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Artículo correspondiente al número 249 (3 al 16 de abril de 2009)
La cadena de tiendas de Marcelo Calderon lidia por estos día con una deuda que supera los 300 millones de dólares y un déficit de caja que la ha enfrentado, al menos en los rumores, al temido fantasma de la bancarrota. Mientras se negocia con la Banca, al interior de la empresa aseguran que están tomando las medidas para revitalizar su negocio. Por Paula Vargas.
Nerviosismo es la palabra que mejor refleja el estado de ánimo de los trabajadores de Johnson´s, la cadena minorista de Marcelo Calderón, y aunque a nivel ejecutivo hoy dicen estar más unidos que nunca, la incertidumbre se acrecienta a medida que pasan los días y no llegan a acuerdo con las 10 entidades bancarias de las que depende su continuidad financiera. Pero, como dicen por ahí: el show debe continuar y mientras se resuelve el odioso asunto de las garantías para obtener el crédito sindicado por 250 millones de dólares, al interior de la cadena están en una real y, a ratos, obsesiva cruzada por “la caja”.
En la compañía nadie duda que atraviesan por la peor crisis de su historia, la que de forma inédita, incluso, ha sido reconocida públicamente por el mismísimo Marcelo Calderón. Es que el apretón sacudió a toda la organización, a la que no le quedó más alternativa que tomar estrictas medidas de ahorro de costos para seguir operando, al menos, en el corto plazo.
Medidas que en ningún caso se limitaron a ahorrar “la chaucha”, porque se trata más bien de metas significativas y que, de paso, han comprometido en su negociación con los bancos. Son estas mismas entidades las que hablan de ahorros de costo por más de 45 millones de dólares sólo para este período, mediante medidas de shock a cargo de la administración de Max de la Sotta, el hombre fuerte de Calderón en la compañía. De mayor a menor, los ajustes comenzaron con la masiva reducción de personal de fines del año pasado, cuando la empresa desvinculó a cerca de mil trabajadores.
Para los que se quedaron, el panorama no fue simple. La austeridad también tocó a sus puertas. Se eliminaron los incentivos y bonos y no hubo reajustes de sueldo por IPC, prácticas que eran comunes en la compañía año a año. Los procesos también se racionalizaron y para qué hablar de las compras. “Hoy sólo compramos lo que vamos a vender, por ningún motivo nos sobrestockeamos”, asegura un ejecutivo de la compañía.
Los presupuestos de todas las áreas cayeron de igual manera y en algunas, el ajuste fue de hasta un 45%. Las holguras y las épocas de bonanza se acabaron y dentro de la compañía está restringida hasta la duración de las llamadas telefónicas y los planes de celulares. Eso es lo que se llama racionalizar.
Problemas de caja
Aunque se trata de ajustes que ya se están evidenciando en los resultados de la compañía, los problemas de caja siguen estando presentes. De ahí que hoy en Johnson´s, más que nunca, estén apostando a un régimen de liquidación casi permanente en vestuario y zapatos, sus principales fuentes de ingresos (60%), incluso en pleno inicio de temporada. “Sabemos que estamos sacrificando márgenes, pero en este momento lo que importa es tener liquidez, sobre todo para ir cumpliendo nuestros compromisos con los proveedores”, admiten.
La medida, según dicen en la firma, ha contado con la respuesta del público. En las últimas semanas las ventas en vestuario se han incrementado un 40% con relación al año pasado. Pero aún así, la facturación de los primeros tres meses está más baja en relación a igual período del año anterior. ¿Cuánto? Es un misterio, pero al igual que todos los retailers también han acusado una importante caída en el consumo, principalmente en los bienes durables.
Caso aparte es lo que sucede con la tarjeta de crédito de la compañía, cuyos índices de morosidad se empinaron desde un 17% durante el primer trimestre de 2008 a 22% en diciembre pasado, los mayores de la industria. No muy buenas noticias; menos, en un escenario en que la empresa a mediados del año pasado, previendo que se le venía encima esta avalancha de morosidad, endureció fuertemente las políticas de crédito para resguardarse de la tormenta.
El cambio fue drástico. De su enfoque histórico a un segmento de edad sobre los 21 años de los grupos socioeconómicos C2, C3 y D, con una fuente de ingresos acreditable no inferior a los 120 mil pesos mensuales, la compañía pasó a una política de crédito que sólo incluye a personas mayores de 30 años y con una renta exigible superior a 150 mil pesos.
Con todo, nada fue suficiente para que los bancos bajaran la guardia. Los activos de respaldo ya no valían lo mismo para sus acreedores y cuando llegó la hora de pagar sus compromisos, los que suman más de 300 millones de dólares en pasivos de corto y largo plazo, Marcelo Calderón no sólo se encontró sin liquidez, sino sin las garantías suficientes para renegociar la deuda.
Y el huracán llegó
Ahí radica, precisamente, la gran piedra de tope: las garantías que los bancos de la plaza exigen para otorgar el crédito sindicado por 250 millones de dólares que requiere para volver a la vida. En esto, las entidades financieras no quieren dar su brazo a torcer y exigen que provengan de la venta de una parte del patrimonio accionario de Calderón en Ripley Corp –el 20% que comprometió vender en el plazo de un año– o de un aumento en el porcentaje de las acciones ya prendadas.
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