario alemán Die Zeit –como sí lo hizo Vallejo hace algunos días–, ni había logrado convocar a tantas personas para una causa como lo ha hecho ella de la mano de la Confech.
A pesar de la notoriedad que le ha dado, los miembros del partido aseguran que el PC está lejos de manejar el movimiento estudiantil. El diputado y secretario general comunista, Lautaro Carmona, precisa que entre los estudiantes hay un amplio espectro de miradas políticas y que el PC es sólo una de ellas. De ahí que el intento de La Moneda de tender puentes con este partido para desactivar el conflicto no haya tenido ningún éxito.
“Fue un error del gobierno intentar conversar con la cúpula del PC, porque ellos no tienen la fuerza que tenían en los 80 o 90 sobre sus militantes. Es una vieja táctica, pero que aplicarla hoy es una ingenuidad”, sostiene Cristina Moyano, investigadora de movimientos de izquierda de la Usach.
A entrenar
Al igual que la mayoría de los comunistas chilenos, Camila Vallejo inició su carrera política a los 17 años, cuando entró a militar a “la Jota”, como se les llama las Juventudes Comunistas (JJCC). Con una sólida estructura entre las federaciones de estudiantes, este organismo ha sido clave en esta suerte de primavera del PC. De hecho, tiene cerca de 6 mil miembros, el doble de lo que tenía en 2010. Según el presidente PC, Guillermo Teillier, este aumento tiene que ver con las redes entre estudiantes. Sin embargo, él mismo advierte que la historia demuestra que con el tiempo muchos de estos jóvenes no siguen militando, o bien se cambian a otro partido.
| Puertas adentro |
| Estructura jerarquica: presidente, secretario general, comisión política (16 miembros), comité central (80 miembros), comisiones nacionales, comités regionales, comités comunales, células. Militantes: 45 mil, 17 mil activos. Diputados: Hugo Gutiérrez (Iquique), Lautaro Carmona (Copiapó) y Guillermo Teillier (PAC, Lo Espejo y San Miguel) Alcaldes: Isaías Zavala (Diego de Almagro), Rodrigo Sánchez (La Ligua), Salvador Delgadillo (Tiltil) y Claudina Núñez (PAC). Votacion: 5,03% (concejales 2008) Figuras emblemáticas: Luis Emilio Recabarren, Pablo Neruda, Luis Corvalán, Volodia Teitelboim y Gladys Marín, entre otros. |
| La notoriedad de Camila Vallejo dentro del PC es similar a la de sus diputados Guillermo Teillier, Lautaro Carmona y Hugo Gutiérrez |
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| Después del colapso |
| “Junto con la UDI, los comunistas probablemente son los únicos que se pueden denominar un partido de verdad. Actúan como partido, de manera obediente y organizada, sin díscolos”, dice Cristián Pérez, historiador del CEP que ha estudiado a la izquierda chilena. El investigador cree que el PC está sub-representado y por eso no le extraña que hoy coseche presencia en los movimientos sociales. “Uno podría intuir que en las actuales condiciones podrían tener un 10% de apoyo. Y si tuviesen plata para hacer campañas más fuertes, seguramente tendrían más parlamentarios y alcaldes”, señala. “El PC siempre ha tenido una cierta influencia en sectores de la sociedad, en las poblaciones, entre los mineros y pescadores. No es menor que se trata de un partido de 100 años, que ha estado proscrito varias veces y ha sobrevivido”. En efecto, el PC ha debido ingresar a la clandestinidad al menos en tres ocasiones: en los gobiernos de Ibáñez, González Videla y Pinochet. “Pero nunca dejaron de existir, incluso después del golpe, cuando perdieron dos o tres direcciones enteras. En todos los pueblos hay células comunistas, y culturalmente son muy fuertes. Pertenecer al partido es una tradición familiar que generalmente pasa de padres a hijos, de abuelos a nietos”. Aparte de las fortalezas de su organización, el historiador considera que los comunistas hoy están captando simpatía entre los estudiantes y trabajadores porque han sido consecuentes –y obstinadosen su crítica al modelo neoliberal. “Siempre han dicho lo mismo: que el sistema no es legítimo y en algún momento debía fracasar, porque no representa a la mayoría. Esa es su visión. Y ahora que surge este cuestionamiento al modelo, ellos no quedan mal parados”. Agrega que el partido ha sido pragmático, más allá de su adhesión al marxismo leninismo. “El PC tiene una vocación de aceptar las reglas del juego y formar parte del sistema. Por ejemplo, cuando fueron proscritos en 1947 el secretario general de entonces intentó crear una línea radicalizada y fue expulsado. De hecho, cuando vuelven a la legalidad, diez años después, insisten en la vía electoral”. Si la crítica hacia el modelo de sociedad abierta ha sido dura y consistente, no hay tanta claridad sobre qué sistema proponen. “Ya no piensan en una revolución social y están por una lucha democrática de masas, que permita cambiar la Constitución y el modelo económico. Pero no tienen una opción clara sobre lo que pretenden a cambio del sistema actual. En rigor, el PC no ha superado el colapso de los socialismos reales. Propone, en líneas gruesas, una sociedad distinta, con un papel preponderante del Estado; nacionalizar las riquezas naturales y dar cabida a una asamblea constituyente”. Pese a que los lineamientos de Lenin están bastante cuestionados, siguen siendo un partido monolítico, en que no se aceptan disidentes: “por ejemplo, en los 80, el PC dio un giro y adoptó la política de rebelión popular de masas, incluyendo la vía armada. Eso fue un acuerdo de la dirección en Chile, aunque algunos dirigentes en el exilio no estaban de acuerdo. Gladys Marín, que era la encargada de la dirección interior, fue la que tomó la decisión. Orlando Millas, por ejemplo, estaba en contra”. Otro giro ocurrió luego del descubrimiento del arsenal de armas en Carrizal y el atentado a Pinochet, dos fracasos que determinaron un cambio frente a la política militar. “La decisión no es aceptada por algunos de los jefes del FPMR que se van del partido”, dice Pérez. Y explica que la decisión de abandonar la lucha armada se debió a puro pragmatismo: luego del atentado, el PC quedó aislado y, para evitar ese aislamiento, decide dejar de alentar las acciones militares, las cuales eran un componente de la estrategia de lucha de masas. Las grandes crisis de la agrupación son más antiguas: en los años 20-30 el entonces Partido Socialista Obrero se transforma en el Partido Comunista y se convierte al bolchevismo, para así poder ingresar a la Internacional Comunista. “Ahí pierde parte importante de la tradición representada por gente como Luis Emilio Recabarren. Empieza a adoptar una estrategia determinada desde la Unión Soviética, acepta posiciones dogmáticas, alejándose de sectores que antes los apoyaban y dando cabida con ello a la irrupción del PC. La influencia foránea se aprecia sobre todo cuando el PC expulsa a los militantes que se declaran partidarios de la opción china y, más adelante, cuando evita cualquier acercamiento al eurocomunismo. Gente como Ernesto Ottone –ex asesor de Ricardo Lagos- abandona el partido. Lo misma pasa con la caída del muro de Berlín: dirigentes como Luis Guastavino se van porque creen que el partido debe reinventarse ante la derrota histórica de los socialismo reales”. Pérez piensa que el PC está aprovechando el momento de crítica hacia el modelo. Y que su consecuencia en esa línea le está trayendo beneficios, aunque no lidera el movimiento estudiantil. “El PC nunca se aburguesó. Sus parlamentarios entregan la dieta al partido y se han mantenido viviendo en sus barrios, sin cambiar a sus hijos de colegio, sin cambiar de comuna, como pasó con el PS”. |
| Municipal a dos bandos |
| “Una de sus grandes virtudes es que hace las cosas con mucha naturalidad”, dice un viejo comunista, orgulloso de Camila Vallejo. El partido ya tomó la decisión de proyectarla como figura política y está casi decidido que será rostro de las elecciones municipales del próximo año. Ella misma ha reconocido su interés y disposición a participar en alguna competencia electoral. Su estrategia para las municipales consiste en una doble alianza: con los partidos y agrupaciones de izquierda para la elección de concejales; y con la Concertación para la de alcaldes. Lautaro Carmona conduce las negociaciones y explica que está conversado con “todas las fuerzas” como el Juntos Podemos de Jorge Arrate, el MAS del senador Alejandro Navarro, los ecologistas, el movimiento del diputado ex PS Sergio Aguiló y hasta el PRO de Marco Enríquez Ominami, entre otros. Con la Concertación, el PC pretende cerrar un acuerdo que considere como mínimo que se mantengan sus candidatos en las 7 comunas donde el partido por sí solo o aliado al “Junto Podemos” ya posee un alcalde, a cambio de apoyar con sus votos a los candidatos de los otros partidos. |