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La batalla de ideas

Artículo correspondiente al número 280 (del 15 al 29 de julio de 2010)


Chile y la batalla de ideas

-¿Cómo ve a Chile desde la academia?

-Este país funciona. Funcionaron la transición a la democracia, la Concertación durante 20 años y ahora ha funcionado, de algún modo, la alternancia, con un gobierno bien instalado. Ha tenido un arranque muy difícil por el terremoto, pero después de conversar con distintas autoridades me da la impresión de que están bien asentados. Vamos a ver qué tan distinto va a ser lo que hagan de lo que hizo la Concertación, más allá del estilo y de la eficiencia. Vamos a ver si realmente hay un poco más de sustancia en las diferencias. Es un país que sigue funcionando, que quizás tuvo momentos complicados estos últimos años, pero que puede volver a agarrar su velocidad de crucero nuevamente y en 10 años más ser un país plenamente de clase media.

-¿Cree que la política exterior chilena ha sido tímida, o ha salido a jugar el partido?


-La política exterior de Michelle Bachelet no fue tímida, fue pro ALBA (Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América). Respecto a la del presidente Piñera, me parece que podría ser un poco más vigorosa. En los meses que vienen, el gobierno de Piñera debe ser muy claro en temas como los derechos humanos, la defensa colectiva de la democracia, la construcción de un orden jurídico latinoamericano más vigoroso y reformar la OEA y, en particular, la carta democrática interamericana, para que tenga dientes antes de que se interrumpa la democracia y también después. Así, se impiden los golpes tipo Honduras.

-El presidente Piñera ha mantenido el continuismo del ALBA por la posición de Ecuador en relación a Perú.


-Se entiende al arranque, pero uno puede tener perfectamente una política como la del canciller de Turquía Davutoğlu, cuyo primer ministro es Recep Tayyip Erdogan, la cual consiste en cero conflicto con los vecinos y, al mismo tiempo, una proyección regional basada en los valores. No veo que sean incompatibles. Por un lado, que no haya problemas con los vecinos, pero con una proyección importante.

-¿Quiénes serían los aliados chilenos en esta proyección?

-Evidentemente, Colombia, Perú, Panamá, Costa Rica y posiblemente República Dominicana. México no ha querido, ha sido reticente, pero también es cierto que no lo han empujado. Calderón es alguien que no hace cosas por iniciativa propia; pero si lo convencen, puede ser un socio muy atractivo para Piñera.

-¿Cómo debería aproximarse un gobierno de derecha, como el del presidente Piñera, a uno como el de Chávez?


-Esto no es de gobierno a gobierno. Creo que cualquier país debe insistirle a Chávez en honrar los compromisos internacionales y regionales contraídos por Venezuela a lo largo de los años. Por ejemplo, la Convención Americana de Derechos Humanos, el carácter vinculante de las decisiones de la Corte Interamericana, atender las recomendaciones de la comisión, respetar la carta democrática interamericana. Es decir, en este ámbito no es un problema de derechas o izquierdas, es un asunto de insistirle a Venezuela en que tiene que atender estos compromisos.

-¿Y en materia económica?

-En la parte económica, dependiendo de los litigios que haya con empresas chilenas en Venezuela, insistir en que se respeten los derechos de propiedad, los convenios, los arbitrajes, etcétera.

-¿En cuanto al modelo?

-Países como Chile, México o Colombia deben dar la batalla de ideas. Y debe hacerse en las cumbres, en los foros y en las distintas organizaciones. Pero debe ser la batalla de ideas, no la batalla de golpes, insultos, diatribas o retóricas. Pero sí la de ideas. Es decir, esto no funciona y lo que sí funciona es lo que se ha hecho en Chile, México, Brasil y lo que se está haciendo en Colombia, y esto está llevando a estos países a niveles de prosperidad que nunca habían tenido, mientras que Venezuela está en pleno retroceso.

-Es ahí donde Chile puede marcar la diferencia en la batalla de las ideas.


-Creo que sí. Yo pensé que Bachelet lo iba a hacer pero, obviamente, no quiso. Lagos lo hizo un poco más, pero también es cierto que Chávez era bastante más prudente. Los momentos de mayor radicalismo de Chávez vinieron durante el último año del gobierno de Lagos.

-Ahondemos en Venezuela.


-De algún modo, Chávez, tanto en lo económico, político y social, está llevando a su país al despeñadero. Todos entendemos muy bien las razones que llevaron a Chávez al poder: la corrupción de los partidos de punto fijo, los excesos y la parálisis. La histeria anti mexicana

-¿Qué le parece la política del presidente estadounidense Barack Obama respecto de los inmigrantes mexicanos?

-Creo que es una lástima que Obama no haya enviado un proyecto de reforma migratoria integral al Congreso, a tiempo. Ahora va a ser muy difícil que lo haga en su primer período. Le está pasando lo mismo que a Bush. Segundo, creo que los inmigrantes mexicanos se siguen yendo. Puede haber una pequeña caída en las salidas anuales por la recesión estadounidense, pero cuando se recupere y se inicie la reconstrucción, van a seguir yéndose. No han regresado a México, a pesar del mal trato. Todo esto puede crear situaciones muy delicadas con Estados Unidos porque, si cada estado empieza a poner sus propias reglas migratorias, va a ser un caos. Se puede envenenar la relación no sólo entre las autoridades locales y los inmigrantes, sino también con el gobierno, con el Congreso e incluso entre las sociedades. Es una dinámica un poco infernal.

-¿Cómo es la relación entre México y Estados Unidos?

-A nivel de gobierno es muy buena. El problema es que hay una histeria anti mexicana en la sociedad norteamericana a propósito de la cuestión migratoria, de la violencia y de los narcos. Todo esto dificulta, de manera inevitable, la relación entre los gobiernos.

-Y eso también se manifiesta en la opinión pública...


-En las encuestas, en los medios de comunicación, en la reacción de las autoridades locales, en los congresos estatales. Estados Unidos es un país muy descentralizado. Puede haber excesos y extremismos en ciertos lugares que no se reflejan en Washington, pero que sí pueden hacerle mucho daño a la relación bilateral. Santos al poder

-Recientemente fue electo presidente de Colombia Juan Manuel Santos, delfín de Alvaro Uribe, con un 68,9%.


-Creo que esto le salió muy bien a Colombia por muchas razones; algunas, fortuitas y otras, producto de un proceso. Salió bien que Uribe no haya podido presentarse, que la Suprema Corte lo haya impedido, porque esto zanjó el problema de una perpetuación en el poder que hubiera sido muy negativa. Luego, creo que Uribe escogió muy hábilmente a su sucesor. Y salió bien por el gran margen que se produjo en la primera vuelta. Así, para la segunda vuelta se corrió al centro, empezó a insistir en no pelearse con los jueces e insistió en los derechos humanos, en la política social, etcétera. Colombia se encuentra en una situación inmejorable, con un presidente muy bien preparado. Además, ganó por amplio margen, con mayoría en el Congreso y, así, va a poder formar un equipo y un proyecto realmente sólidos.

-¿Qué estrategia debe seguirse para detener la guerrilla?


-Seguir golpeándola hasta que llegue un momento en que esté tan atomizada y fragmentada que se pueda ir negociando frente por frente. En todo caso, no creo que se pueda negociar con ella ahora. Falta un par de años con golpes antes de negociar.



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