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Artículo correspondiente al número 233 (25 de julio al 7 de agosto de 2008)
Es mucho más que el lugar de encuentro de la comunidad peruana los fines de semana. En Catedral con Bandera también ha surgido un polo comercial de proporciones, orientado exclusivamente al inmigrante. Capital conversó con sus protagonistas, los antiguos, los nuevos, los exitosos e incluso los que están a punto de cerrar sus cortinas. Por Paula Vargas.
“Buenos días, ¿en qué puedo ayudarla?” Es la bienvenida de Claudia, una joven peruana que atiende uno de los cinco centros de llamados de Alvaro Larraín (38), un empresario chileno que prácticamente se ha tomado la cuadra de Catedral al llegar a Bandera con su cadena de centros de llamados, y quien asegura que pronto la zona dejará de llamarse La Pequeña Lima –como actualmente la denominan, por ser el centro neurálgico de los inmigrantes peruanos en el país– para llamarse Punto Perú.
¿Por qué? Es la pregunta que de inmediato surge frente a su aseveración y la respuesta de Larraín es sencillamente sorprendente: “porque yo lo digo”. Por un minuto, el silencio se apodera de la pequeña oficina que tiene en el segundo piso de su primer local, en Catedral 1033, pero pronto Larraín suelta una carcajada, y aclara el comentario:
“Nosotros posicionamos este barrio como el de los inmigrantes peruanos, dimos a conocer este lugar como el centro de encuentro de la comunidad a través de una serie de actividades. Creamos el día de la nana el 25 de noviembre, y de ahí en adelante hicimos varios festivales y celebraciones, donde llegamos a reunir hasta 5 mil personas en cada evento… Ahora tenemos prácticamente tomada la cuadra con nuestros locales, los que en unas semanas se llamarán Punto Perú. Por eso creo que en unos meses será conocido el sector con ese nombre”, comenta con total certeza.
Cómo no va a estar convencido, si en menos de una década su negocio ha superado cualquier expectativa. Este ingeniero civil de la Universidad Católica y ex ejecutivo de Chilesat, tras quedar cesante, pasó de vender tarjetas de prepago en un rincón de una tienda de ropa interior a expandir una pequeña cadena de centros de llamados. Fue uno de los pioneros en esto de montar negocios orientados exclusivamente a los inmigrantes peruanos a fines de la década pasada, cuando la inmigración del vecino país estaba en pleno auge.
Pero no fue el único. Como él, muchos chilenos y, más tarde, peruanos quisieron participar de la torta que les ofrecía este nuevo nicho de mercado que supera las 60 mil personas, según datos de la última encuesta Casen (2006).
Capital, durante un recorrido por el sector, conversó con sus protagonistas: los antiguos, los nuevos, los exitosos e incluso “los pedidos”, como más de alguno denomina a quienes están a punto de bajar sus cortinas. Ellos cuentan en primera persona sus historias de emprendimiento. Unos, más abiertos que otros, “por las sensibilidades que existen contra nosotros”, según explica un comerciante peruano. A pesar de ello, aceptaron sentarse a conversar y reconstruir la historia de los negocios que orbitan en torno a La Pequeña Lima.
Cuentan que entre los primeros en tomar posiciones en el sector está Perú Services, uno de los establecimientos más grandes para envío de remesas. Luego aparecieron los negocios de cabinas telefónicas hasta que, un par de años más tarde, la cuadra de Catedral al llegar a Bandera cambio totalmente su configuración. El sector donde antes se ubicaban paqueterías, librerías, ópticas, cafeterías y una que otra tienda de ropa, mutó por completo.
Así fue como se fue tornando más que interesante en términos de negocio; no precisamente por la magnitud de sus transacciones –que siempre son de muy bajo monto–, sino por el número de clientes que atrae. “Aquí uno se juega por el volumen de personas que diariamente transitan, especialmente en las quincenas y los fines de semana. Porque, déjeme decirle algo: aquí la mayoría de los locales abrimos todos los días del año, y esos días son los de mayor venta”, comenta Marcos Becerra, representante en Chile de Perú Services.
Pero en el recorrido hay mucho más. Confiterías, locales de conexión a Internet y decenas de improvisados restaurantes de comida peruana; la gran mayoría, con una cantidad de clientes razonable. Sin duda los que ganan por lejos son los centros de llamados. Contabilizamos más de 50 locales (por lo bajo), incluyendo los que están dentro de los cuatro pasajes y el pequeño centro comercial tipo caracol, ubicados en el sector.
Hasta la banca tradicional ahora tiene presencia en el lugar. Precisamente, el Banco del Desarrollo tiene una sucursal orientada básicamente a las remesas de dinero al vecino país.