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La isla de la intensidad

Artículo correspondiente al número 206 (15 al 28 de jun 2007)

Por supuesto –tan bruto no soy– también me contacté con esa cultura milenaria y enigmática. Podría hablar horas de la ciudad ceremonial de Orongo, Rano Raraku (la fábrica de los moais), Ahu Akivi (los únicos moais que miran hacia el mar), el Ahu te pito o Kura (donde está la piedra redonda de La Perousse) y el alucinante volcán Rano kau, situado a nivel del mar. A propósito de maravillas no he dicho que Orongo es lejos mi lugar favorito de toda la isla. No viene al caso hacer de esto una larga historia, pero valga consignar que en ese lugar, con mi mujer, hicimos lo más grande de nuestra vida. Ahora tiene dos años y cuatro meses y se llama Alejandrito.

Bueno, durante mi fase pascuense me empapé de la gran Historia y de pequeñas historias increíbles. Como la de Orlando Paoa, quien a los 14 años, en 1955, junto a cuatro arriesgados isleños, sustrajo un bote de la Armada para buscar nuevos horizontes. Tras 55 días de navegación, el grupo logró llegar a las Islas Cook. Recorrieron, sin proponérselo, 5.444 kilómetros. Sin documentos, con lo puesto y bebiendo agua de mar para no morir deshidratados. “Llegamos de noche. Nos dieron una bienvenida con una fiesta. Lo que más recuerdo es que no podía caminar, después de tantos días sentado en un bote de siete metros”, contaba años después en el comedor de su hotel Hotu Matua, el ahora empresario Orlando Paoa.

En materia de cuentos la isla es un cofre sin fondo. Muchas noches terminaba aterrado con las leyendas de los varuas (espíritus), contadas por los koros (abuelos) en las cálidas noches de Hanga Roa. Aunque jamás vi algo raro –nadie me apagó la luz, nadie se sentó en mi cama (nadie que yo no quisiera, al menos), nadie me corrió las cosas– los más antiguos solían decir que los espíritus vagaban por la isla como la gente en el Paseo Ahumada.

LA DESPEDIDA

Después de unos buenos años, llegó el momento de volver. En el fondo, creo que nunca dejé de ser un ratón de ciudad. En Santiago no tenemos ni mangos ni guayabas, pero hay buen café espresso. Algunos amigos siempre me preguntan si no extraño mi vida anterior. En realidad, cuando me baja la nostalgia, agarro el auto y parto de inmediato a un mall. Así me descomprimo. Aprovecho de sentarme cerca de las palmeras. Me vuelo con los paisajes paradisíacos que muestran las oficinas de las líneas aéreas en sus ventanales. Y mientras observo el entorno, creo que padeceré de la misma “saudade” del goleador Romario cuando jugaba en Europa y extrañaba Brasil. Pero no. Quienes hemos estado en Rapa Nui, conocemos el poderoso imán que ejerce la isla. Sabemos de su mana (energía) y fuerza. Pero también sabemos en nuestro interior que volveremos. Aunque sea por unos días y como simple turista.

Cuando vuelva, espero que ya sea oficialmente una de las siete maravillas del mundo.

 

EL ARIKI PETERO

Petero Edmunds es todo un personaje. No hay mejor anfitrión que él para un destino de ensueño. De voz potente, carismático y con una personalidad que nada tiene que envidiarle a Hugo Chávez, el alcalde de Rapa Nui no deja indiferente a nadie. Pero, a diferencia del presidente venezolano, Petero no cierra los medios ni anda bravuconeando como matón de barrio con plata. Nada de eso. Petero sabe utilizar los medios; intuye que le sirven para explicar sus políticas comunales o dar consejos prácticos a la población. El mediático alcalde cuenta con un programa propio en radio local, Manukena, donde todos los miércoles revienta el rating, con sus in superables monólogos al estilo Bonvallet. De antología resultó el día en que exhortó a los habitantes de Tepito tehe nua a “hacer más el amor”. No hubo más que obedecerle.

Muy admirado por la mayoría, Petero también es muy criticado por algunos isleños. Pero su liderazgo nunca ha sido cuestionado. De hecho, bajo su mandato, Isla de Pascua ha experimentado un gran impulso turístico y comercial. Y, contrariamente a lo ocurrido en el pasado, ya no es mirada con indiferencia por los medios de prensa y el gobierno central.

Edmunds, sin saberlo, es un graduado en marketing y relaciones públicas y aparece hoy como el único líder capaz de dirigir los destinos de la isla. Mientras compartimos un agradable desayuno en un hotel de Providencia, que a estas alturas es como su casa, Petero comenta muy entusiasmado que conversó unos minutos en CasaPiedra con Al Gore. El hombre por lo visto no sabía que de los 15 mil habitantes que la isla llegó a tener en el período conocido como Ahu Moai (entre siglo X y el XVII, se calcula), la población después cayó a unos cien sobrevivientes, por efecto de sangrientas guerras intestinas. “Fueron ellos quienes perpetuaron nuestra cultura”, dice Petero.

Alcalde de Rapa Nui desde 1994 (ha sido reelecto en tres ocasiones), Petero asegura que mientras su familia, Dios y la ley se lo permitan, seguirá postulando a ese cargo hasta que le dé puntada. Petero se ofende cuando le comentan que en Rapa Nui son anticontinentales. “Donde más antichilenismo he visto es acá mismo, en Chile continental”, y sin pausa alguna prosigue con el famoso tema de lo poco trabajadores que son los isleños. “Con la maravilla de isla que Dios nos dio, teniendo un enorme mar de donde extraer alimentos, yo me pregunto que para qué queremos más”.

A pesar de ser DC, su relación con los gobiernos de la Concertación no ha sido la óptima. Si bien el 6 de mayo del 2006, la presidenta Bachelet fue nombrada miembro del Consejo de Ancianos de Rapa Nui (máximo organismo representante de la etnia), Petero reconoce no tener mucha cercanía con La Moneda. Amable y risueño como siempre, Petero el verdadero rey (Ariki) de la isla actual, se despide con un recado para el gobierno: “Estoy abandonado por mi amiga y hermana Michelle Bachelet”.



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Comentarios

1 Comentarios

Amaya E. :

Publicado Martes 15 de Febrero, 2011 - 14:51 hrs

y cómo hace uno para fabricar niños en orongo?

 
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