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Artículo correspondiente al número 244 (26 de diciembre de 2008 al 22 de enero de 2009)
El mundo de las ideas
-¿Qué significa la consigna de que faltan ideas en el mundo actual?
-Significa que faltan ideas buenas; hay pobreza en el mundo hoy en este sentido. Me parece que la primera mitad del siglo XX fue de una gran riqueza intelectual y espiritual. La ciencia y la transformación de la visión de la naturaleza por la física fue una notable empresa a partir de Einstein y Plank. Filósofos como Heidegger, Husserl, Bergson, Wittgenstein y también Ortega y Gasset y Unamuno, en España, han sido figuras eminentes para cualquier tiempo. Si además se tienen en cuenta la investigación del código genético en la biología, del inconsciente en la psicología, de lo hecho en la antropología y la lingüística dentro de las ciencias sociales, y lo que fueron escritores como Proust, Kafka, Rilke, Valéry y Pound, o Picasso y Matisse en la pintura y Debussy o Stravinsky en la música, hay que reconocer que la vara quedó demasiado alta.
-¿Las dos guerras mundiales determinaron que todas las energías se pusieran en sobrevivir más que en crear?
-Desde luego. Las dos guerras mundiales, con sus millones de muertos, marcaron profundamente al siglo XX y nos dejaron devastados. Posiblemente va a pasar tiempo antes de que vuelva a brotar la fuerza creadora del hombre. No se trata de decir que el tiempo pasado fue mejor y es muy posible que hayan surgido cosas muy valiosas, no suficientemente visibles todavía. Yo creo, por ejemplo, que los dos últimos papas, Wojtyla y Ratzinger, y los textos que han escrito poseen notable profundidad no sólo en el ámbito del cristianismo.
-¿Cuánto pesa la religión o más bien la falta de ésta en la crisis de las ideas?
-Malraux dijo: “el siglo XXI o es místico o no es nada”, y no era cristiano. Desde la segunda mitad del siglo XX hasta acá hemos quedado huérfanos de ideas, pero hay brotes esperanzadores y que tienen un ingrediente religioso muy decidido.
-¿Por qué la religión tendría que ser un elemento catalizador del renacer de la cultura?
-Por lo que contiene. La fe es la presencia de Dios, la relación del hombre con lo divino. Nada hay más alto que eso.
-¿Cómo explica, entonces, la posición de no creyentes?
-Yo creo que nadie no cree; se cree siempre en algo. Los ateísmos más violentos son en el fondo fanatismos religiosos con signo menos; son idolatrías. El nihilismo que todavía se respira va quedando atrás. La vida humana recupera siempre su profundidad, su eternidad. Esa veta de la historia y de la naturaleza humana que pasó por una etapa horrible que Nietzsche bautizó como nihilismo, creo que ya quedó atrás. Hacia delante veo brotes provenientes de estas fuerzas más profundas que no están destinadas a agotarse. Creo al final en la vida humana, en que el hombre está recuperando su profundidad y su eternidad y que podemos llegar a algo mejor.
-¿Cree entonces en el progresismo?
-Creo que la naturaleza humana es de suyo una fuente progresiva. ¿Qué otro sentido puede tener la idea de bien? Bueno es aquello a lo que el hombre, desde lo más profundo de su ser, tiende. La palabra “progresismo” me suena añeja; pura ideología positivista.
| En la vía de Bello |
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