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Artículo correspondiente al número 290 (3 al 16 de diciembre de 2010)
Los astros confluyeron en 2010. Al menos, en lo que al consumo respecta. Contra viento y marea, o mejor dicho contra el terremoto y las replicas de la crisis internacional, los chilenos se han metido este año la mano profundamente en los bolsillos y han hecho saltar las cajas registradoras del comercio. Ojala que nadie termine con resaca. Por Marta Sánchez.
Se cursaron todas las invitaciones. No se quería dejar a nadie fuera de la reedición de la fiesta del consumo. Se buscaba un lleno total, pese a que el temor al fracaso estaba bien fundado. Tanto la crisis subprime como el terremoto amenazaban con una larga postergación de esta celebración que, contra todos los augurios, tiene hoy a la economía bailando a un ritmo vertiginoso.
Es que no faltó nadie a la convocatoria, y de ese consumidor que privilegió la adquisición de productos básicos se pasó –en cuestión de meses– a uno que prefiere los bienes durables. Es decir, salieron a la pista los plasmas, LCD, computadores, celulares, juegos de video y automóviles.
Y cómo no, si las cifras muestran que entre julio y septiembre recién pasados el consumo de las personas creció un 11,9%, superando con creces la caída de 2% en el segundo trimestre de 2009, cuando fue presa de la crisis subprime.
De hecho, el Indice de Percepción de la Economía (IPEC) que elabora Adimark GfK ha reflejado, precisamente, esta situación. Entre enero y febrero el optimismo de los encuestados se acercó rápidamente a 57%, en circunstancias que el nivel de equilibrio de este indicador es 50%.
Se armó la fiesta
Para el director de Adimark, Roberto Méndez, “el consumidor chileno ha tenido este año altibajos marcados”, ya que las expectativas iniciales, al igual que la infraestructura, fueron golpeadas por el terremoto.
Un pesimismo que se vio reflejado en los resultados de los distintos indicadores de marzo, cuando el IPEC cayó a 46,5 puntos.
En lo macro, los ánimos tampoco estaban como para celebrar. Basta con mencionar que el Indicador Mensual de Actividad Económica (Imacec) de marzo anotó una contracción de 2,2% y el desempleo en el trimestre móvil eneromarzo alcanzó un 9%, con poco más de 688 mil personas cesantes o buscando trabajo por primera vez.
Pero en ese mismo periodo, inesperadamente comenzó a montarse la fiesta. Al respecto, el gerente de Estudios de la Cámara de Comercio de Santiago (CCS), George Lever, sostiene que “la capacidad de recuperación del terremoto fue muy rápida”, como lo demuestran los resultados de la Cámara Nacional de Comercio (CNC), que revelaron en febrero que las ventas aumentaron 7,5%.
En marzo, recuerda Lever, comenzaron a operar comportamientos disímiles de los consumidores, debido a que “durante el tercer mes del año las zonas más afectadas por el terremoto tenían una lógica distinta al resto del país. Mientras las ventas de celulares, reproductores mp3 o mp4 disminuyeron sus salidas, los consumidores tuvieron que gastar más en otras categorías para paliar las pérdidas del terremoto”.
Si bien en esta expansión incidió la menor base de comparación, dada la caída observada en marzo de 2009 (-2,8%), el principal impulso provino de las mayores compras durante el mes influidas por el sismo, la postergación de aquellas que no se pudieron realizar en el último fin de semana de febrero, la reposición de los artículos del hogar destruidos y la adquisición de bienes básicos para ayudar a las zonas damnificadas.

Entrando en calor
Poco después el impulso se vio potenciado por la reposición post crisis y el Mundial de Fútbol de Sudáfrica. El gerente de Estudios de Gemines, Alejandro Fernández, comenta que “después de una recesión (en 2009) y del efecto del terremoto se generó una demanda por reposición que explica que las cifras del consumo se dispararan”.
En general, acota Méndez, “hubo buenos niveles de consumo en los meses anteriores al tercer trimestre, pero sospecho que fueron por la reposición y el Mundial, porque el ánimo de los consumidores se mantuvo pesimista hasta bien avanzando el segundo semestre”.
Un reflejo de lo anterior se encuentra en el incremento que comenzaron a registrar los bienes de consumo durables, donde el primer gol lo anotaron los televisores y el segundo, los viajes.
En mayo, según la CNC, el grupo Electrónica experimentaba un alza de 91% en sus ventas anuales, “demostrando el entusiasmo provocado por el Mundial de Fútbol, que ha implicado la renovación y compra de nuevos equipos”. En cuando a la reposición, los indicadores que la avalan son Línea Blanca (26,0%) y Electrodomésticos (22,3%).
A ello se sumaron los crecientes descuentos y ofertas de las casas comerciales a medida que avanzaba la temporada invernal, “lo que benefició principalmente a los productos estacionales, como prendas de vestir y calzados”. De este modo, el primer semestre cerró con una actividad comercial de 15,2%, que se compone de aumentos promedio de 11,1% en el primer trimestre y de 18,7% en el segundo.
Licor a destajo
Pero comenzando la segunda parte del año, con la primavera a la vuelta de la esquina y las celebraciones del bicentenario, terminó de armarse la fiesta. Para Fernández, “lo que hemos visto en los últimos trimestres supera todo lo que se podría considerar razonable”.
Y no es para menos. Es que es extraño que al mismo tiempo que la fragilidad económica remece a los países industrializados, en Chile la demanda interna alcanza al tercer trimestre una expansión de 18,2% en comparación con igual periodo de 2009.
Méndez no duda en resaltar que en Adimark “determinamos que la caída más grande de las expectativas se produjo entre las mediciones de febrero y marzo, por arriba de los 10 puntos y, lentamente, fueron elevándose, pero manteniendo un fuerte cuota de pesimismo prácticamente hasta septiembre. O sea, la depresión post terremoto de los consumidores duró seis meses, toda vez que en septiembre el ritmo empezó a subir y ya en octubre las expectativas se recuperaron a los niveles que había antes del sismo”.
El presidente de Anticipa, Sergio Melnick, se explica este rol protagónico del consumo afirmando que “el consumidor actual es compulsivo, a crédito y pertenece a una sociedad que ya tiene 15.000 dólares per cápita y va camino a los 25.000”. Eso significa, agrega, que se suman nuevas industrias a su estilo de vida. Por ejemplo, “la industria gourmet, las nuevas marcas mundiales, los restaurantes caros y para qué hablar de la tecnología, donde un iPad, que es un aparato caro, se vende como pan caliente, al igual que los TV muy sofisticados, teléfonos inteligentes y los autos, caros y baratos”.
La evolución de estos últimos, en todo caso, impresiona. La Asociación Nacional Automotriz de Chile (Anac) informa que en octubre las ventas ascendieron a 26.737 unidades de vehículos nuevos, equivalentes a 42% de crecimiento respecto del mismo mes de 2009 y a un 33% en comparación con 2008. Con ello, las ventas acumuladas en los primeros 10 meses de este año alcanzan a 229.472 unidades, lo que confirma que como promedio en 2010 se lograron comercializar del orden de las 280 mil unidades.

Otro dato: el Servicio Nacional de Aduanas registra que entre enero y septiembre los automóviles y vehículos tipo jeep para el transporte de personas se expandieron un 76% respecto del mismo lapso de 2009.
Méndez aporta una segunda visión. Dice que hay un trasvasije de los consumidores, porque “el grupo de consumidores chilenos histórico pertenecía a los estratos ABC1 y C2, pero hoy se han incorporado los grupos medios y bajos que antiguamente usaban como modelo a los grupos altos. Pero ahora ellos ha desarrollado su propio estilo, su propio gusto, su propia estética... entonces, la gama se amplío y el consumo también”. 
Suban la música
Un fenómeno global que impulsa la disponibilidad de recursos para el consumo, según Melnick, es “el desvanecimiento de la crisis como la niebla”. Ello, porque cambiaron las expectativas y empezó a crecer el ingreso permanente, lo que explica el fuerte aumento de la demanda. “En Chile eso coincide con el cambio de gobierno, con expectativas de muy fuerte crecimiento y además con un presupuesto público casi obsceno”. Ello, relata, porque “en 2006 el presupuesto llegaba a unos 30.000 millones de dólares, en 2009 a 44.000 millones y en 2011 será 54.000 millones de dólares. Todo eso significa mucha plata dando vueltas”.
Fernández marca otro punto, complementario a la visión de Melnick. Señala que claramente el crecimiento del consumo está siendo financiado por los mayores ingresos de las personas provenientes de una mejor condición de empleo y mayores remuneraciones. De hecho, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) ha informado que la desocupación paulatinamente ha mostrado una disminución, llegando en el último trimestre móvil julio-septiembre a una tasa de 8%. A la par, las remuneraciones se incrementaron en el noveno mes del año un 4,2%. Esas son tasas espectaculares”, dice Fernández.
De ahí que su conclusión anote que entre ambos factores se obtiene que en Chile “existe una masa salarial que está creciendo en torno al 8% en doce meses, y eso financia el grueso del aumento en el consumo, mientras que una parte menor tiene que ver con deuda”.
Melnick agrega que si a este escenario “le agregamos una banca sólida que sale al ataque para crecer, se juntó el pan con la mantequilla”.
