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Artículo correspondiente al número 246 (20 de febrero al 5 de marzo de 2009)
Hombres de negocios y científicos de alto calibre están trabajando disciplinada y discretamente con el propósito de demostrar que la sustentabilidad tiene dos apellidos: ambiental y económica. El laboratorio de pruebas: los terrenos que Goldman Sachs heredó de la malograda Forestal Trillium y que equivalen a un tercio de la superficie de Tierra del Fuego, en esas 270 mil hectáreas, conservación y empresa ya marchan de la mano. Por Cristián Rivas Neira.
En el extremo sur, en una faja equivalente a un tercio de la superficie de Tierra del Fuego, se está esmerilando la que podría ser la llave maestra que permita abrir las compuertas que hoy separan los mundos de la ecología y de la empresa. Congregado por Goldman Sachs, y al alero de la fundación Wildlife Conservation Society (WCS), un puñado de científicos, empresarios y personalidades de distintos ámbitos están trabajando “en serio” para que el significado de la palabra sustentabilidad tenga una acepción ambiental y económica integrada.
Sin hacer ruido, los integrantes del consejo asesor de Karukinka llevan años conciliando puntos de vista. Provenientes de quehaceres distintos: empresarios de la talla de Eliodoro Matte o Pedro Ibáñez, y científicos de reconocida trayectoria como Javier Simonetti y Juan Carlos Castilla, además de otras figuras destacadas en distintas facetas, como el historiador MateoMartinic, la consultora Kathleen Barclay y la abogada Laura Novoa, han trabajado en forma ecuménica para dar con un modelo al químico que demuestre que la ecología y los negocios no tienen por qué llevarse de las mechas, sino que pueden coexistir y madurar armónicamente.
En total son 19 los participantes de este consejo, quienes se han enfocado en la tarea de conocer y administrar el lugar. Lo primero que los ocupó, cuentan, fue bautizar el lugar. El nombre escogido fue Karukinka, una expresión de origen selk’nam que significa “nuestra tierra”. Visto desde fuera, el nombre representa no sólo un homenaje a la extinta etnia originaria de la zona, sino que a la vez tiene una significación especial: la Tierra es nuestra, o sea, de todos.
Pero dejémonos de poesía. Lo cierto es que esta experiencia tiene una importancia práctica sustantiva. En un mundo de necesidades infinitas y recursos escasos, tarde o temprano las inquietudes ambientales y económicas terminan friccionando. De ahí que un trabajo mancomunado como el que hace este consejo sea crucial. En Karukinka han decretado que su tarea es hacer conservación, incorporando la sustentabilidad financiera como requisito esencial. Y es ahí donde ya hay varias novedades.
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| Eliodoro Matte, Kathleen Barclay, Pedro Ibáñez, JavierSimonetti, Juan Carlos Castilla, empresarios y científicos conforman el consejo asesor de Karukinka. Su misión es compatibilizar los proyectos que aporten financiamiento con aquellos enfocados a la conservación y a la investigación. |
Trabajo en serio
Bárbara Saavedra está a la cabeza de este emblemático proyecto de conservación. Pese a su potente formación como doctora en ecología y biología evolutiva, cuando le preguntamos por las emociones que le provoca Karukinka habla con el corazón: “es un lugar mágico, al que cuesta llegar, pero cualquiera sea el esfuerzo, se recompensa con creces”.
Ese “cuesta llegar” es literal, porque poner un pie en pie en la zona exige como mínimo un vuelo de rutina a Punta Arenas y entre seis y siete horas a través del Estrecho de Magallanes, hasta llegar a la parte suroeste de Tierra del Fuego, donde se encuentran las ¡270 mil hectáreas! Que componen Karukinka.
Pero no sólo la lejanía es lo que hace especial esta iniciativa de conservación. Como dijimos, en su carga genética hay una particularidad esencial: Karukinka quiere ser un referente que pueda marcar pauta en lo que a conservación respecta.
La primera diferencia específica proviene de la concepción misma de Karukinka. Hemos estado acostumbrados a que la conservación esté en manos del Estado o de ambientalistas particulares, como Douglas Tompkins, que administran por sí solos las extensiones de tierra que desean mantener.
Acá, en cambio, el esquema es distinto: Karukina surgió a partir de la donación que hizo uno de los bancos más reconocidos en el mundo, Goldman Sachs, a la fundación Wildlife Conservation Society (WCS) para que se encargara de la conservación de las extensiones que había recibido en Magallanes. De paso, este hecho salvó a Tierra del Fuego de caer en las manos del proyecto de explotación industrial de los milenarios bosques de lenga que promovía Forestal Trillium. (ver recuadro)
Pero eso sería apenas la antesala de lo que vendría. Los siguientes pasos fueron la conformación de un consejo asesor heterogéneo y el establecimiento de una carta de navegación que permitiera un punto de encuentro entre ambos mundos. “Nuestra misión es aplicar la investigación científica para tratar de resolver algunos conflictos entre el uso humano y la conservación de la naturaleza, tratando de generar situaciones en que ambos sean compatibles. Lo que nosotros esperamos es usar Karukinka como un modelo para mostrar que estas áreas sí se pueden integrar a la economía desde distintos ángulos y que pueden constituir ciertamente elementos de desarrollo con una visión de sustentabilidad”, expone Saavedra.
Uno de los aspectos destacables del proyecto es que aquí todos los planteamientos son válidos. Incluso cuando hay diferencias entre los miembros del consejo se analizan detalladamente los argumentos y, finalmente, se opta por uno u otro camino, explica el agrónomo y PhD en Economía de Recursos Naturales, Guillermo Donoso, que oficia de presidente del consejo.
En la misma línea, Kathleen Barclay recalca que el proyecto “es un ejemplo para el mundo. Principalmente, por la participación activa del sector privado. Los desafíos de conservación de este tipo son tan importantes y de tal magnitud que no pueden ser enfrentados sólo por los gobiernos, sino por todos. La alianza que en este caso se produce entre distintos sectores es ejemplar. El área productiva y las organizaciones ambientales pueden trabajar como socios, porque cada lado tiene algo distinto que aportar”.
Ambos cuentan que hasta ahora no han tenido necesidad de votar, sólo ha sido preciso debatir puntos de vista.
Sobre las posiciones más extremas de conservación, agregan que lo que se ha prestado para facilitar las decisiones es la amplitud del terreno, que da para poner en marcha zonas al 100% de conservación, otras con aptitud intermedia y una tercera en que se puede hacer un uso turístico más intensivo.
¿En qué están ahora los consejeros? Muy cerca de fijar un plan de uso público, que se conversará en la reunión anual de consejo de este año –a realizarse en marzo o abril próximos– y que abarcará toda una serie de proyectos de negocios asociados básicamente al turismo y que buscan dar un soporte indefinido al proyecto en el tiempo.
Turismo... y otras hierbas
En enero del año pasado, National Geographic puso al aire un extenso documental que expuso Karukinka ante los ojos de todo el mundo. Tras varias jornadas de grabación en la Patagonia y, particularmente, en estos terrenos de la dupla Goldman Sachs-WCS, fue tal la impresión que se llevaron del lugar, que al video lo bautizaron Edén en el fin del mundo. Así de simple y directo.