|
|
Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas La misión especial de Gilolmo |
Califica este artículo
Otros artículos de la sección:
Artículo correspondiente al número 244 (26 de diciembre de 2008 al 22 de enero de 2009)
Cuando César Alierta nombró a Emilio Gilolmo presidente de Telefónica Chile, lo envió con varias misiones. En estos dos años y medio, se podría decir que ha cumplido gran parte de ellas. El último hito fue la OPA lanzada por la multinacional, lo que se puede considerar un hito en lo que serán los destinos de la nueva compañía. Tras todo esto está la mano de Gilolmo, que con una forma diferente de liderazgo ha logrado casi lo imposible. Por Sandra Burgos. Fotos: Verónica Ortiz.
Quienes lo conocen dicen que Emilio Gilolmo es una persona entrañable, con una empatía y una caballerosidad de esa que ya no existe –aprendida de seguro en sus años en la Escuela Diplomática Española–, que le han permitido abrir puertas en los ambientes más hostiles y que lo convierten en un embajador innato, aunque él se niegue a asumirlo.
Pero, por sobre todas las cosas, su estilo de liderazgo, capaz de sacar lo mejor de sus colaboradores –esculpido en su paso por una congregación jesuita para laicos– fue, sin duda, lo que llamó la atención del presidente de la multinacional, César Alierta, para invitarlo a tomar el desafío de hacerse cargo de la presidencia de Telefónica Chile, una compañía a la que urgía encauzar.
Su aventura en Chile, que ya alcanza dos años y medio, ha sido bastante meritoria. Por un lado, logró contener a una organización desgastada por los enfrentamientos con la administración, producto de ajustes de personal y de costos. Ello se vio coronado con el acuerdo histórico alcanzado con los 22 sindicatos de la compañía y que se selló con la firma de un protocolo, mediante el cual los trabajadores se comprometieron a elaborar junto a la administración una agenda laboral por dos años.
Asimismo, logró acercar Telefónica a las autoridades con un estilo diferente y transparente, terminando con el estigma de lobbista que pesaba sobre los hombros de esa compañía.
Por último, ha logrado tender puentes con los accionistas minoritarios, especialmente las AFP, y crear una instancia de diálogo y confianza, que se coronó con la OPA por cerca de 900 millones de dólares lanzada a fines de este año y que marcó un antes y un después en la historia de Telefónica Chile.
Así, en dos años y medio, Emilio Gilolmo puede decir que cumplió con el primero de los encargos que le hiciera Alierta cuando le pidió que viniera a Chile… Tentados por la curiosidad de conocer cuál fue el plan estratégico que implementó para cambiar el rumbo de las operaciones de la multinacional en Chile, subimos al piso 30 de la Torre de Telefónica a entrevistar al Gilolmo ejecutivo… Sin embargo, terminamos sentados en la terraza de su casa conversando con el Gilolmo persona, un hombre que en cada frase derrocha experiencia de vida.
El mandato de Alierta
La primera misión que encargó César Alierta a su amigo Emilio Gilolmo cuando lo envió a hacerse cargo de las operaciones de Telefónica en Chile fue posicionar a la compañía dentro de la sociedad chilena. “El mandato era deshacer algunos mitos
históricos que se arrastraban desde hace cien años, tratar de mejorar esa imagen de la compañía en la medida de lo posible, estar más presente en las actividades de orden social, tener una buena relación con los poderes públicos y continuar la obra hecha por mi predecesor, que hizo cosas estupendas”, explica el ejecutivo.
Lo primero que hizo fue conocer a fondo Chile, su historia, su gente, sus tradiciones y valores culturales. Tenía a su favor el haber leído La Araucana de pequeño –libro que le encantó– y conocía algo de la historia contemporánea de Chile. “Siempre había seguido la trayectoria del presidente Frei Montalva, porque en España en aquel momento la Democracia Cristiana estaba apoyando la lucha contra el franquismo y Frei era un referente para nosotros”, comenta.
Por eso, apenas recibió la invitación de Alierta de venir a Chile no dudó en aceptarla y en ponerse a estudiar a Encina y Castedo, texto que hoy guarda en su “biblioteca chilena”, la cual ha ido formando con textos que ha comprado en cuanta librería se le cruza en el camino. Así, admite, entre dato y dato de libreros y remates, ha conseguido la Historia de España de Modesto Lafuente; las obras completas de Andrés Bello, la Vida de Bolívar, de Salvador de Madariaga, “que no la había encontrado en ningún sitio antes”.
Tras su aterrizaje en Telefónica Chile, Gilolmo se concentró en tres ejes de actuación: los empleados, los clientes y luego en la sociedad. “En los empleados nos hemos volcado mucho como compañía. El clima laboral ha mejorado de manera muy sustancial en estos últimos tres años con la labor de mucha gente, y la verdad es que hemos pasado de un grado de satisfacción interno modesto a uno que en la última encuesta que hicimos está en 82 puntos, lo que representa una mejora significativa”, revela.