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Artículo correspondiente al número 198 (23 de feb al 08 de mar 2007)

Los chilenos somos grandes consumidores y gradualmente nos estamos abriendo a versiones más refinadas del producto. El té hoy es parte del exigente circuito de los productos premium como el aceite de oliva, las cervezas artesanales y los vinos de categoría.
Por Javiera Moraga; fotos, Marcela Barahona.
En Chile se toman 9 mil toneladas de té al año. Somos el primer consumidor de esta bebida en América latina y top ten en el mundo. Hoy el té es costumbre, realidad y tendencia. Recientemente The Economist la reconoció como tal a nivel mundial al recordar que en “los últimos 15 años las ventas de té en Estados Unidos se triplicaron, llegando a los 6 mil millones de dólares”.
Los especialistas creen que el boom tiene relación sobre todo con las propiedades que se le atribuyen al milenario brebaje, Son beneficios para la salud que se han traducido en millonarios ingresos para esta “saludable” industria.
Pero más allá de los números, el té tiene su propia poética y mitología. Los relatos que lo ponen en los dominios de la leyenda son absolutamente fascinantes. Para qué hablar de la liturgia y el ceremonial para servirlo y tomarlo. Ya pocos lo rebaten: el té está conquistando los paladares más exigentes con mezclas y variedades inéditas que están en el mismo circuito de los aceites de oliva, las cervezas artesanales o los vinos finos. Los circuitos del refinamiento.
En torno al té hay mil historias. Lo toma el Dalai Lama. Lo adoptó con especial compromiso el budismo luego que un monje llamado Dharma habría mascado hojas de té para mantenerse en estado de alerta y alcanzar el nirvana durante la meditación. En la milenaria China, en tanto, se cuenta que fue descubierto por casualidad cuando el emperador Shen Nung (fundador de la medicina natural a base de hierbas) se detuvo mientras recorría su imperio bajo un extraño árbol a descansar. Los sirvientes le hirvieron agua para que la bebiera apenas despertara, pero antes de ingerirla una ligera brisa agitó las ramas de este árbol, haciendo caer hojas al agua. La infusión se tornó castaña y al beberla le pareció deliciosamente refrescante y reconstituyente. En ese momento habría proclamado la bebida oficial de la corte.
Las enciclopedias señalan que un poeta de la dinastía Sung en China, Li Chih Lai, puesto a elegir las tres peores cosas de este mundo habló de la corrupción de la juventud por culpa de una educación falsa, de la degradación de las buenas pinturas por culpa de un mirar ordinario y con la boca abierta y del despilfarro del buen té por culpa de manos inexpertas o incompetentes. Es cierto que hoy pueden imaginarse cosas peores, pero como hipótesis de trabajo la selección no está mal.
“El más civilizado de los venenos”, según George Bernard Shaw, llegó a Inglaterra a mediados del siglo XVII, pero su penetración tomó unos 150 años antes de transformarse en una bebida genuinamente popular, sin perder en todo caso el sello aristocrático que lo marcó desde un comienzo. Dentro de ese proceso fueron determinantes las plantaciones desarrolladas por ingleses y holandeses en el Lejano Oriente para mejorar el producto y abastecer la creciente demanda europea. No hay que olvidar que el té, tras el abusivo impuesto del rey Jorge III sobre los envíos de este producto a las colonias americanas, está en los orígenes de la revolución liberal que encabezaron Washington y Jefferson.
Las cifras que mueve el mercado del té en Chile son significativas:
90 millones de dólares en un mercado que es manejado en un 90% por dos compañías: Cambiaso Hnos. S.A.C y Unilever Best Foods (UBF). Los números que maneja la consultora de mercado, AC Nielsen, son tanto o más sorprendentes: el té representa el 64% de las ventas del rubro bebidas calientes. Le sigue el café con casi el 34% y las hierbas con 1,6%. El té verde, una de las bebidas que en estos momentos está muy de moda en Chile, solo tiene el 0,5%.
-Chile es el principal consumidor de té de América latina con unos 600 gramos per cápita; seguido por Argentina, con 300 gramos; y Perú y Bolivia que consumen 200 gramos per cápita, asegura Karina Suárez, brand manager de té de Unilever, compañía que maneja las marcas Té Club y Lipton.
Aun cuando Chile todavía está lejos de alcanzar los niveles de consumo de países como Inglaterra, claramente el gusto de los chilenos ha ido variando del clásico té de Ceylán o del té cultivado en Argentina a variedades más sofisticadas. Ya sea en las comidas o en cualquier momento del día, se ha vuelto una costumbre tomar té con sabores y especialidades particularmente saludables como son el té rojo, el blanco y el verde.
Según cifras de la consultora, LatinPanel, los segmentos más altos son los que menos consumo registran, pero los que más dinero gastan, básicamente porque están insertos en este boom del té gourmet, que es mucho más caro. Los sectores bajos (DE) duplican la cantidad de té que consume el estrato alto al año, llegando a gastar 11.181 pesos en promedio per cápita. El ABC1, pese a consumir menos, gasta 12.340 pesos, lo que demuestra que la compra es mucho más cara y suntuosa.
-Podríamos hablar de un antes y después de 2004. A partir de ese año, en Chile se produjo un importante aumento en el consumo del té, que se explica por un incremento en los segmentos más altos y en los grupos más jóvenes, que descubrieron sus ventajas y beneficios para la salud -asegura Karina Suárez, de Unilever.
Dado que los nuevos segmentos están en expansión, la competencia ha hecho que las compañías inviertan en envoltorios que permiten conservar el frescor y resaltar las propiedades del té. Antiguamente el té de hoja era el que más se consumía en el país. Hoy en cambio un 70% se toma en bolsitas y un 30% es en hoja, lo que lleva a que el tema del envoltorio no sea menor.
-El mercado exige renovación. Por eso Cambiaso Hermanos, empresa chilena que data de 1875, ha desarrollado nuevas variedades y renovado los diseños de sus envases, en especial para Té Supremo (la marca estrella de la compañía), tras incorporar nuevas envolturas laminadas y selladas herméticamente en sus diferentes variedades, como Té Supremo Ceylán Oro, Té Supremo Brasil, Hierbas Supremo, entre otras -cuenta Cristián Retamal, gerente de marketing de la empresa, al comentar sobre la importancia de esta variable.