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Artículo correspondiente al número 234 (8 al 21 de agosto de 2008)
Los cambios que Raúl Castro está implementado en Cuba en los dos años que lleva como presidente no tienen vuelta atrás. Así lo han entendido los propios cubanos y quienes siguen los vaivenes de la isla. La pregunta que todos se hacen es a qué puntos llegará está particular “apertura” –que hasta ahora se ha centrado en lo económico– y qué ocurrirá cuando Fidel muera, las fuerzas internas demanden mayores libertades y los ortodoxos del PC se resistan a más modificaciones. Consultamos a quienes, por diversos motivos, son “expertos” en Cuba y su gente. Por Lorena Rubio.
Que el trabajador se sienta dueño de los medios de producción no depende sólo de explicaciones teóricas. (…)Es muy importante que sus ingresos se correspondan con el aporte personal. (…) En resumen, que cada cual reciba por su trabajo”.
La frase dicha por el actual líder de la Revolución Cubana, Raúl Castro Ruz (77) en su discurso ante la Asamblea Nacional, el 11 de julio pasado, repercutió con fuerza dentro y fuera de la isla caribeña. Y marcó un nuevo un hito, quizás el más potente, en la serie de cambios –que partieron como tímidas medidas–, que el hermano menor de Fidel Castro ha ido implementado desde que el patriarca cubano renunció a la presidencia, en julio de 2006.
Porque si había una característica del régimen cubano, era la casi total igualdad de los salarios, independientemente de la profesión u oficio y que, según datos de organismos y expertos en la realidad isleña alcanza hoy a unos 25 dólares mensuales en promedio.
Hasta ese anuncio que sacudió la lógica salarial en la isla, la consigna era que “lo justo es lo que todos ganan”, explica el economista cubano Alfie Ulloa (ver recuadro). Por eso, se dice que el anuncio de Raúl –como le dicen en Cuba al ex ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y general de Ejército– es una de las medidas más radicales de su mando y que marcaría el fin de la “era Fidel”. Claro que no en su totalidad. Nadie duda que, por mayores que sean los cambios que se emprendan en ese país, éstos se efectuarán bajo la estricta mirada del Partido Comunista (PC) cubano y que en todo momento habrá un grupo de incondicionales al ex jefe de Estado que velará por mantener los pilares fundamentales del régimen socialista iniciado a mediados del siglo pasado.
Pero no fue la única señal de Raúl en su histórico discurso: también habló de terminar con las “gratuidades indebidas y el exceso de subsidios” y detalló el proyecto para la nueva Ley de Seguridad Social que, entre otras cosas, incluye la cotización de “todos los trabajadores” de ese país.
Y aunque las autoridades se han encargado de afirmar que la población cubana “continuará disfrutando de seguridad social para todos”, como lo reseñó el oficialista diario Granma el viernes 1 de agosto, el propio ministro de Trabajo y Seguridad Social, Alfredo Morales Carcaza, ha reconocido que el financiamiento de la nueva ley estará compuesto por tres fuentes sustantivas: el aporte fundamental del Estado, la contribución de las entidades laborales y el “de los trabajadores”. Algo totalmente distinto a lo que ocurría hasta ahora, en que sólo realizaban un aporte “especial” los trabajadores de la flota pesquera y los de tribunales.
A estos anuncios se suman la autorización para comprar computadores, la contratación de líneas de celulares y el libre comercio de electrodomésticos, medidas anunciadas hace ya varios meses.
¿Signos de que el socialismo estaría dando paso al capitalismo en uno de los últimos bastiones de economía centralizada en el mundo? Son pocos los que se atreven a asegurarlo, pero lo que sí está claro es que los cambio de “la era Raúl”, son irreversibles. Más aún: todas las miradas están puestas ahora en el segundo semestre del próximo año, cuando se realice el primer Congreso del PC en 12 años –el último se realizó en octubre de 1997, a fines de la severa crisis económica que azotó a la isla desde comienzos de los 90, tras la caída de los ex URSS–, ya que ahí debieran conocerse otras medidas.
Y, ¿por qué la expectativa? Porque Raúl Castro dijo en abril pasado que el encuentro será un momento importante “para conformar con proyección de futuro la política del partido en los diferentes ámbitos de nuestra sociedad”. Allí, se estima, además de las obvias ratificaciones al socialismo, la patria, Fidel y demás emblemas de esa nación, deberían concretarse nuevos anuncios en materia económica. Además, será la oportunidad para enviar un “mensaje” al nuevo inquilino de la Casa Blanca, que será electo en octubre próximo. “El círculo militar de Raúl maneja la economía, pero nadie allí quiere un quiebre con Fidel. Prefieren esperar a que muera. Por eso Raúl pospuso las definiciones claves para el próximo congreso del Partido Comunista. Cree que entonces habrá consolidado su poder y su hermano estará fuera del juego”, sostiene el escritor chileno Roberto Ampuero, quien estudió y trabajó en La Habana en los 70.
¿Sabía usted que en Cuba las vacas y los caballos son propiedad del Estado? Así es. Los campesinos y pequeños agricultores –en una ínfima cantidad– sólo son propietarios de la leche que producen y sólo los cerdos pueden estar en manos privadas. Si bien no ha habido señales de cambios en este sentido, cuando cumplió un año al mando de la nación caribeña Raúl anunció que mejorarían los precios a los cuales el Estado compra la carne y la leche a los agricultores isleños. El tema de la leche no es menor. Son pocos los discursos en los que el jerarca actual, como lo hacía el anterior, no se refieran al “problema de la leche”, un producto históricamente deficitario y cuya importación se ha encarecido a tal punto que el gobierno cubano ha debido restringir su consumo.
La carne de vacuno es prácticamente inexistente, excepto para los turistas; y durante el “Período Especial” de estrechez –cuya fase más grave fue entre 1990 y 1994– las autoridades de la isla enseñaron a sus habitantes a reconocer los distintos tipos de pastos y hierbajos, que pudieran ser consumidos. En esa época, recuerda Alfie Ulloa, se comenzó a hablar de los poderes de la “medicina homeopática”, al punto que en los consultorios dentales “se les daba a la gente plasmas de arroz, como si eso aliviara en algo los dolores”.
Es por ello que la revolución de Raúl ha ido de lo más básico –consumo de electrodomésticos– a lo más general, lo que incluye cambiar conceptos clave del modelo centralista y estatista que dominaba en Cuba. Hasta dónde puede llegar esta apertura es lo que todos se preguntan. Desde la toma del mando por parte de Raúl se señaló que su modelo a imitar sería China: una economía que se abre paulatinamente y en la que el partido dominante toma las decisiones. Ello, porque mientras Fidel era el idealista de los hermanos Castro Ruz, Raúl siempre fue el pragmático y sabe que el pueblo cubano está cansado de las penurias que ha debido soportar. “Vamos a seguir escuchando al pueblo de Cuba” es una frase clásica en sus discursos. Por ello, se cree, él va a implementar lo que la gente pida, pero sin transar la gravitación del PC y los militares, de donde provienen sus más cercanos.
En cuanto al futuro, algunos como Ulloa señalan que, en el mediano plazo, se repondrá incluso la libertad de prensa. Otros, como Ampuero, son más pesimistas. En su opinión, el “fidelismo” va a ser reemplazo por el “raulismo”, pero por un breve lapso, dada la avanzada edad del actual mandatario. De ahí, agrega, asumirá el poder una suerte de Putin cubano. “Creo que Cuba va ser como Rusia o Rumania, las oportunidades serán buenas si te alías con el nuevo Putin, pero peligrosísimas si estás en su lista negra”, precisa.
Lo que nadie sabe es qué actitud adoptará la fi era disidencia cubana, instalada en Miami, ya que muchos de ellos volverán al país, trayendo consigo el modelo capitalista norteamericano a tierras caribeñas. Otro tema es qué rol jugará la Casa Blanca.
Ampuero lo ve de la siguiente forma: Cuba ya no es una amenaza para Washington y económicamente ya no es atractivo para EE.UU. (para Estados Unidos no existen ni México ni Brasil a la hora de los grandes temas. Menos, Cuba). “El tema sigue vigente sólo por el exilio cubano”, dice.