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Artículo correspondiente al número 281 (29 de julio al 15 de agosto de 2010)
“Espero que no hipotequen nuestros recursos por una ganancia facil y rapida”
La conocida actriz chilena no quiso quedar al margen de nuestra edición verde. Tras un par de meses de gestiones, sacó la voz para enarbolar sus banderas de lucha, enfrentar las críticas sobre su real compromiso con el medio ambiente y, de paso, aclarar sus vínculos con las nuevas autoridades y el empresariado local. Por Paula Vargas; fotos, Cristóbal Diaz de Valdés.
El pasado 4 de julio, bajo el tibio sol de California, la actriz chilena Leonor Varela fue la primera en condenar la matanza de pingüinos en Pichilemu a través de su twitter. A miles de kilómetros de nuestra costa, dice que este tipo de “aberraciones” la indignan y no puede quedarse callada, ni menos, de brazos cruzados. Es que Varela desde algún tiempo viene haciendo ruido en el mundo del ambientalismo y hoy no se pierde campaña, marcha o movimiento en defensa de la Naturaleza. No es raro. Muchos actores apoyan causas humanitarias y medio ambientales. Tiene tribuna, seguidores y poder de convocatoria. También es cierto que algunos piensan que es “puro marketing”. Por eso, quisimos conocer su real compromiso por la causa verde.
La actriz señala que la preocupación por el medio ambiente debe partir por casa y que la suma de esfuerzos provoca los cambios necesarios. Desde su tribuna, dice que “lo que puedo hacer es comunicar con las herramientas que tengo… dar a conocer la información a quienes estén interesados, e intentar sensibilizar un poco más en estas materias”, enfatiza.
Pero vayamos al grano. Hay muchos temas que abordar.
-¿De qué manera compatibilizas tu veta medioambiental con todo el marketing y las empresas que están detrás de la industria del cine? ¿Se ha vuelto compleja esta relación a raíz de tus intereses medio ambientalistas?
-No creo que sea real la idea de “polución del cine”. Creo que si el cine y la televisión pueden ser culpables de un daño o “polución” es la de la mente y del espíritu por su contenido (o falta de). Sería algo absurdo pensar en hacerse cargo de toda una industria... Vivimos en un mundo de matices, donde existen zonas grises y donde todos aprendemos a medida que vamos avanzando. Tampoco se trata de ser extremo, de no volver a subirse a un avión, de nunca más utilizar un auto, de dejar de tener relación con toda persona que no esté 100% alineada con nuestras propias creencias... porque nuestras vidas serían imposibles, irreales, y nosotros, seres intransigentes e intolerantes. Creo que hay que ser responsables con nuestras vidas, pero también hay que ser razonables. Si no, no habría sociedad. Asimismo, no voy a dejar de trabajar en un proyecto de cine porque puede estar financiado por una industria que no sea completamente verde. Sería llevar las cosas a un extremo en el cual no me reconozco.
-Entonces, ¿por dónde van tus convicciones?
-Yo creo más en la responsabilidad de cada individuo, del gesto cotidiano, esa agua que no se deja correr, esa bolsa de plástico que se rechaza en el supermercado, escoger gastar el dinero en productos orgánicos o que provengan de empresas responsables. Ese esfuerzo en reciclar, de no tirar basura en la Naturaleza, de compartir el auto, o agarrar la bici, etcétera. Creo que todos esos pequeños gestos del individuo harían un gran cambio en la humanidad.
-Muchos ponen en duda tu compromiso ambiental por el vínculo que tienes con algunas empresas. Me refiero particularmente a Enersis, la que además de financiar una de tus películas, está detrás de la construcción de las represas de Aysén, ¿cómo enfrentas esa dicotomía?
-Es cierto que Enersis nos pasó una importante suma de dinero a mí y a la sociedad compuesta de Jorge Olguín y ChileFilms para la producción de Caleuche. Pedimos esos fondos hace mucho tiempo, hará más de 5 años, y en ese momento yo no estaba tan al tanto de lo que pasaba en Chile, ni con HydroAysén. No es una excusa, y es cierto que es una dicotomía. Pero tampoco puedo renegar de la generosidad de los empresarios; en particular, de Pablo Yrarrázaval, quien apoyó un proyecto que quiero mucho, y que habla de una leyenda chilota, de la fuerza del mar, de la necesidad del equilibrio en este mundo... y hoy me pregunto cuál sería el menor mal: ¿hacer un proyecto que hable con sentido de la sensibilización hacia el medio ambiente y que represente la cultura chilena en el mundo o devolver un dinero que no proviene de una industria que está alineada contigo? No lo sé... es una pregunta compleja, y acertadamente me la haces.
-¿Cómo lo resuelves en tu fuero interno?
-Lo que te puedo decir es que ese dinero sigue ahí, sin ser tocado, pues no hemos podido filmar el Caleuche por otras razones que tienen que ver con la burocracia del cine: la paradoja de tener a Disney como distribuidor, pero también de esperar ese contrato por demasiados años. Quizás haya una razón más trascendental del por qué el proyecto no se ha podido levantar...
Los orígenes

Lo que sí ha podido emprender en estos años es una “carrera” como ambientalista. Hoy es miembro de importantes ONG a nivel global y ha canalizado su inquietud por la protección de los recursos naturales, partiendo por su tierra. Esta inquietud no es casual. De hecho, lo primero que nos aclara Leonor es que su sensibilidad hacia la naturaleza y los animales es algo que viene desde su niñez. Algo que, dice, lleva en su ADN.
-¿En qué momento te llegó el llamado “verde”?
-Mi sensibilidad hacia estos temas viene desde siempre. Pero cuando me mudé a California, hace 10 años, estuve mucho más expuesta a todo tipo de temas medioambientales, causas diversas y gente muy activa en su militancia. Muchos de ellos me inspiraban gran admiración, como Julia Butterfly, una joven que salvó un árbol milenario instalándose a vivir en él. No puedo dejar de mencionar a mi amigo Sebastián Copoland, chairman de Global Green –una rama de una ONG fundada por Mikhail Gorbachev para el desarrollo sostenible y la paz-– con las cenas que hacía en su casa; me tocaba hablar con todo tipo de gente que hacía lo que podía en materia medioambiental: actores, fotógrafos, pintores. Cada uno tenía una actitud muy responsable y proactiva. Y eso me gustó.
-Y el llamado, ¿ cuándo?
-Le pregunté a Sebastián: ¿cómo puedo ayudar? ¿Qué puedo hacer? Su respuesta fue simple, pero determinante para mí. Me dijo: busca lo que te apasione, dedícate a eso y no lo sueltes. Y eso hice. Busqué por todos lados (y en las cosas más diversas) como, por ejemplo, ir en ayuda de la purificación del agua para los indígenas Kunas en las islas de Panamá. Invertí tiempo y dinero en ayudar, y me encantó hacerlo, pero no era eso lo que buscaba. Me di cuenta de que mi pasión es mi país, y de que mi corazón estaba en Chile. Y de a poco, hablando, buscando, mirando, informándome, definí hacia dónde iría mi ayuda: el mar. Porque amo estar en él, mirarlo. Y en ese caso, Chile tiene una costa bellísima, pero casi desprotegida.
-¿De qué manera te fuiste adentrando en esta temática hasta instalarte en ciertos círculos como una abanderada en temas medioambientales?
-Una vez que encontré este espacio, me acerqué a la gente que conocía en el país y que se dedicaba a esta área. Uno de los primeros grupos con los cuales hablé en Chile fue la Comisión Ballenera Internacional (CBI) y luego con Terram, por el tema de la protección de las ballenas en la zonas de Corcovado y Chiloé. Fui a conocerlos, a escucharlos, y decidí brindarles el apoyo con la plataforma mediática que puedo tener.
Eso coincidió con mi cercanía en Los Angeles con la ONG Natural Resources Defense Council, de la cual formo parte. Ellos pusieron en mi radar lo que acontecería en Chile con la CBI; me puse las pilas y organicé un evento junto a Save the Whales Again, con una foto aérea de una ballena gigante, formada por los que respondieron a nuestro llamado (¡benditos sean esos chilenos comprometidos!) y que se publicó en todo los diarios al día siguiente. Fue lindo mostrarle a la comunidad internacional la posición de Chile respecto a este tema.
-Pero detrás de estas iniciativas, ¿hay algún logro concreto?
-No me atribuyo ningún logro. Son los biólogos marinos, los científicos que hacen un trabajo de observación minuciosa y los ambientalistas que trabajan a tiempo completo en las ONG los que obtienen los logros. Lo que puedo hacer es comunicar con las herramientas que tengo... Pero te puedo decir que uno de los momentos de gran satisfacción que he tenido es haber asistido a la firma de la ley de protección de las ballenas, por decreto presidencial de Michelle Bachelet, en Quintay. Me sentí parte de algo concreto, real, que tenía trascendencia en mi país.
-Antes fueron las ballenas, pero ahora, ¿cuáles son los temas que te interesan? ¿Cuáles son las acciones que emprenderás para lograr mayor conciencia en empresas y autoridades?
-Es un largo y minucioso trabajo, que no hago sola, porque no soy un jinete solitario... pero haré todo lo que esté a mi alcance... De hecho, en mi último viaje a Chile me reuní con la Ministra del Medio Ambiente, María Ignacia Benítez, y le ofrecí mi apoyo en lo que ella necesitara. Me gustaría mantener una cercanía con este nuevo ministerio, como era con la precedente ministra Ana Lya Uriarte. Y así, poder facilitar más el diálogo entre polos opuestos.
-¿Con qué objetivos?
-Lo que necesitamos son leyes, multas a los excesos, iniciativas en la dirección adecuada... y eso viene del gobierno. Lo que puede hacer un ciudadano como yo (conocida o no) es presionar a nuestros representantes para que hagan exactamente eso: representarnos como deseamos. Los temas son muchos y desgraciadamente hay que escoger, pues no se puede estar en todas. Ahora, estoy muy contenta con mi relación cercana con Oceana. Tienen una forma de proceder que calza con la mía: trabajan con científicos, con información dura, no son extremos y entienden el concepto de “vía mediana”.
Recién me invitaron a ayudarles con el proyecto de una termoeléctrica que quiere instalarse a unos kilómetros de una de las pocas áreas marinas protegidas que tenemos, la de la isla de Damas en Punta de Choros. Realizamos un viaje durante mi última estadía en Chile, y pronto se difundirá un video de sensibilización de lo que está pasando ahí, y que es una franca aberración: ¡instalar una termoeléctrica a 22 kilómetros de una reserva marina! No quedaría nada ahí bajo el mar... nada. Adiós pingüinos, adiós locos y la increíble riqueza de la biodiversidad de ese lugar.
-¿Qué sacaste en limpio de tu reunión con la ministra Benítez? ¿Hablaron de la termoeléctrica?
-Me gustaría poder decirte que algo concreto. Pero no fue así. Fue un primer encuentro, y mi propósito era presentarme personalmente y ponerme a su disposición. También quería preguntarle cuál será la posición del gobierno frente a las termoeléctricas que pretenden instalarse frente a la reserva marina isla Damas-Punta de Choros. El presidente Sebastián Piñera hizo declaraciones muy categóricas en contra de ésta, cuando estaba en campaña. Hubiera sido bueno poder obtener de su ministra una respuesta clara de si seguiría con ese compromiso, pero sólo me dijo que ese tema estaba siendo analizado, y que no se podía pronunciar por el presidente.
-¿Qué esperas del actuar medioambiental de las nuevas autoridades?
-Mucho. Pero sobre todo, leyes concretas. Acciones que ayuden de forma real a construir un Chile con miras a largo plazo. Que no hipotequen nuestros recursos por una ganancia fácil y rápida. Que ponga límites tangibles a los abusos de las industrias que contaminan con impunidad...
-Y, ¿cómo lo está haciendo el empresariado en estas materias?
-No sabría apuntar con el dedo al mundo empresarial. Confieso no conocerlo tanto. Pero sí puedo decir que me choca la industria minera. Siendo una industria tan fuerte, con tantas utilidades, ¡cómo no es más responsable con su propio consumo de energía! ¡Con sus propios desechos! Lo mismo me pasa con la industria salmonera. Las concesiones se han multiplicado tanto, sin regulación ni planificación alguna, el abuso de antibióticos es tan absurdo. Y ni hablar de los daños a los fondos marinos, que son irreversibles...