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Artículo correspondiente al número 199 (09 al 22 de mar 2007)
-¿Qué piensa de estos arquitectos de moda, como Frank Gehry o Santiago Calatrava?
-La arquitectura está pasando por un período muy complejo de su historia. Porque es el reflejo de la cultura del consumo que vive de lo desechable y de la imagen. En el minuto en que el Guggenheim de Bilbao se transformó en un gran negocio para la ciudad, la arquitectura pública, pasó a ser espectáculo… Que la arquitectura sea espectacular es una cosa que se puede sumar a una serie de otras condiciones que tiene que tener una obra. Pero no puedes basar el espacio construido, en sorprender o impresionar a la gente, porque además es una cosa de corto plazo, que aburre, que pasa a ser como una hamburguesa. Hay una tendencia que es nefasta que está personificada por arquitectos como Calatrava, Gehry y otros. Sus proyectos son encargos de políticos en busca de una postal, para tener una retribución inmediata sin pensar en las consecuencias. Así llegamos a que Gehry diseñe el decimoquinto Guggenheim y después Calatrava repita el mismo puente colgante, que ni siquiera cuelga, porque todo es mentira, en cualquier ciudad del mundo para que el alcalde de turno se saque una foto delante… Es bien trágico.
-Pero usted también ha hecho centros comerciales…
-Un centro comercial no tiene nada de intrínsecamente perverso. Lo perverso es ir llenando la ciudad de objetos llamativos para deslumbrar.
-¿No cree que el concepto de mall en Chile se ha desarrollado de forma muy burda?
-El mall es una realidad a la cual los arquitectos le hemos hecho asco y hemos mirado en menos, pero de verdad es un espacio que funciona y que congrega. El día en que el mall realmente se piense en serio con arquitectos buenos y con proyectos sustentables, no tiene por qué ser malo.
-Por ahora crecen como manchas urbanas, en desorden.
-El Parque Arauco es un mutante permanente. No solo es un desorden visual sino además es un lugar bastante inhóspito. Un alumno mío, que es hijo de Cristián Boza, y que lleva el mismo nombre, está haciendo un proyecto de título, en que transforma toda la superficie plana del Parque Arauco en espacio público. Imagina que techaras los estacionamientos de superficie y, arriba de eso, hicieras puro espacio público, que hubiera pistas para patinar, para escalar, y eso estuviera conectado con el Parque Araucano. O que, en vez de todas esas porquerías del patio de comidas que hicieron metidas en un hoyo al medio, fueran un volumen limpio y permeable, con magnificas vistas sobre el Parque Araucano, y que la calle de servicio trasera, pasara por debajo. Eso es un proyecto y eso lo hace un alumno que se está titulando y que tiene veintitantos años. Y que financieramente sería extraordinario… pero no, van poniendo puros bichos y palmeras.
-En la Plaza de Armas también pusieron palmeras. ¿Qué piensa de los proyectos públicos que se han construido, como el Centro Cultural La Moneda?
-Son proyectos que pueden gustar más o menos, pero son contribuciones a la ciudad, algunas más logradas que otras. A mí la verdad me gustaba más la plaza que había antes. Pero el Centro Cultural Mapocho me parece un lugar extraordinario, lo mismo el Parque de los Reyes. El espacio debajo de la Moneda como lugar para hacer cosas es muy interesante, pero me parece patético que tenga que estar con barreras arriba y todo cercado por carabineros, y que no se pueda caminar por ahí. La parte donde están los espejos de agua está todo cercado, para que no se realicen manifestaciones. No es culpa del proyecto sino de una falta de cultura para habitar un espacio público de manera civilizada, y es entendible porque son cosas nuevas. Nos acostumbraremos y aprenderemos a usarlos con el tiempo, supongo.
-¿Qué diferencia a un arquitecto serio de otro que no lo es?
-Si te paseas por Isidora Goyenechea, hay una colección de artefactos espantosos y entremedio, el mejor edificio de oficinas que se haya construido en este país (Edificio Manantiales), en la esquina opuesta a la plaza Perú, diseñado por Izquierdo, Lehman, Peñafiel y Lira. Está hecho con las mismas normas y las mismas restricciones que todo el resto, y debe haber costado lo mismo. Ahí esta la diferencia entre un arquitecto serio y los que no lo son. Santiago en edificios de oficina tiene un antes y un después del edificio del Consorcio de Borja Huidobro, pero entre ese edificio y los años 60, entremedio hay un hoyo negro, en que pueden haber excepciones, pero la mayoría de lo que se construyó, y que en general se sigue construyendo, es espantoso. Todo lo que hay en la Costanera, salvo el nuevo edificio de CCU, proyectado por Brahm, Nordenflycht, Flaño, Núñez y Tuca, que acaban de hacer por Vitacura, es de una calidad bajísima. En ese lugar hacer edificios rodeados de estacionamientos con techitos de lata fue una tontería. Podría haber sido un espacio público alucinante para la ciudad, con las mismas torres que hay, te gusten o no, pero que pasara algo abajo, en vez de ver secretarias y juniors fumando y comiéndose un sándwich en la vereda, a la hora del almuerzo.
-¿Hay algo que rescate? ¿El Edificio de Justicia?
-Está bien. Pero se siguen cometiendo una serie de crímenes, por ejemplo, el aeropuerto de Pudahuel. El concesionario lo ha transformado en una especie de bazar, de una vulgaridad increíble. Le hicieron un tumor al frente que es un hotel malísimo, cualquier estudiante de primer año de arquitectura sabe que frente a un edificio largo lo que tiene que hacerse, es una torre y no un chancho estacionado al medio...
-El proyecto original no era malo…
-Era un proyecto muy interesante que está siendo destruido sistemáticamente por el concesionario de la mano de la Dirección General de Aeronáutica Civil. Semana a semana aparece una gracia nueva. En los estacionamientos sacaron todos los pimientos y pusieron unos techitos metálicos. Y así suma y sigue.
-Además está congestionado.
-El aeropuerto está colapsadísimo. Pero eso es porque ha aumentado el tráfico, quedó chico. Vamos a ver qué sorpresa nos depara el futuro, cómo lo van ampliar.