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Artículo correspondiente al número 306 (12 al 25 de agosto de 2011)
Hace rato que en Sodimac se dieron cuenta de que la sustentabilidad era mucho más que una moda. Que los consumidores cada día están pidiendo productos más verdes. Que reducir la huella de carbono permite hacer más eficiente el negocio. Realidades que han ido plasmando en su política de sostenibilidad y que ha motivado a otros retailers a subirse al carro. “Nosotros no solamente queremos ganar plata, nuestra meta es ser una empresa querida y admirada”, explica Sandro Solari. Por Carla Sánchez Mutis; fotos, Elisa Bertelsen.

No es el capitán Planeta. Tampoco maneja un auto híbrido. Pero Sandro Solari (ingeniero civil, 41 años) ha liderado una revolución verde al interior de Sodimac que empezó a gestarse hace varios años. Más de 6, para ser exactos.
Julio de 2006. Los ejecutivos de la empresa se reunieron en un off site estratégico para definir las metas del bicentenario. Discutían que a tal año debían tener X rentabilidad y que querían ser una empresa querida y admirada por los trabajadores y los consumidores. Pero el entonces gerente de asuntos legales, Juan Carlos Corvalán, levantó la mano: “¿y qué pasa con la responsabilidad social?”, preguntó. Todos se miraron y asintieron. Desde ese día, Corvalán tiene que dividir su tiempo entre todos los asuntos legales que involucren a la empresa y la RSE, que se convirtió en uno de los pilares fundamentales para el crecimiento responsable de Sodimac.
“Nosotros no solamente queremos ganar plata, nuestra meta es ser una empresa querida y admirada. Si nuestros consumidores no nos quieren, no van a consumir en Sodimac”, explica Solari, quien luce la misma pechera con la que atienden los vendedores. En este proceso se ha preocupado de escuchar personalmente las inquietudes que se plantean al interior de las tiendas en sus recorridos diarios. Solari sabe cuando en tal local faltan ampolletas de bajo consumo o si hay que encargar a China más aireadores de ahorro de agua para lavamanos. “Estudiando a los consumidores detectamos que hay algunos que tienen intereses muy verdes y que había que escucharlos”, cuenta el gerente general corporativo de Sodimac. Con la austeridad que lo caracteriza, Solari insiste en que no es el impulsor de esta revolución verde, sino que detrás está la empresa completa. Desde el bodeguero hasta el gerente.
Una mano. Con ello grafican en Sodimac el modelo de gestión de responsabilidad social que han diseñado. Cada dedo representa un elemento clave: relaciones laborales, gobierno corporativo y ética empresarial, comercio y marketing responsable, compromiso con la comunidad y medioambiente. Al centro de la mano está el aprovisionamiento responsable. “La gracia de Sodimac es que al ser un actor tan grande tiene la posibilidad de hacer que las cosas sucedan”, comentan en la industria.
Los cuarteles centrales de Sodimac, ubicados en la Panamericana Norte, tienen sus días contados. En este mismo lugar se levantará el nuevo edificio verde. Pero Solari no quiere revelar detalles de montos ni menos de las modernidades de las futuras oficinas. Prefiere hablar sobre el Reporte de Sostenibilidad que elaboran hace 4 años para dar a conocer los avances de la compañía en su desempeño económico, social y medioambiental de una forma transparente, verificable y comparable. Un informe que elaboran utilizando la metodología G3 del Global Reporting Initative (GRI) y siguiendo los principios del Pacto Global de Naciones Unidas. Mientras, la sopa de su almuerzo –el mismo que, probablemente, comió su secretaria– se enfría.
-¿Cómo nace esta mayor conciencia por el medioambiente?
-Es una preocupación creciente en nuestros consumidores. Constantemente escuchamos sus necesidades y hemos sacado catálogos donde enseñamos cómo ahorrar energía y no desperdiciar calor, cómo reciclar basura o gastar menos agua. Nosotros lo estamos viendo hace bastante tiempo. Viajando alrededor del mundo nos hemos dado cuenta de esta tendencia verde que, como empresa, hemos enmarcado en un plan más amplio de sostenibilidad. Por ejemplo, dentro de la mano de Sodimac están el marketing y comercio responsable o cómo hacer seguimiento a nuestros proveedores. Tenemos, por ejemplo, un cuestionario traducido al chino para que no haya trabajo de niños en la fabricación de nuestros productos.
-¿Estas iniciativas significan un costo adicional para la empresa?
-Hay ciertas cosas que tienen un costo, por supuesto.
-Según un estudio de Terra Choice –una agencia de marketing digital estadounidense– los consumidores están cada día más verdes y aplican la política de la zanahoria y el garrote: premian a las empresas sustentables y castigan a las contaminantes. ¿Eso ocurre en Chile?
-Creo que va a pasar, sobre todo en los tiempos que estamos viviendo. Hoy en día uno ve que la gente denuncia en twitter si una empresa tiene un letrero prendido toda la noche. Hay que tener una capacidad de escucha y decir: ok, esto es representativo de la sociedad.

-¿Considera que hoy las empresas están incorporando la sustentabilidad para hacer más eficiente el negocio antes que por un cuidado al medioambiente?
-Nosotros no solamente queremos ganar plata. Nuestra meta es ser una empresa querida y admirada por consumidores y trabajadores. Si nosotros fallamos y nuestros consumidores no quieren a Sodimac, no van a votar por nosotros y no van a consumir en Sodimac.
-Es decir, no hemos llegado al punto en que ser verde sea un buen negocio…
-La primera tienda verde que hizo Sodimac en Copiapó requirió más inversión que una no certificada. A lo mejor en el futuro ese local va a tener un costo de mantención más bajo, porque estamos reciclando el agua, usando mejor la luz solar. El ser verde y el poder medir la huella del carbono va mostrando dónde están las falencias, dónde se está contaminando más. Hacerlo inicialmente es un costo, pero cuando se gestionan esos costos se obtiene después el beneficio. Imagínate todo el cobre que manda Chile a China y después vuelve el tubo entero de vuelta: piensa en todo lo que contamina ese transporte.
-¿Ustedes están trabajando en medir su huella de carbono?
-En los últimos años nos hemos enfocado en acciones para mitigar los impactos que causa la operación de nuestras tiendas, como el reciclaje, los productos ecoeficientes y la eficiencia energética. Pero luego de elaborar nuestro último Reporte de Sostenibilidad nos dimos cuenta de que, a pesar de trabajar firmemente en ese tipo de acciones, aún existían temas importantes. Examinando la experiencia internacional, pudimos constatar que el tema de la huella de carbono estaba modificando el mapa de competitividad del retail. Por eso generamos una alianza con Fundación Chile y diseñamos un plan de trabajo para medir nuestra huella de carbono 2010 y nos sumamos como empresa fundadora de la Bolsa del Clima de Santiago (SCX), que empezará a funcionar en 2011. La huella de carbono, como indicador, tiene una ventaja: por un lado sirve para diferenciarse de la competencia –este producto tiene menor impacto ambiental– pero además se integra al mundo de la eficiencia. Al ver la huella de carbono de los productos, uno se da cuenta de que existen oportunidades de mejora, incluso de costo. Por ejemplo, un proveedor de Concepción nos traía los productos al centro de distribución en Santiago y después lo volvíamos a mandar a Concepción. Entonces, por qué no distribuir desde Concepción y ahorrarse todo ese transporte. Al final, terminamos construyendo un centro de distribución allá. Hace poco lanzamos un plan de documento tributario electrónico para poder capacitar a todos nuestros proveedores y que nos facturen de manera electrónica. Así eliminamos los papeles. ¿Quién gana? Nosotros, porque tenemos más digitalización y menos papel, al proveedor le sale más barato y al Servicio de Impuestos Internos le resulta más fácil chequear.
-¿Y qué pasa con los productos de China?
-Esa huella está medida y hoy día podemos al menos saber cuánto estamos contaminando.