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Artículo correspondiente al número 272 (26 de marzo al 8 de abril de 2010)
El magnate australiano está reformulando el Wall Street Journal para ponerlo en el primer lugar en la prensa escrita en Estados Unidos, pero también para destruir al New York Times.
Hay veces en que la rivalidad se vuelve personal. Y con el temperamento de Rupert Murdoch, el mismo que le ha permitido levantar un imperio mediático internacional tras heredar dos diarios locales en Australia, no podía ser de otra manera.
Si todo sale según el plan, este mes The Wall Street Journal (WSJ) lanzará una sección con noticias de la región de Nueva York. La idea no es sólo quitarle lectores (y avisadores) al New York Times. Si uno mira las cruzadas anteriores de Murdoch –el Times de Londres versus el Daily Telegraph o el New York Post versus el Daily News–, la meta del magnate es destruir a su rival. A cualquier precio.
Pero esto no siempre fue así. Murdoch durante largo tiempo quiso comprar el New York Times, un deseo que muchos dicen no ha dejado atrás por completo. Y aunque ese deseo puede estar aún palpitando en su fuero interno, lo cierto es que sus des- encuentros con Arthur Sulzberger Jr., presidente del New York Times (NYT), habrían desencadenado en él lo que la revista New York ha calificado “una obsesión como la de Ahab”, el capitán que vivía para cazar a Moby Dick: “si el Times va a caer, él no sólo quiere apresurar su destrucción, sino estar ahí para bailar sobre las ruinas”, ha escrito el semanario.
La batalla es desigual. News Corp. es un conglomerado internacional con ingresos por 30.000 millones de dólares en 2009, sobre todo gracias al canal Fox News y películas como Avatar, del estudio 20th Century Fox, que le generará entre 350 y 400 millones de dólares una vez que sea lanzada en la TV pagada y en DVD.
Murdoch puede permitirse riesgos porque tiene otros negocios: Dow Jones, la matriz de WSJ, representa apenas el 3% de los ingresos de News Corp. En cambio, el NYT, pese a su tamaño, es una empresa familiar cuyos ingresos, que en 2009 llegaron a 2.900 millones de dólares, dependen de la venta de publicidad. Aunque se cotiza en bolsa, la familia Ochs Sulzberger, dueña de The New York Times Co. desde 1896, controla la gestión mediante la propiedad de una serie de acciones con derechos especiales de voto. Eso, claro, sin mencionar que el magnate Carlos Slim ha ido tomando crecientes posiciones en el accionariado.
A rostro descubierto
La pugna se calentó más la semana pasada, cuando la Dama Gris, como se conoce al NYT, lanzó una campaña comparando sus cifras de lectoría con las del WSJ y resaltando su dominio en el mercado de Nueva York y en Internet: el sitio web del New York Times es uno de los tres sitios de noticias más visitados de Estados Unidos. La campaña, llamada Numbers (http://nytaudience.com) coincide con la del lanzamiento de la nueva sección del WSJ y destaca la fortaleza del New York Times en grupos específicos, como mujeres y profesionales, además de su sitio web.
El Wall Street Journal respondió con un aviso a página completa con el juego de palabras “Stay ahead of the Times” (Adelántese a los tiempos), en el que plantea que “mientras The New York Times cierra oficinas y achica secciones, The Wall Street Journal ha hecho inversiones sin precedentes en innovación de productos”. Una pelea sabrosa, pero que se desarrolla en un momento complejo para la prensa, que ha perdido ingresos publicitarios y suscriptores frente a Internet y por la recesión.
Según el informe Estado de la Prensa 2010 de Pew Research Center, en Estados Unidos los ingresos publicitarios han caído casi a la mitad en tres años y los recortes de personal han sido dramáticos, cercanos al 33% desde 2001. En el último período contenido en el informe, septiembre de 2009, la circulación diaria cayó 10,6% respecto del año anterior. Desde 2000, la circulación ha caído 25,6%.
El único ganador entre los grandes diarios fue el WSJ, con un avance de 0,6% en el semestre terminado el 30 de septiembre respecto de igual lapso de 2008, aunque sólo porque puede contar a sus suscriptores online pagados. El Wall Street Journal superó al USA Today como el diario de mayor circulación en el país, con 2 millones frente a 1,9 millones. La circulación del New York Times, en tanto, cayó 7,3% en la semana y 2,7% los domingos.
Cambio de estilo
Se sabe que Murdoch cree en el futuro de la prensa escrita. Eso le ha permitido ir contra la corriente y transformar el Wall Street Journal, cuya cobertura fi nanciera en profundidad ha cedido terreno a historias más cortas y de interés general, como desastres naturales y accidentes aéreos.
Antes de Murdoch, sus editores consideraban al WSJ lectura complementaria a un diario general. Ahora, con la circulación y la publicidad en baja, la convicción es que los lectores apenas tienen tiempo para un diario; mucho menos, para dos. El salto a una cobertura más amplia ha sido complicado, pero ha rendido algunos frutos, en especial en ciudades. Al mismo tiempo, corre el riesgo de molestar a su acaudalada audiencia habitual y perder su ventaja como diario de negocios.
Por otra parte, la cobertura política del WSJ no parece ir en la línea adecuada para atraer a los lectores acomodados de centro izquierda del New York Times.
La sección de noticias neoyorquinas, que debe circular en abril, en cambio, se ve como un mazazo directo al corazón de la Dama Gris. Se estima que se han invertido unos 15 millones de dólares en el proyecto, que muchos consideran casi quijotesco dado que las noticias locales se han vuelto poco rentables. El editor es John Seeley, ex director ejecutivo del New York Sun, el desaparecido diario conservador cuyo contenido era sobre todo de historias locales.
Visto desde afuera, Murdoch trata al Wall Street Journal como a su joyita. Gastó 80 millones de dólares para transformar cuatro pisos del edificio de News Corp. en una nueva sala editorial de última generación, con monitores de televisión y computadores funcionando las 24 horas, los siete días de la semana.
Realeza editorial
Pero no está claro que todo esto sea sufi ciente para quitar el papel de creador de agenda al New York Times. Pese a los embates económicos, fueron artículos del NYT los que destaparon el escándalo que concluyó con la renuncia del ex gobernador Eliot Spitzer y, el mes pasado, el gobernador David Patterson anunció que no se presentaría a la reelección, golpeado por una investigación del diario.
La situación financiera del NYT, con todo, es compleja. En febrero, anunció resultados mejores que lo esperado para el cuarto trimestre y una reducción de su deuda en más de 290 millones a 769 millones de dólares al terminar 2009. Pero la fi rma advirtió que a pesar de que la caída en los ingresos publicitarios se ha frenado, están gastando menos en prensa escrita que en el pasado. Algunas decisiones de los últimos años han sido cuestionables: destinó más de 2.000 millones de dólares a la recompra de acciones cuando el mercado estaba caro, vendió su casa matriz en Times Square (que luego se revendió con una utilidad de 300 millones de dólares) y compró un nuevo edificio por 500 millones de dólares en medio de la burbuja inmobiliaria, el mismo que tuvo que hipotecar para conseguir un préstamo.
Además, la familia controladora parece considerar al diario una misión social. De hecho, son miembros de la cuarta y quinta generaciones de la familia Ochs Sulzberger quienes dirigen la compañía: Arthur Sulzberger Jr. es el presidente de la matriz y director del diario, pero su hijo Arthur Gregg Sulzberger es uno de los editores y su sobrino David Sulzberger Perpich se integró este mes para encargarse de la sección de servicios pagados (el diario se dio un plazo de un año para implementar un sistema que le permita cobrar por sus contenidos en Internet). Además, hay otros miembros de la familia en informática y marketing.
Al estar incorporados a la firma, es poco probable que quieran vender. A diferencia de la familia Bancroft, ex propietaria de Dow Jones, la propiedad de los Ochs Sulzberger está unida a través de un fideicomiso, de modo que un comprador no puede acercarse a los primos por separado.
En algún momento se pensó que Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York y creador de Bloomberg News, podría comprar el NYT. También se habló del interés de David Geffen, empresario del entretenimiento, y del mismo Rupert Murdoch. Pero el único que ha concretado algo ha sido el magnate mexicano Carlos Slim, quien adquirió cerca del 7% del capital en acciones comunes (diferentes de las que están en manos de la familia, que concentran 89% de los derechos de voto) y tiene warrants por otro 16% luego de hacer un préstamo de 250 millones de dólares a la fi rma el año pasado.
La semana pasada se rumoreó que Slim pensaba aumentar su participación, pero un vocero del mexicano dijo que está contento con la situación actual. Por su parte, los Sulzberger dijeron que no tenían interés en vender. El mismo Murdoch terció en el debate: “no lo creo. La familia lo trata como una gran herencia”, dijo a Reuters, añadiendo que dudaba de que la familia vendiera a un externo a menos que se viera obligada.
Habrá que ver qué ocurre. Esta sí es una historia en desarrollo.
| Estrategia digital |
| El estudio de Pew concluye en que el futuro de la prensa tradicional y el de la digital está más atado de lo que parece, ya que incluso los mejores sitios de noticias en EEUU tienen una capacidad limitada de producir contenidos. Eso seguirá siendo así hasta que encuentren un modelo de negocios que les permita aumentar sus ingresos. Pew cree que en algunos casos habrá alianzas de redes de prensa digital y tradicional, aunque no está claro cuáles serán las condiciones. El anuncio de una alianza entre Google, el NYT y el Washington Post explora esas posibilidades. El proyecto crea un nuevo servicio que facilita a los internautas el seguimiento de acontecimientos noticiosos en evolución. Bajo el nombre “Living stories” (Historias vivas), las noticias se agrupan por temas en la sección experimental de “laboratorios” de Google (livingstories.googlelabs.com). Pero, según Google, el acuerdo no contempla, en principio, pagar a los periódicos por su contenido. Murdoch ha criticado recientemente a Google, acusándolo de aprovecharse del trabajo de otros al distribuir contenidos de sus medios sin pagar por ello. News Corp. incluso se acercó a Microsoft buscando negociar un acuerdo que hubiera permitido a las editoriales recibir dinero por abandonar Google y potenciar el buscador de Microsoft, Bing. Pero Microsoft desestimó la idea. |
| En sus propias palabras Así es como las empresas se ven a si mismas |
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