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Artículo correspondiente al número 258 (7 al 20 de agosto de 2009)
De esta familia han salido cancilleres, parlamentarios, fundadores de partidos y hombres de negocios. Los 9 hermanos Walker Prieto son una muestra elocuente de emprendimiento, servicio publico y diversidad, ya que si bien hablamos de un apellido emblemático de la DC, en el clan también hay una minoría de simpatizantes de Piñera. Entre todos suman nada menos que 36 hijos, una nueva generación que, ¡como no! ya empieza a debutar en política. Por Elena Martínez; fotos, Verónica Ortiz.
Ellos mismos creyeron que era una misión imposible. Lograr reunir a los 9 hermanos Walker Prieto –Ignacio, Pedro, Tere, Francisco, Antonio, Juan, Tomás, Patricio y Matías– parecía una carrera perdida. Varios incluso se declararon derrotados desde la partida.
Razones sobraban. Ya sea como profesionales, empresarios o políticos, lo cierto es que cada uno de ellos tiene el tiempo como un bien escaso. Se agrega que tres –Ignacio, Patricio y Matías– circulan corriendo por estos días en plena carrera electoral y Antonio, el agricultor, vive a kilómetros de Santiago, administrando un campo en el sur que perteneció a la familia.

Había, sin embargo, un elemento más sobre la mesa: algunos no querían aparecer en este reportaje. Publicaciones anteriores que cuestionaron la mezcla histórica de negocios y política que marca a la familia atentaron contra un “sí” inmediato, el que surgió tras innumerables mail, llamadas y posteriores cónclaves telefónicos entre ellos.
El encuentro fue en la casa de la única mujer del grupo, Tere, quien es educadora diferencial. Hubo abrazos, bromas y también una profunda y evidente nostalgia. En más de una ocasión se recriminaron por haber abandonado la costumbre de almorzar juntos todos los sábados, como lo hacían cuando sus padres vivían. Suelen encontrarse –algunos, no todos– los días lunes en un restaurante de Providencia; y en las vacaciones se organizan para compartir unos pocos días en las casas familiares de Cachagua y de Puerto Aysén.
“Es que hay también un tema físico: ¡no hay casa que nos aguante a todos! Dejamos de juntarnos religiosamente cada semana, y es una pena”, comenta Juan, economista y empresario en energías renovables… Un dato para comprender esta frase: entre todos suman hasta ahora 36 hijos. Y en septiembre nace la nueva y esperada integrante de la familia: Andrea, hija de Antonio.
Un hogar lleno de parientes y amigos, intensos debates sobre política y fútbol, mucha vida al aire libre y cabalgatas hasta el pueblo para utilizar el teléfono público cuando La Dehesa sólo tenía caminos de tierra forman parte de los recuerdos que salieron durante la conversación.
Quizás la anécdota más insólita sea la de la leona Sally, llamada así por el padre –el abogado y empresario Ignacio Walker Concha– en honor de su esposa, la regidora por Pirque Isabel Prieto, a quien todos llaman Sally. Fue Juan el que rescató la historia, que data de 1962: durante un viaje al sur en su avioneta, su padre aterrizó en un predio para recoger a una cachorra que trajo a Santiago como “regalo sorpresa”. Tiempo después, la singular mascota escapó, causando pánico entre los vecinos de Pirque, donde la familia vivía en ese entonces. “Cuidado, que está la leona suelta” fue la alarma que circuló por al menos unos seis meses, hasta que fue encontrada y donada al Zoológico de Santiago porque, al crecer, se transformó en peligrosa.
En total, los hermanos Walker suman 4 abogados, un economista, un administrador de empresas, una educadora diferencial (profesora de niños sordos), un arquitecto, y un agrónomo fruticultor.
De ellos Ignacio, Patricio y Matías han ejercido el Derecho y la acción política (como parlamentarios, los dos primeros; Ignacio también como canciller; y concejal por Lo Barnechea, el último). Francisco, el arquitecto, se focalizó en la iniciativa inmobiliaria con Banmerchant. Antonio es socio de WAPRI, una firma exportadora de la cual salió la caja número 200 millones de fruta chilena al exterior. Y Juan, el economista, se ha dedicado al rubro de las energías renovables. Sólo Tomás, abogado, ha estado centrado en una de las líneas de tradición familiar, que es el estudio Walker & Valdivia, fundado por el abuelo, Horacio Walker Larraín, que también fue canciller y senador por Santiago.
Tras el fallecimiento del jefe de familia, en agosto del 2001 –un auténtico annus horribilis para los Walker, porque también murió, tres meses después, el marido de Tere–, Ignacio, ex canciller de Ricardo Lagos y actual candidato a senador por la V Región Cordillera, asumió el rol de “patriarca”, al ser el mayor. Los organiza para las fechas significativas e intenta que, pese a la ausencia de los progenitores –la madre falleció en el 2008– no dejen de ser la familia “aclanada” que siempre han sido.
Pese a su papel como primogénito igual no se libra de las bromas. ¡Este ‘gallo es como Fidel Castro: ya lleva 6 horas!”, le gritaron mientras era entrevistado, lo que provocó una carcajada general.
El patrimonio familiar
Si hay algo que llama la atención de inmediato en el clan Walker no es el natural afecto, sino la auténtica veneración que sienten por quien se hiciera conocido en la Región de Aysén por impulsar proyectos como la mina El Toqui, la compañía minera Calaysén, las empresas Marítima del Sur y de transporte lacustre Mar del Sur, y la forestal Maderas de Aysén, entre otras.
Dicen que el corazón de Ignacio Walker Concha estuvo en las diversas actividades que impulsó en la minería, la agricultura y la madera, en particular en Aysén y Curicó. Participó, asimismo, en proyectos como el Metro de Santiago, Celulosa Constitución, la central hidroeléctrica Colbún Machicura, el centro invernal Valle Nevado y Alumysa. Esta última es la nota polémica, ya que su decisión de vender terrenos y derechos de agua a la firma canadiense Noranda –que aspiraba a construir una planta de aluminio– ocasionó en la época las duras críticas de las organizaciones ecologistas. Hoy ese proyecto se llama Energía Austral y está en estudio, sin considerar la planta de aluminio.
Sus hijos lo recuerdan con admiración. “Fue un auténtico emprendedor y un soñador”, recalcan, y Patricio –diputado y actual candidato a senador– lo califica como “un pionero de verdad”, porque aunque todos le dijeran que era imposible echar adelante un proyecto lo hacía igual, como sucedió con El Toqui. “Le gustaba crear empresas. Todo lo que es especulación financiera, si bien es muy legítimo que se haga, sencillamente no estaba en su ADN”, afirma.
El mito dice que la mina de zinc le llegó por azar. Andaba por la zona buscando otro yacimiento que no existía y justo se produjo el incendio del tribunal de Coihaique. En medio del salvataje de expedientes encontró los datos de una mineralización, que sería el inicio de la mina El Toqui.
Ignacio recuerda el lema paterno: “siempre, hasta las más altas cumbres”. Uno de sus muchos dichos, que hasta hoy todos recuerdan con exactitud: “no basta con ser inteligente”, “el que se apura pierde el tiempo” o “el éxito y el fracaso son grandes mentirosos”. Lleno de sabiduría y una fuente permanente de inspiración, añade.
Para Francisco, socio y director gerente de Banmerchant Inmobiliaria, quizás la lección más importante que recibió fue “esto de mirar de repente cosas donde nadie las veía y eso no puede ser si no tienes una capacidad enorme de soñar. En parte siento que heredé mucho esa condición”.
Pedro, de profesión administrador de empresas y gestor de proyectos hidroeléctricos de pasada, es uno de los que ha seguido las huellas paternas en materia de emprendimiento. Dice que lo suyo es crear de cero, que no es lo mismo que comprar lo ya hecho. En la década del 80 fue encargado de tramitar en Madrid el financiamiento para la planta concentradora, edificios metálicos, turbinas y equipos para la central que abastecía la mina El Toqui, todo lo cual fue traído al país en 2 barcos tras 8 meses de fabricación y levantamiento de créditos. La planta se inauguró el noviembre de 1983, pero una abrupta baja del precio del zinc casi los llevó a la quiebra.
“Se vendió unos cinco años después, con harta deuda –recuerda Pedro–. En esos tiempos esta empresa se transformó en la primera actividad económica de la región. Lo lindo es que han pasado 26 años y Toqui alcanza hoy ventas de 100 millones de dólares anuales, en buena parte, gracias a la existencia de oro, que nosotros no alcanzamos a conocer”.
Antonio colaboró con su padre en la creación de la agropecuaria WAPRI en 1988, en Curicó. Llegaron a tener 550 hectáreas plantadas. “Compramos puros campos que estaban botados, donde no había nada, y cambiamos un poco el sistema de trabajo que había en esos años, dándole la primera importancia a los trabajadores –rememora–. Metimos huertos de alta densidad. Esta empresa logró mucha mística por la relación cercana con la gente”.
Poco después de la partida del padre, los hermanos Walker vendieron sus acciones de la agrícola. Antonio se asoció con otros 3 agricultores y la empresa se transformó en sociedad anónima cerrada.
Hoy, la única compañía que sigue en poder de la familia es la Sociedad Proyectos de Aysén, dueña de mil hectáreas a orillas del Lago General Carrera. Allí opera la firma agrícola Fogama con crianza de ganado. Se trata de un holding a través del cual los Walker visualizan potencialidades de desarrollo en la zona. Fue el germen de los negocios ganaderos, de turismo y navieros, pero estas actividades están reducidas a la mínima expresión, según afirma Tomás, porque cada uno decidió seguir su propio camino profesional y se vendió todo.
La veta política
La familia se caracteriza también por una marcada veta política, heredada del bisabuelo y del abuelo paterno. El primero, Joaquín Walker Martínez, fue senador y embajador en Estados Unidos, México, Brasil y Argentina. El segundo, Horacio Walker Larraín, fue canciller y primer presidente de la Democracia Cristiana, partido del cual fue uno de sus fundadores junto a Patricio Aylwin y Eduardo Frei Montalva. Su nieto Ignacio colocó su retrato en su escritorio cuando llegó a la cancillería, en una señal de orgullosa continuidad.
El vínculo con la DC se refuerza, además, por la trayectoria de la madre de los 9 hermanos Walker, Isabel Prieto, hija del primer alcalde de Pirque y regidora de la comuna en el gobierno de Eduardo Frei Montalva. Ella es la inspiradora de la opción tomada por Ignacio, quien ya a los 7 años acompañaba a su madre –embarazada y llevando un tarro con engrudo que en la época se usaba como pegamento de los letreros– a hacer campaña electoral, en una citroneta. “¿Qué era la política para mí? Eran los centros de madres, sacar a la mujer de la casa, ponerla a producir, la experiencia comunitaria, los areneros del Río Maipo, porque mi madre partía con nosotros para organizarlos en cooperativas de vivienda”, recuerda.
“Estoy viendo la escuela, que era de barro y sin luz… Ella construyó una gran escuela cuando Juan Hamilton era ministro de Educación. Hizo alfabetización de adultos. Entonces, para mí, la política a través de los ojos de mi madre era y es lo social”.
El vínculo histórico y emocional es algo que permanece. No dudan en declararse una familia DC por “corazón” y doctrina, y muy apegados a los valores que les inculcaron desde chicos. La política es un servicio, recalcan, donde sea que se ejerza.
Si tuviera que contarles a sus hijos el rol familiar en la historia de este país, Antonio señala que no tiene dudas respecto de qué diría. Que su familia, y en especial su padre, no tenía como meta ganar dinero. Podría haber sido muy acaudalado si lo hubiera querido, pero mucho de lo que ganaba o lo donaba a una fundación o armaba otra empresa. Para él, los Walker indudablemente tienen una veta más política que empresarial.
Escuchándolos, es obvio que algunos observan con cautela el escenario político actual. Las descalificaciones personales y el clima belicoso parecen demasiado lejanos de un pasado marcado por una buena cuota de fair play y del cual dicen sentirse orgullosos por el rol jugado por sus antepasados.
Matías, el menor con sus 36 años y quien es el último en integrarse al quehacer coyuntural, cuenta que aspira a construir un modelo de gestión en que prime el respeto y de todos los sectores, sin exclusiones. En su opinión, sus hermanos lo han logrado hasta ahora, y quiere ir por esa huella, aunque cueste, porque sabe que tiene la vara alta, dadas las altas votaciones conseguidas por su hermano Patricio, a quien reemplazaría como diputado por Coquimbo.
Imposible saber si la política está en los genes. Pero que la huella familiar marca, es un hecho. Ya los representantes de la cuarta (¿o quinta?) generación empiezan a debutar en la cancha. Joaquín Walker Martínez, el hijo mayor de Francisco, se proyecta desde las dirigencias estudiantiles. Alumno de Derecho de la Universidad Católica, el año pasado perdió por 20 votos la presidencia de la FEUC. Va nuevamente como candidato.
Al parecer, de Walker en la política hay, definitivamente, para rato. La duda no va por ahí. El tema es si el corazón DC seguirá intacto porque, en una de las sorpresas que arrojó esta historia, hay asomos de disidencias. Si no, que lo digan Francisco, Tomás y Antonio, que apoyan la candidatura presidencial de Sebastián Piñera.