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Siempre se ha dicho que los abogados tienen como un mundo distinto, que hablan de otra forma, que ya en la universidad son los únicos que se visten con traje y corbata y, algo muy característico, que se conocen y reconocen perfectamente entre ellos. También se les distingue por lo rápidos de mente, suspicaces, amigos del poder, retóricos, hábiles con el verbo como el mismísimo Demóstenes.
Parte de ese mundo es el que han querido representar las películas sobre juicios y asuntos legales. Con un derecho bastante distinto como es el norteamericano –y que a más de alguno lo hizo fantasear con la idea de ser jurado o abogado litigante– varias historias plasmadas en la pantalla grande han querido adentrarse en este mundo “jurídico”, que para muchos sigue siendo un misterio.
Hasta la reforma procesal penal, la realidad chilena no tenía casi ninguna coincidencia con los tribunales que se mostraban en las películas. La mayor parte de los trámites eran por escrito, sin la figura de los jurados –representados por simples ciudadanos a los que les llega la obligación de asistir a deliberar en un juicio– y tampoco se conocía mucho a ese infaltable público de las películas que repleta las salas, atentas a la declaración de un testigo o del propio acusado.
A pesar de las diferencias, que aún persisten, en la esencia lo que convoca espectadores cuando aparece una de estas películas es el juego de los argumentos, las mañas de los abogados o jueces y los recovecos del poder que se olfatean en los casos. Sí, porque el conflicto es consustancial al ser humano organizado en comunidades y, gracias a Dios para los abogados, son ellos los encargados de mediar o dar la estocada mortal que resuelva (por las buenas o las malas) esa disputa.
Doce hombres en pugna
(Twelve angry men)
Año: 1957, Estados Unidos.
Dirección: Sidney Lumet.
Actores: Henry Fonda, E.G. Marshall, Jack Warden, Martin Balsam.
Reseña: se la ha catalogado como el drama judicial por excelencia, Doce Hombres en Pugna transcurre dentro de una asfixiante sala donde los miembros de un jurado deben resolver si condenan a muerte a un joven pandillero acusado de homicidio.
Juicio al film: Jorge Carey, abogado socio de Carey & Cía., la eligió como una de las mejores películas judiciales: “un veredicto decretando la culpabilidad del acusado, algo que al comienzo de las deliberaciones del jurado parece evidente. Sólo un arquitecto, miembro del jurado, tiene dudas (Henry Fonda). Poco a poco va a convenciendo, uno a uno, al resto, hasta que logra persuadirlo de la inocencia del acusado, lo que al final queda como algo clarísimo. El proceso, la dialéctica y el resultado, son fascinantes”, dice.
Heredarás el viento
(Inherit the wind)
Año: 1960, Estados Unidos.
Dirección: Stanley Kramer.
Actores: Spencer Tracy, Fredric March, Gene Kelly, Dick York.
Reseña: el profesor Bertram T. Cates es arrestado por enseñar las teorías de la evolución de Darwin. El famoso abogado Henry Drummond lo defiende y el político fundamentalista Matthew Harrison Brady lo acusa. En la película se reproducen los conocidos debates de Clarence Darrow y William Jennings Bryan.
Juicio al film: para Carlos Olivos, uno de los socios del estudio Guerrero, Olivos, Novoa y Errázuriz, este film es un imperdible: “se recrea el famoso juicio Scopes que tuvo lugar en los años 20 en Tennessee, donde se discutió sobre la legalidad de enseñar en los colegios públicos las teorías de la evolución de Darwin. Es irónico que en la actualidad dichas teorías constituyan en Estados Unidos una verdad oficial, impidiéndose en los colegios públicos la enseñanza del creacionismo e, incluso, del llamado diseño inteligente”, destaca.
Matar un ruiseñor
(To kill a mockingbird)
Año: 1962, Estados Unidos.
Director: Robert Mulligan.
Actores: John Megna, Gregory Peck, Franck Overton, Rosemary Murphy.
Reseña: basado en el libro del ganador del premio Pulitzer Harper Lee, este film está ambientado en Alabama en la época del racismo y la segregación. Atticus Finch, un abogado respetado por todos, acepta defender a un joven negro que es acusado de haber violado a una mujer blanca. Aunque las pruebas son débiles, la comunidad ya consideró culpable al sospechoso y condena al abogado por tomar su defensa.
Juicio al film: Carlos Olivos, nuevamente, elige una película de los años 60 como una de sus favoritas: “Gregory Peck encarna a un abogado en un pueblo sureño de Estados Unidos que pierde amistades y su posición social al defender a un hombre de color injustamente acusado de la violación de una mujer blanca. A la época de la filmación se producían en Estados Unidos violentos enfrentamientos en los estados sureños que se resistían a la igualdad de la gente de color y eso está muy bien reflejado en la película”.
Justicia para todos
(…And justice for all)
Año: 1979, Estados Unidos.
Dirección: Norman Jewison.
Actores: Al Pacino, Lee Strasberg, Jack Warden, John Forsythe.
Reseña: Arthur Kirkland es un abogado que, aunque sabe que la justicia rara vez calza con los ideales, la paciencia se le acaba cuando se ve obligado a defender a un juez acusado de la violación de una joven. El sabe que es culpable, el punto es que el sistema está hecho para garantizar la impunidad del sujeto.
Juicio al film: Juan Enrique Puga, abogado socio del estudio Puga Ortiz, seleccionó esta película como una de las mejores: “me parece una joya del cine de los 70, en la que un joven Al Pacino interpreta a un abogado que se enfrenta a una sensación de moralidad que lo embarga, complica y termina por vencer. Esto, tras asumir la defensa de un personaje acusado de violación pues, en medio del juicio, el protagonista decide denunciar a su cliente, ir en contra del sistema y honrar la ética por sobre todo. Muy recomendada para los estudiantes de Derecho”.
Fachada
(The Firm)
Año: 1993, Estados Unidos.
Dirección: Sydney Pollack.
Actores: Tom Cruise, Jeanne Tripplehorn, Gene Hackman, Holly Hunter.
Reseña: Mitch es el fiel representante de un joven recién graduado como abogado y que es codiciado por los grandes estudios. Un bufete en Memphis le hace una excelente oferta, que Mitch no duda en aceptar y, junto a su mujer Abby, se traslada de ciudad. Al poco tiempo, Mitch comienza a preocuparse por quiénes son los clientes de este estudio, y el FBI se le acerca para que los ayude, ya que hace tiempo que investigan las conexiones mafiosas de la firma y sus clientes.
Juicio al film: Rafael Covarrubias, socio del estudio Porzio, Ríos y Asociados, fue uno de los que eligieron esta película y explica por qué: “había leído el libro en la época que terminaba mis estudios de Derecho y fue mi primera aproximación al mundo de los grandes bufetes de abogados donde, muy al estilo de Estados Unidos, aparecían espectaculares oficinas, grandes operaciones financieras internacionales y viajes a paraísos fiscales y mucha acción (y ficción). Para mi gusto, la película enuncia un tema interesante y que corresponde al conflicto que se le produce a un abogado cuando debe elegir entre mantener el secreto profesional y/o cooperar con la justicia, pudiendo incluso perder su título al violar las normas éticas de la profesión. ¡Difícil desafío!”. También para Jorge Martin esta historia está entre sus favoritas: “me impresionó mucho, porque en esa época estaba por recibirme y empezar a trabajar, igual que el protagonista, y eran realidades en algo parecidas, pero a la vez tan lejanas. Alguna vez le hicimos una broma a un abogado joven haciéndole creer que había entrado a un lugar peor que The Firm”.